Una mirada justa Versus justo una mirada

Joan Fontcuberta
Dorothea Lange: Migrant Mother, 1936
 
Sobre el fotoperiodismo contemporáneo planea el fantasma de la crisis. Las razones son bien conocidas. Por un lado, el soporte prensa está abocado a una deriva estructural como consecuencia de la encarnizada competencia entre las empresas periodísticas. En primer lugar, la fotografía documental y de actualidad se ve forzada a reposicionar su función en confrontación con los medios audiovisuales. Pero, además, los medios impresos pugnan entre ellos y la información deja de ser un servicio para convertirse en pura mercancía. La supervivencia comercial de la prensa, por lo tanto, pasa por ofrecer un producto de consumo popular, en el que los rostros de la beautiful people «venden más» que los reportajes sobre la actualidad política y social del mundo. Además, los fotoperiodistas en zonas de conflicto se lamentan de las constricciones que los poderes militares, cada vez más celosos de controlar la información, imponen a su libertad. Por último, la revolución tecnológica en el ámbito de la imagen y las comunicaciones que tiene lugar a finales del siglo xx (Internet, fotografía digital, telefonía móvil, etc.) altera profundamente las condiciones convencionales de la traducción visual de las noticias e incluso el propio papel del fotoperiodista. Hoy todo el mundo parece llevar en el bolsillo una pequeña cámara automática o un teléfono provisto de cámara, y esta improvisada generación de homo fotograficus será capaz de documentar cualquier incidente imprevisto que tenga lugar, con más oportunismo y frescura testimonial que los profesionales. En efecto, las imágenes de turistas y aficionados sobre el tsunami de 2004 o los atentados terroristas en Londres ocuparon más páginas en la prensa que las tomadas por los enviados especiales. Los editores prefieren el sentido de la inmediatez de los aficionados a la calidad reflexiva y la pregnancia gráfica de los profesionales. Algunos reporteros curtidos en los campos de batalla han acabado, para sobrevivir, reconvertidos en paparazzi.

Las teorías fotoperiodísticas vigentes han impulsado la noción de neutralidad: el fotógrafo tiene que ser un ojo imparcial que no tome partido, el fotógrafo tiene que testimoniar sin intervenir. La profesionalidad se entiende precisamente como un rechazo de la tendenciosidad que nos acercaría a la mera propaganda. Desde la perspectiva del tiempo, hoy encontramos candorosas e inútiles las tentativas de aquellos pioneros que no obedecían códigos deontológicos impuestos ni libros de estilo, sino que se regían por la propia conciencia, y que quizá en voz baja manifestaban un humilde intento de cambiar la realidad: la fotografía quería ayudar a arreglar el mundo. ¿Propaganda? ¡Qué más da, si la causa era justa! Una autora significativa como Dorothea Lange declaraba: «Todo es propaganda de lo que uno cree. Cuanto más intensa y profundamente crees en algo, más propagandista te vuelves. Convicción, propaganda, fe, no lo sé, nunca he podido llegar a la conclusión de que estos términos sean perniciosos.» (Aperture, Nueva York, 1982). El modelo contrario, sin duda el que prevalece hoy, enfatizaría un ojo mecánico registrando la realidad sin emociones, sin sentimientos, sin rabia ni lástima, sin aplicar ningún sentido de justicia determinado. Es preciso —dicen los editores— que sean los espectadores los que juzguen. El resultado, como ironizaría Jean-Luc Godard sobre la doctrina de la objetividad, «ce n’est pas une image juste, mais juste une image» (no es una imagen justa, sino justo una imagen).

Fontcuberta ha tenido la cortesía de compartir este resumen de su ensayo de homenaje a Agustí Centelles, el gran fotoperiodista español de la Guerra Civil. Una excepción en el blog que “complace peticiones”.

  

La ficción del arte

Iván de la Nuez

 

Fontcuberta: de la serie Sputnik

 

Joan Fontcuberta es el menos literal de los fotógrafos -esa condición ha sido puesta en duda por la ortodoxia fotográfica (en serio), y por sí mismo (con ironía)- y, probablemente, el más literario de todos -cabe entenderlo como un narrador, un creador de ficciones. Su trabajo enfrenta, desde la imagen, retos parecidos a los que arrostraron algunos escritores para sentar las bases de la ficción moderna -Walter Bessant, Henry James, Robert Louis Stevenson, Chéjov, Chesterton, Wilde-, quienes libraron una intensa batalla por el reconocimiento de su condición artística; por alcanzar una dignidad similar a la de los pintores de su época.

