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La revolución envasada al vacío / Curso

 Iván de la Nuez

Resultado de imagen de Daniel G. Andújar Revolución

 

Durante el mes de noviembre, en la Escuela Europea de Humanidades impartiré este curso –La revolución envasada al vacío– que aquí comparto.

Argumento

En el ultimo siglo, a menudo Occidente se ha visto obligado a definirse por la revolución. A asumirla como aspiración o afrontarla como problema, a necesitarla y reprimirla continuamente. El curso explora esta disyuntiva, centrado en cuatro momentos en los que, desterrada de la política, la revolución se aloja en la cultura o el lenguaje; empaquetada como una pieza del sistema que pretende destruir.

Dividido en cuatro conferencias –apoyadas con material visual-, este ciclo atiende la apropiación de la revolución en la cultura occidental a través de los siguientes capítulos: El comunismo en la mirada de Occidente; La revolución cubana como utopía europea; El Tercermundismo desde el primer mundo; La revolución sin la revolución: el lenguaje revolucionario del reformismo contemporáneo.

De Robert Cappa a Joan Fontcuberta, de Sartre a Wim Wenders, del Che Guevara a Steven Soderbergh, del neocolonialismo a los Estudios Culturales, de Stalin a Martin Amis, de Buena Vista Social Club a Good-Bye Lenin, de la autocracia a la “eufemocracia”…

Entre todos esos puntos y autores, zigzaguea el recorrido de este curso.

Fechas 

8 de noviembre: El comunismo en la mirada de Occidente

15 de noviembre: La revolución cubana como utopía europea

22 de noviembre: El Tercermundismo desde el primer mundo

29 de noviembre: La revolución sin la revolución: el lenguaje revolucionario del reformismo contemporáneo.

Lugar

Palau Macaya, Passeig de Sant Joan, 108, Barcelona.

Información

http://agenda.obrasocial.lacaixa.es/es/-/la-revolucion-envasada-al-vacio?centros=palau-macaya&result=true

Marcador

Un Manga recorre el mundo

Iván de la Nuez

 

 

 

La editorial Herder acaba de publicar El capital, obra cumbre de Marx, en versión Manga; es decir, en el estilo de los dibujos japoneses. Ante el acontecimiento, recibo una encuesta del diario digital El Confidencial, realizada por el periodista Carlos Prieto. La encuesta, a la que también responden César Rendueles y Eloy Fernández Porta, se preocupa por conocer si esta reconversión en icono pop acabaría por licuar la envergadura teórica o subversiva del filósofo o, por el contrario, aumentaría su presencia en la cultura contemporánea.

Obviamente, están ocurriendo las dos cosas. En uno u otro sentido, algo ya hemos abordado en el blog, junto a otras recreaciones dedicadas a Orwell o Bertrand Russell.

En su día hemos recordado la versión del Manifiesto comunista ilustrado por Fernando Vicente y editado por Nórdica. O el Marxism Festival de Londres. O el curso online sobre El Capital dirigido por el geógrafo David Harvey. O la versión del Manifiesto Comunista hecha con trozos de Walt Disney que corre por Internet.

Un poeta cubano, Carlos Aguilera, es autor de un poemario titulado Das Kapital. Y Capital es la reciente novela de John Lanchester sobre el Londres del siglo XXI. Remontando las décadas, el caricaturista mexicano Rius puede ser visto como un precursor de la relación entre cómic y marxismo, con su Marx para principiantes, publicado a mediados de los setenta en Grijalbo.

 

 

Es inevitable apuntar que, en lo que toca a la banalización de Marx, esta comenzó bajo el Comunismo, donde sus libros e ideas sufrieron la canibalización de los manuales, y se dejó a un lado su complejidad en aras de la uniformidad.

