Una mirada justa Versus justo una mirada
Las teorías fotoperiodísticas vigentes han impulsado la noción de neutralidad: el fotógrafo tiene que ser un ojo imparcial que no tome partido, el fotógrafo tiene que testimoniar sin intervenir. La profesionalidad se entiende precisamente como un rechazo de la tendenciosidad que nos acercaría a la mera propaganda. Desde la perspectiva del tiempo, hoy encontramos candorosas e inútiles las tentativas de aquellos pioneros que no obedecían códigos deontológicos impuestos ni libros de estilo, sino que se regían por la propia conciencia, y que quizá en voz baja manifestaban un humilde intento de cambiar la realidad: la fotografía quería ayudar a arreglar el mundo. ¿Propaganda? ¡Qué más da, si la causa era justa! Una autora significativa como Dorothea Lange declaraba: «Todo es propaganda de lo que uno cree. Cuanto más intensa y profundamente crees en algo, más propagandista te vuelves. Convicción, propaganda, fe, no lo sé, nunca he podido llegar a la conclusión de que estos términos sean perniciosos.» (Aperture, Nueva York, 1982). El modelo contrario, sin duda el que prevalece hoy, enfatizaría un ojo mecánico registrando la realidad sin emociones, sin sentimientos, sin rabia ni lástima, sin aplicar ningún sentido de justicia determinado. Es preciso —dicen los editores— que sean los espectadores los que juzguen. El resultado, como ironizaría Jean-Luc Godard sobre la doctrina de la objetividad, «ce n’est pas une image juste, mais juste une image» (no es una imagen justa, sino justo una imagen).
Fontcuberta ha tenido la cortesía de compartir este resumen de su ensayo de homenaje a Agustí Centelles, el gran fotoperiodista español de la Guerra Civil. Una excepción en el blog que “complace peticiones”.