-¡La ficción es un arte! -bramaban enfáticos.

 

 El Programa Cuarto Milenio, de La Cuatro, dando como noticia “verdadera” la ficción de la serie Sputnik

 

 Para Fontcuberta, por el contrario, el arte es una ficción. Un generador de mundos imaginarios; incluso un territorio de la novela. La suya es una obra que dinamita la tradicional distancia entre narradores y artistas visuales, así como el mutuo desprecio que se profesan. Es por eso que su trabajo se cruza directamente con novelistas contemporáneos que se comportan como una excepción a ese distanciamiento, y con los artistas que ellos han imaginado: Paul Auster y su Maria (¿o era Sophie Calle?), Patrick Mc Grath y su Jack Rathbone, Ignacio Vidal Folch y su Kasperle, Roberto Bolaño y su Edwin Jones, Javier Calvo y su Matsuhiro Takei. A esa producción me gustaría llamarla “Realfiction”: a fin de cuentas, lo que estremece y turba en estas obras no radica en su producción de ficción sino en su producción de realidad.

Algunos telediarios –como ocurrió con Cuarto Milenio, de La Cuatro, a partir de la serie Sputnik- han “tragado” y se han hecho eco de las ficciones de Fontcuberta como si fueran noticias reales. De ahí, la constatación siniestra de que la verdad es “producida”. De que en esa verdad producida hay algo fascista. De que es fascista, pero no en la medida en que es repulsiva, sino en la medida en que es “fascinante”, atractiva y no hay quien se resista a asumirla como lo real.

 

Fontcuberta: de la serie Sputnik

 

 

 

 

Arte y respiración

Iván de la Nuez

The Red Room. (postcapital archive 1989-2001
The Red Room (Postcapital Archive 1989-2001) Daniel G. Andújar 2006

Entre el atentado contra las Torres Gemelas de Nueva York y el secuestro del teatro Dubrovka de Moscú (que acabó con la policía rusa empleando un gas tóxico y letal), Peter Sloterdijk escribió Temblores de aire (2003). Un viaje por la conquista militar de la atmósfera que va desde el ataque realizado en 1915 por un Regimiento de Gas de la armada alemana en la batalla de Ypres -donde murieron casi 500.000 personas en 25 kilómetros cuadrados- hasta nuestros días. Hasta esta actualidad en la que, según el filósofo de Karlsruhe, terrorismo y antiterrorismo se funden en una misma batalla por tratar de invadir, conquistar y arbitrar los destinos aéreos. Leer el resto …

La escritura solar

Iván de la Nuez

Malecón 666: Ramón Williams

¿Qué puede esperarse de la fotografía en la trama urbana de hoy?
Primero, y aunque un turista japonés no lo conciba, habría que recordar algo obvio: la fotografía y la ciudad no siempre fueron de la mano. Sólo en la era moderna -era de la apoteosis de la fotografía y de la ciudad- ha tenido lugar este maridaje. Pero si bien la fotografía no pudo describir -de Ur a Babilonia- la fundación de la ciudad, sí resulta un soporte adecuado para captar su disolución, su tránsito hacia “otra cosa” que continuamos, y quizá continuaremos llamando, de la misma manera. Leer el resto …

Estética colateral

Iván de la Nuez

Entre Guantánamo y Abu Dhabi se tensa el mundo. Desde la centenaria Base Naval en Cuba, hasta la futura Isla de los Museos, en los Emiratos Árabes, se estira un archipiélago -por el Eje del Mar- donde se cincelan las paradojas de esta época. En un extremo, el museo futuro de Abu Dhabi como espejismo occidental en Oriente. En el otro, la base militar como agujero negro de Oriente en Occidente. Entremedio, una geografía navegada por el odio y el aplauso, el atentado y la tortura, el terrorismo y sus estéticas. Se espera, finalmente, un Louvre-Abu Dhabi en 2012. He leído que Francia podría percibir 1.000 millones de euros -400 tan solo por la marca “Louvre”, toda una franquicia. El edificio se levantará en la isla de Saadiyat (83 millones), financiado por los árabes. El nombre del arquitecto es casi obvio: Jean Nouvel. El Emirato -que ya cuenta con la primera filial de la Universidad de La Sorbona- construirá allí mismo otros museos: Guggenheim, marítimo, nacional… Hacia Oriente se desplazarán, pues, los “goyas” y los “picassos”; quién sabe si un Jeff Koon, un Hermann Nitsch, un Damien Hirst… Leer el resto …

