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Constancia en el caos

Iván de la Nuez

 

 

Bajo las vidas más anónimas hay casi siempre un poso turbulento de locura. Hurgamos en la gente normal y descubrimos algún horror. En el subsuelo de todas las calmas suelen latir tormentas a punto de arrasar el paisaje.

Esto, al menos, es lo que mantienen las novelas de Patrick McGrath, escritor nacido en Londres, 1950, y residente en Nueva York. Todos sus libros están protagonizados por seres supuestamente corrientes que, en un momento dado, serán sacudidos por sus bestias internas, sus relaciones enfermizas, sus orígenes turbios.

Recordemos Spider, obra de 1990 cuya versión cinematográfica –dirigida por David Cronenberg y protagonizada por Ralph Fiennes-, amplió el público de McGrath, lo cual no quiere decir que lo convirtiera en un autor de bestsellers. (Spider nunca dejó de ser una novela de culto y una película de culto).

Sus entregas posteriores no han hecho más que enfatizar esa espiral. En Locura, Stella es la bella esposa de un psiquiatra y no puede evitar un romance con un paciente peligroso, Edgar, como tampoco el consecuente desmontaje de un mundo y su orden. En Port Mungo, el pintor Jack Rathbone arrastra un horror con el que no puede vivir ni dejar vivir en paz. En Trauma, el doctor Charlie Weir intenta descifrar la vida de su hermano y acaba engullido por el caos enfermizo de este; un caos que lo conecta todo: desde la guerra de Vietnam hasta el desastre cotidiano que persiste en las vidas comunes.

Ahora, McGrath acaba de publicar Constance en español (Literatura Random House, traducción de Javier Calvo), de la que se nos informa que tiene lugar en el Nueva York de los años 60, si bien es un relato de personajes sin asideros sociales o de época: podría ocurrir hoy mismo en esa misma ciudad. O hace cien años en otra cualquiera.

La novela sigue la vida de la joven Constance, con su trabajo en una editorial y un matrimonio llamado a la estabilidad, que pronto se verá impelida por unos traumas que subvierten su, en principio, pacífica vida. Como todos los personajes de McGrath, Constance no puede elegir: sus circunstancias y su lado oscuro son siempre más fuertes que su voluntad. Como todas sus novelas, Constance sostiene el pulso intenso de su autor, aunque no sea una obra maestra a la altura de SpiderLocura o Port Mungo.

Los seres de McGrath son adictos al caos (como algunos somos adictos a McGrath). También son adictos al pasado, atrapados por antiguos secretos que claman por salir a flote. Una zona de sus vidas crece al margen de la normalidad y otra convive con ella. Suelen regresar, una y otra vez, a la destrucción y al modo en que, alrededor de esta tiene lugar algún acto creativo. Por eso en sus novelas siempre encontramos psiquiatras –como el padre del autor- y artistas –como el propio autor-, todos ellos con distintos grados de locura.

Se trata, asimismo, de personas entrometidas en la vida de los otros. Obstinadas en la redención de aquello que no puede o no quiere ser salvado.

 

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Lecturas recientes

Iván de la Nuez

 

Durante las últimas semanas, he leído cosas de espías. Las grandes operaciones del Mossad, de Michael Bar-Zohar y Nissim Mishal (Galaxia Gutenberg); Una verdad delicada, de John le Carré (Plaza & Janés); y Operación dulce, de Ian McEwan (Anagrama).

También terminé Valiente clase media, ensayo de Álvaro Enrigue, justo cuando me enteré de su Premio Herralde de Novela.

Espero comentar en breve.

(*) En la imagen, detalle de Enciclopedia bizarra, de Manuel de Val.