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Cuba: Generación “?”

Iván de la Nuez

“Puesto que era necesaria una revolución, las circunstancias designaron a la juventud para hacerla. Solo la juventud experimentaba suficiente cólera y angustia para emprenderla y tenía suficiente pureza para llevarla a cabo”.

Esto escribió Sartre. Fue en 1960. Fue en Cuba.

Medio siglo después, el asunto generacional se debate con intensidad, y parecidas esperanzas, en El Cairo, Barcelona, París, Túnez, Casablanca, Londres…

Si tiene lugar este debate, es porque en estas y otras plazas el elemento generacional ha irrumpido en la política de forma súbita e incontestable.

En los debates ha habido de todo: ancianos que espolean a jóvenes para que se subleven, veneración de las redes sociales, sublimaciones de la juventud hasta magnitudes románticas, paralelos entre la gentrificación y el destino de la industria juvenil del capitalismo, sospechas de neo-terrorismo, cambio de escala en la percepción de lo que es una revolución en el siglo XXI…

En ¡Indignaos!, Stéphane Hessel ha enaltecido la ira en la construcción de la política. En El éxtasis de las influencias, Jonathan Lethem ha reivindicado la copia en la creación de la cultura.

El caso es que hoy se teme a los jóvenes o se espera de ellos que nos traigan la redención. Se les trata de exaltar o se les intenta apaciguar. Pero lo que nadie niega, visto lo visto en estos meses, es su protagonismo y su posición medular en los cambios del mundo.

El recién finalizado Sexto Congreso del Partido Comunista de Cuba no lo ha entendido así. Y eso que (lo que queda de) sus líderes, en muchos casos no tenían ni treinta años cuando se apropiaron de un país y lo revolucionaron hasta el punto de trastocar todos sus valores.

Estos de ahora fueron aquellos que esperanzaron a Sartre hace medio siglo.

Y son ellos, los de ahora, los que han decidido que su “relevo” no está todavía preparado. Como si hubiera alguna generación verdadera que no fuera generación espontánea. Como si prescribir su “momento” no fuera una de las atribuciones más inútiles que se puedan tomar los viejos sobre los jóvenes.

Marcador

Ciber-Foie en Barcelona

Iván de la Nuez

Esta tarde, Alfredo Triff presenta su libro Hígado al ensayo (ilustrado por Luis Soler) en el centro cívico Golferichs, Barcelona. Hígado… es el compendio de “60 recetas biliares”; y el resultante del traslado al papel del avatar de Triff como blogger. Con sus tachaduras y sus urgencias. Y, en general, con todo lo que carga, y se deja, la escritura apremiada de los blogs. Hace poco, otro blogger de Miami, Emilio Ichikawa, certificaba como inaceptable el hecho de que alguien corrigiera los textos una vez aparecidos en su bitácora, dado que lo efímero y lo contingente, a fin de cuentas, es precisamente lo que dotaba de sentido a la escritura que se desarrolla en este soporte.
Triff parece coincidir con esta máxima, hasta el punto de evidenciar, en los textos ahora impresos, las “marcas” de su anterior existencia en la red. Cabría, sin embargo, apuntar aquí una salvedad. Y es que Alfredo Triff ya hacía uso de un “lenguaje blogger” antes de que existiera la blogosfera. Quien quiera remitirse a libros suyos anteriores -como ¿Qué podemos hacer? o, sobre todo, Pulpa– podrá constatarlo. Quien escuche sus discos –21 Songs Broken At Once, Boleros Perdidos o Dadason– podrá comprenderlo. Quien navegue por las bitácoras que Triff alienta –Tumiamiblog y Miami Bourbaki– podrá compartirlo.
Si alguna vez el múltiple trabajo creativo de Triff se desarrollaba en círculos concéntricos -el del músico, el del profesor de filosofía, el del ensayista, el del crítico-, en estos momentos todo eso está marcado por una amalgama que hace indivisibles las fronteras de su obra.
Así las cosas, Hígado al ensayo (dada Editores) está a medio camino entre la Farmacia de Platón y una descarga cubana en algún tugurio que se niega a cerrar (aunque desde fuera parezca cerrado). Con un lenguaje peculiar, que nombra a los protagonistas y los acontecimientos “a su manera”, Triff desata un “idioma” que va de la “culología como arma crítica” al “susodicho” como arma tóxica. De la Raultroika a la Ch€miótica. Del “embargo de la discusión” al “chicharrón de poeta”. De la “arqui(escul)tura de Matta Clark” a la “erótica telemática”. De “las Dos Cubas” a los “Dos Castros” y de ahí a la “intuición segurosa del estilo”. Todo ello mediante la persistencia de una escritura de tradición inequívocamente “marielita” (Triff formó parte del éxodo del Mariel en 1980) con sus respectivas dosis de Bataille y de Arenas.
Tal vez el corazón, romántico como se le supone, sea el órgano que mejor representa la victoria (o la derrota). Pero el hígado es sin duda el que mejor representa la resistencia (los hay que merecen incluso un monumento). Estas “60 recetas biliares” corroboran esa lección de anatomía y construyen un libro que es, sobre todo, una saludable resistencia al lenguaje de la estandarización.

Tuyomasyo

Iván de la Nuez

El canal digital tuyomasyo acaba de cumplir su primer año. Se trata de un proyecto alentado por el artista plástico Jorge Mata, y nacido del proyecto editorial de Linkgua Ediciones, dirigida por el narrador Radamés Molina. En una entrevista reciente, en Diario de Cuba, Mata ha explicado en detalle los avatares de este proyecto.
Con sus tres canales –arte, música, literatura- tuyomasyo ha construido, en tiempo real, un registro de la cultura visual cubana que tiene lugar en cualquier frontera. Se trata del archivo del presente de una cultura en conflicto que, sin embargo, encuentra en este portal un ámbito de convivencia muy parecido a la democracia. tuyomasyo es, por así decirlo, un proyecto global cubano del siglo XXI y una herramienta concebida para organizar las aristas de una cultura dispersa. Con muchas horas, creatividad y sin protagonismos fatuos; con responsabilidad pero sin mesianismos, tuyomasyo es también un espacio de consulta para aquellos que quieran entender o escribir la historia futura de la cultura cubana. ¡Buen aniversario!

Una de dos

Iván de la Nuez

Esta frase de Raúl Castro es dramática.
-O rectificamos o nos hundimos.
El problema -y después de medio siglo en el poder Raúl Castro tiene que saberlo-, está en la paradoja que encierra su agónico imperativo. Es cierto que si el gobierno no rectifica, se hunde el país. Pero si rectifica en profundidad, se hunde el gobierno.