Atopía

Iván de la Nuez

Postcapital / Diseño: Nieves Berenguer

El comienzo del siglo XXI describe un síntoma urbano sobrecogedor y al mismo tiempo irrevocable: la ciudad occidental abandona sus antiguas funciones -las funciones de la vida moderna- y empieza a ser “otra cosa”. Como un monstruo independiente que se desarraiga de sus pasadas pertenencias, se ha situado en una dimensión posterior. Así, la ciudad como territorio de congregación y trabajo, ha dado paso a la ciudad como ámbito de atomización y de ocio (o desempleo); el perímetro que hasta hace muy poco funcionó como fantasía de encuentro y realización se transforma ante nuestros ojos en un espacio de pérdida y fracaso; la ciudad concreta pierde sus contornos y da lugar a la ciudad abstracta. De modo que eso que continuamos llamando “la ciudad”, ha desembocado en lo que muy bien podría comprenderse como una entidad postcapital, en el doble sentido de este concepto. En parte, por alusión al hundimiento de su antigua función de representación (la ciudad como capital de un país, un Estado, una nación, una comunidad) y, en parte, por el sentido de su ubicación en el poscapitalismo, en un tiempo en el cual los hechos urbanos vienen marcados por nuevas economías en las que el ritmo del capital, como sucede con la música electrónica, en vez de producirse se programa; en lugar de reproducirse, simplemente comienza a reiterarse.

Esa es la razón por la cual, en algunas ocasiones, los sujetos que se desplazan por las nuevas tramas urbanas parecen petrificados y absortos, convertidos en seres mecánicos; sonámbulos habitantes de unos mundos que bien pudiéramos nombrar atopías. Es decir, espacios que no se convierten en lugares concretos pero que tampoco podemos considerar utópicos. No están por alcanzar, sino que han quedado detrás de nuestra experiencia y, si bien ya no parece posible que regresemos a ellos, tampoco se nos dibujan, como una meta, en el firmamento. Tal vez lo que hoy habitamos no es necesariamente una ciudad, sino un estadio posterior en el que, por otra parte, fuera de la experiencia urbana, ya no queda casi nada. Acaso estemos en ese punto en el que la ciudad, como una cámara fotográfica en las manos de un turista, ha pasado a convertirse en una herramienta, un “útil” -como un antiguo disco de vinilo en la maleta de un dj.

El espectáculo de la democracia

Iván de la Nuez

 

 

Diseño: Lourdes Soto

 

La guerra es la continuación de la política por otros medios. Esto pensaba Clausewitz. Y así iba, seguramente, la historia en sus tiempos. Hoy, sin embargo, la política es el medio. Nunca un fin, sino el canal adecuado para alcanzar todo lo demás: desde una posición económica hasta una estrategia artística. Algo de esta mutación puede servirnos para entender los spots electorales; esa fábula en imágenes que persigue, al mismo tiempo, la infantilización y la moraleja de la vida ciudadana. La más evidente de las prosas con la que hoy podemos leer la política. Leer el resto …

Jack el Decorador /O el diseño como sospechoso

Iván de la Nuez / Valentín Roma

 

El detective Jack el Decorador fue un contemporáneo del astronauta Neil Armstrong. De este sabemos que nació en 1930; el Decorador, en este caso Manuel Vázquez Montalbán, es de 1939. Así que en 1969 los dos tienen, literalmente, un mundo por delante. Para esas fechas, Neil y Jack están dispuestos a dar un paso -grande y pequeño al mismo tiempo- que va a cambiar la historia. Un salto posterior a las convulsiones del 68 que fueron París, que fueron México, que fueron Praga, que fue la muerte de Duchamp. Una buena zancada que los transportará desde la vida en blanco y negro hasta la vida en colores.

