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Seis fotógrafos que abren un hueco en el paisaje

Iván de la Nuez

Miguel Trillo: En la Feria de Arte Arco, 2001. Portada del catálogo Recorridos

Bajo el título de Recorridos, Foto Colectania reúne en Barcelona a seis fotógrafos más que reconocibles. Artistas de distinta generación y, también, de una aproximación muy diversa al hecho fotográfico: Paco Gómez (Pamplona, 1918-Madrid, 1998); Helena Almeida (Lisboa, 1934); Chema Madoz (Madrid, 1958); Carlos Pérez Siquier (Almería, 1930); Miguel Trillo (Jimena de la Frontera, Cádiz, 1953) y Xavier Ribas (Barcelona, 1960).

Mañana debo presentar la exposición in situ, así que me aprovecho del blog para organizar un par de ideas sobre este proyecto. Puesto a elegir una línea argumental para Recorridos, esta asumiría la forma de una pregunta: ¿Hay algo hoy, en nuestra experiencia occidental, fuera de lo urbano? Ese imposible permite enlazar estos discursos. A Paco Gómez (con su viaje por el extrarradio madrileño de los años cincuenta) y a Carlos Pérez Siquier (con el suyo por la miseria de una “urbanización” marginal en la Chanca almeriense de la misma época). A Helena Almeida (que reinventa el paisaje a partir de sus propias dimensiones; de las distintas proyecciones de sí misma) y al primer Chema Madoz (con una fotografía humana, demasiado humana, en la que de repente el acto cotidiano de fumar un cigarrillo y abrir una vereda en el paisaje son un acto único e indisoluble). A Xavier Ribas (cuya cámara ha captado una efímera ilusión de lo bucólico, apenas un suburbio para coger resuello) y a Miguel Trillo (cuya insolencia desde la cámara es proporcional a la insolencia de la tribu urbana colocada ante ella).

En la introducción al catálogo de Recorridos, Pepe Font de Mora, director de Foto Colectania, nos propone otro punto de comunión aún más infalible. Estos seis creadores, nos dice, son o han sido fotógrafos “de su época” y, tal vez por eso mismo, fotógrafos “extraños en su época”. Podemos agregar, en esa cuerda, que son fotógrafos de la ciudad y, a la vez, fotógrafos forasteros que viven con una honesta rebeldía los límites urbanos. Extraños en el tiempo, son también extraños en el espacio. Claro que no son ingenuos. Y por eso no hay aquí paliativo alguno a la amenaza continua de la urbe.

Un gesto cualquiera nos devuelve, siempre, al dominio de la ciudad. El ademán de una cámara fotográfica en una acampada, la mirada desafiante de un adolescente ocupado en su teléfono móvil, los transportes diversos que desestabilizan nuestra efímera fuga, dejan claro que es imposible escapar de ese paisaje. Lo que no quiere decir que sea imposible rasgarlo, horadar su soberbia inmovilidad, recorrerlo al contrario de lo que indican las normas de (su) tráfico. Continue reading →

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