Por lo que respecta a su conversión en icono pop, esto es un asunto imparable. Y no hace otra cosa que confirmarlo a él mismo como mercancía, la cual definió como fetiche por excelencia de la sociedad de mercado. Claro que todavía Marx no ha alcanzado la influencia de Wittgenstein en la novela ni la de Orwell en el cine. Aún así, su impacto en la cultura contemporánea va creciendo. No sé si por meritos propios o porque ante una crisis de esta magnitud no resulta difícil echar mano del crítico más ilustre que ha tenido el capitalismo.

Comunistopoly

Iván de la Nuez

Un juego de mesa, lanzado originalmente en Polonia, se expande más allá de sus fronteras. Así que ya ha sido traducido al español, el japonés o el inglés. Se trata de un pasatiempo al estilo del Monopoly, aunque su trama no se desarrolla en la opulencia de rascacielos y mansiones a adquirir en Nueva York o Chicago sino en las carestías de la Polonia comunista durante los años ochenta del siglo pasado.

El título de este juego es Kolejka y su traducción es, precisamente, La cola. Según distintas informaciones, surgió en 2011 y dentro de unos días ya se podrá adquirir en España. ¿A qué jugamos cuando jugamos a La cola? Pues a resolver una serie de situaciones de la vida cotidiana bajo el comunismo polaco; entre ellas, cómo obtener productos racionados o liberados, cómo engañar a los dependientes de los establecimientos, cómo mitigar los avatares de esas filas agobiantes cuando tenemos prisa por conseguir cigarros, alcohol o gasolina. Por supuesto, no faltan premios a distintos ardides, empleados para dar el gran golpe contra esa longeva “institución” del socialismo: colarse.

Los jugadores ganan cuando han agotado la mayor cantidad de existencias para su abastecimiento, mientras que las cartas y casillas de Kolejka nos permiten trampas tales como echar mano de un amigo del partido, o ser un miembro del “aparato” con privilegios. Tampoco faltan otros trucos, entre los que están pasarse directamente al mercado negro –pero pagando más caro- o alquilar tu bebé para esquivar el tumulto y pasar primero.

Kolejka es una adaptación del Monopoly y a la vez un ejercicio de “nostalgia” por el comunismo. Bien mirado, se trata de un juego de perdedores donde se evoca, como la propia escasez que lo protagoniza, a los juguetes manuales de la era predigital, aquellos tiempos anteriores a los videojuegos, y despliega una añoranza por los rompecabezas de la marca Lego, por ejemplo, que siempre quedaban al otro lado del Telón de Acero para los niños del comunismo.

La cola funciona asimismo como una especie de recreación pedagógica, que permite entender el pasado reciente de los polacos, algo que ya no forma parte de la experiencia de la primera generación del poscomunismo. Esa misma impronta didáctica lo ha convertido en el pasatiempo preferido de los extranjeros que viven en Polonia, según afirma Miguel Ángel Gayo Macías en El Mundo.

La cola no deja de ser un ejercicio de “Ostalgia”, en la que el pasado socialista toma fuerza ante las adversidades de ese nuevo mundo en que los camaradas se convierten en consumidores; dejan de ser súbditos para transformarse en clientes.

Desplomado como sistema, el comunismo se ha cobijado, consecutivamente, en el arte y en la cinematografía, en la literatura y en los parques temáticos. Hoy, además, aparece frivolizado como un juego divertido, un paliativo al mundo abierto por el postcapitalismo. ¿Cual será el próximo paso? Tal vez el circo, donde no puede negarse que los soviéticos habían sentado cátedra.

Nuestro hombre en Pyongyang

Iván de la Nuez

A través de la historia, los dictadores se han regalado todo tipo de caprichos. Lo mismo nombrar heredera del poder a una amante que cónsul a un caballo. De la orgía a la mesa, los tiranos han incorporado, en sí mismos, un compendio casi siempre extravagante de los pecados capitales decretados por la Iglesia (aunque a muchos sátrapas no le ha faltado el aval de cardenales y obispos).