En todo esto hay escalas. El astronauta Neil sabe que “la verdad está ahí fuera”. El interiorista Jack busca, ventana adentro, más que la clave doméstica del crimen, el arcano perdido de la ciudad posible. La del astronauta es una aventura global y galáctica, con el colofón de plantar bandera en la Luna. La del detective es más como de andar por casa. Armstrong da su paso -”pequeño para el hombre, inmenso para la humanidad”- rodeado, y necesitado, de toda la publicidad que pueda hacer mínimamente creíble su gesta (todavía hay quien piensa que todo ocurrió en un estudio de televisión). A Jack el Decorador, por su parte, nada le conviene más que pasar inadvertido. Es, aunque sus métodos siembren alguna duda sobre ello, un detective y como tal está obligado al secreto, a abrir fuego a discresión.

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Ensayar es ensanchar

 Iván de la Nuez / Entrevisto por Antonio José Ponte

Revista Encuentro, 47, invierno 2007-2008

 Llamaste Cuba y el día después a una compilación de ensayistas cubanos. Paisajes después del muro titulaste una importante compilación que incluye ensayos de Sloterdijk, Agamben, Habermas, Jameson… En distintos libros tuyos, en ensayos distintos, te has referido al postmodernismo, al postcomunismo, al postcapital… Salta a la vista, según creo, una obsesión por considerar sobrepasados períodos y hablar desde un después. Desde varios después, si recorremos todo lo que has escrito. ¿Obedece a respeto tuyo por la exactitud descriptiva? ¿O pudiera considerarse como un modo seguro de rotular épocas, a partir de las pasadas?

 

Nunca he pensado desde la comodidad ni entendido el ensayo como un territorio seguro. Aunque sí es cierto que he sido obsesivo. Resulta que para mí escribir, irme de Cuba, o vivir el cambio de milenio, tanto como pensar globalmente los efectos de la caída del comunismo -todo eso que detectas como mis obsesiones- son acontecimientos simultáneos que no pueden separarse. Asuntos de reflexión intelectual, son también procesos viscerales. Detonantes que cambiaron mi vida, en la minúscula importancia que esta puede tener, pero asimismo remociones descomunales, capaces de desmantelar toda una época, y su pensamiento, en apenas veinte años. De repente, hay algo que estalla en tu mundo, te desgaja de tu situación original, y te coloca abruptamente en un futuro para el que no estás preparado.

Desde el punto de vista estrictamente cubano, esa tan llevada y traída transición de la que tanto se habla puede fecharse desde finales de los 80, cuando los hijos de la revolución, que eran el futuro de esta según todos los eslóganes, no tuvieron cabida para llevar a cabo los cambios que se proponían dentro de ella. Más allá de Cuba, esa posteridad está determinada por la caída del sistema comunista. Por el momento en que la caída del PC (Partido Comunista) dio paso a la apoteosis de otro PC (Personal Computer). Ambas, caída y apoteosis, coinciden en el mismo año, 1989, y te instalan por completo en unos futuros antes muy lejanos, o incluso sólo leídos, llamados postmodernidad, postcomunismo, estados postnacionales, era de la imagen…

 

Te escuché alguna vez que ese momento en que sentiste no tener cabida en Cuba, al extenderse a buena parte de tu generación, constituye la verdadera tragedia del proyecto revolucionario.

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Eclipse en Berlín

Iván de la Nuez

La V Bienal de Arte de Berlín tiene como lema general Algunas cosas que no producen sombra. En ella se plantea un diálogo entre artistas internacionales de diversas generaciones

Ground control / Ahmet Ögüt

La consigna es recuperar la modernidad. Y por eso esta historia debe comenzar por el sociólogo Georg Simmel (aunque desfilarán también Eisenstein y Frank Lloyd Wrigth, Le Corbusier y Mies van der Rohe). El lema apunta a Algunas cosas que no producen sombra. Y por eso la V Bienal de Berlín se plantea como un desafío a las tinieblas. Una vez conjurado lo oscuro, entonces quedará lugar para el día, pero también para la noche. Para los ámbitos cerrados y para los abiertos. Para la ciudad y para la naturaleza (si bien ésta es intencionadamente artificial). Confiados en el resplandor de su planteamiento, los comisarios, Adam Szymczyk y Elena Filipovic, se reservan el final del catálogo, precedidos por los nombres ilustres que apuntalan su proyecto, aunque se cuidan de subir el tipo de letra y marcar diferencia editorial con respecto a los demás textos, firmados entre otros por Oksana Bulgakova, Bettina Vismann & Jürgen Mayer H., Pelin Tan, Beatriz Coloma o Francis Ponge. Leer el resto …