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Un filósofo de barbería

Iván de la Nuez

 

Fin de año y exterminio de viejos papeles. La privada Inquisición de cada diciembre para recuperar espacio doméstico. Un eufemismo. Tanto por el objetivo (imposible ganar algo de espacio), como por la “limpieza” (en realidad una trampa para releer escritos muertos). Entre estos tropiezos, una vieja reseña del 28 de julio de 2000 para el suplemento Libros, de El Periódico de Catalunya. Es sobre la edición de Diario, compilado por Raúl Salazar Pazos para Áltera. De mi reseña, nada que salvar, excepto esta recomendación de rondar al autor:

-José María Vargas Vila

Nacido en Colombia, 1860, y muerto en Barcelona, 1933. Aclamado en América Latina de manera incontestable durante la primera mitad del siglo XX. Autor de decenas de novelas, muchas de ellas eróticas. Misógino y nihilista, su pensamiento era debatido con ardor en barberías y bares de pueblo por las clases populares (y por unas escuálidas clases medias que le tenían por un filósofo de culto). Vargas Vila los ayudaba siempre, lo mismo a celebrar sus escarceos amorosos, que a paliar sus torturas existenciales… Cualquier cosa tenia respuesta en las páginas de este profeta de vitrola que, más que leerse, solía recitarse.

¿Qué tenía Vargas Vila para calar así en el lector “corriente”? ¿Qué proponían sus frases para que corrieran de boca en boca entre la devoción eufórica del fanatismo y la complicidad silenciosa de la secta.?

Una respuesta puede estar en su vecindad con el bolero posterior a sus tiempos, el que acompañara las vidas de sus discípulos, con aquellas tragedias cantadas que alimentaron las teatrales querellas de Daniel Santos y Orlando Contreras.

-“¿Amigo de qué?”

Las obras de Vargas Vila aportan un epígrafe latinoamericano a la historia del nihilismo; un capítulo menor en la historia del narcisismo. Delirante y desmedido, fue una presencia en la tradición oral latinoamericana y, asimismo, un rubor para la solemnidad académica de la filosofía seria. Se veía a sí mismo en otra dimensión, hablaba de tú a tú con la Posteridad. Admiró y trató a José Martí. Fue aclamado por gobiernos que lo nombraron, primero, su embajador y lo expulsaron después. Un libertario anticipado y un antimperialista primitivo. Su repertorio de frases atormentadas no tiene parangón. Y, la verdad, es difícil no vacilar líneas como estas:

-“Inasible e inexplicable como el embrión de un sol”. “No tenemos seguro sino el hoy”. “Fue mi noche de nupcias con la Inspiración”.

O este colofón sin desperdicio: “Negar el dolor no es matarlo, pero es la manera mas noble de sufrirlo”.

Vargas Vila llegó a considerarse un par latinoamericano de Nietzsche -“ni a él ni a mí nuestras patrias respectivas quisieron concedernos genio”- y ha provocado La semilla de la ira, novela reciente de su compatriota Consuelo Triviño Anzola (Planeta).

Un personaje por encima de todo. Desde y mas allá de sus libros.

 

 

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