Más insólito, si cabe, es que un dictador tuviera, entre sus antojos, ejercer como crítico de cine. Este fue el caso de Kim Jong Il, quien dio rienda suelta a esta pasión con resultados muy curiosos. Tiro de recuerdo y me veo hace más de veinte años —la fecha baila en mi memoria— en la Biblioteca Nacional José Martí, en Cuba, visitando una exposición de libros coreanos (coreanos del Norte). Eran ediciones de lujo, dedicadas a alabar la idea Juche o a glosar las virtudes incomparables de Kim Il Sung, también conocido como el Gran Líder. Según aquellos libros, que los cubanos hojeaban entre el estupor y la carcajada, en este mundo hostil había un paraíso y su capital se encontraba en Pyongyang.

En algunos de aquellos volúmenes comenzaba a descollar la figura del recientemente fallecido Kim Jong Il, hijo del también llamado Presidente Eterno. Y lo hacía como experto en cine. Debo decir que el Amado Crítico no se conformaba con ofrecernos sus conocimientos sobre el Séptimo Arte. Además de su función hermenéutica, acometía —como bonus track, digamos— un abanico de recomendaciones dedicadas a las distintas facetas del proceso cinematográfico. Para directores y guionistas, actores y editores. Para las niñas y las señoras. Su asesoría se desplazaba, con una convicción pasmosa, de la pose al encuadre, del libreto a la edición, de la cámara al protagonista. Kim Jong Il poseía la fórmula de un cine tan perfecto como el paraíso del cual nos daban noticia aquellos libros tan caros como absurdos.

Resulta, sin embargo, que el Amado Crítico era un hipócrita; un avezado consumidor de porno, películas de acción y de todo lo que El Enemigo, cinematográficamente hablando, dispusiera para que él (y sólo él) gozara sin remordimiento en medio del régimen más cerrado de la Guerra Fría.

Si el militarismo y la guerra representan la más evidente relación de Corea del Norte con Occidente, esas jornadas cinematográficas de Kim Jong Il constituyen —coñac aparte— una secreta vía de conexión entre ambos mundos. De manera que, en una futura historia sobre el deshielo de ese extremo régimen (si es que esto se produce alguna vez), Clint Eastwood o Rocco Siffredi ocuparán su lugar junto a la OTAN, la ONU, la UE y todas estas siglas encargadas de simular el regimiento del mundo.

Pero no han sido éstas las únicas conexiones. Si indagamos con algún cuidado, encontraremos una relación inversa, si bien muy esporádica, de Occidente hacia allí. En ese vínculo hay algo “cinematográfico”. Y es que son varios los artistas occidentales que no han podido sustraerse a la inmersión en un país que se comporta como un decorado gigantesco —con hospitales y fábricas montadas para el visitante—, sus dirigentes como actores  —pasados de histrionismo, todo sea dicho—, y sus súbditos como figurantes.

Ahí están los casos de fotógrafos como Andreas Gursky o Charlie Crane. O el documental concebido por Vice TV, en la línea de reportajes extremos a los que nos tienen acostumbrados tanto su revista como la cadena televisiva.

Más allá de la curiosidad morbosa que despierta una sociedad uniforme y escondida del mundo cuya documentación se presenta como un reto en sí misma, esta aproximación occidental a Corea del Norte obedece a otras claves. Ese país funciona, in extremis, como un laboratorio de la Guerra Fría y la amenaza nuclear, la Reunificación y el militarismo, el Apocalipsis y la Utopía.

Es el “corte geológico”, sin anestesia, de un pasado y presente que comparten, a su manera, alemanes y chinos, vietnamitas o cubanos.

Puede que algún día se filme, por allí, algo así como Nuestro hombre en Pyongyang. Acto seguido, los medios de Occidente (previa distribución de la película en nuestras cómodas salas adaptadas a 3D) darán por comenzada la transición norcoreana.

(*) La fotografía es de Andreas Gursky

 

Fantasía roja / Book trailer

Iván de la Nuez

Comparto el book trailer de mi libro Fantasía roja. (Los intelectuales de izquierda y la revolución cubana); realizado por la editorial portuguesa Angelus Novo.