Trauma a la vista

Iván de la Nuez

 

Este mes, novedad de Patrick Mc Grath en castellano (la traducción a cargo de Javier Calvo para Mondadori). Leo su nueva novela –Trauma– y, ya puesto, repaso algo del camino anterior de McGrath a través de la locura.

SpiderLocuraPort Mungo

Trauma no es lo mejor de McGrath, pero su categoría se mantiene alta, sostenida por sus tormentos de siempre. Un secreto que clama por salir a flote. La relación -en ningún caso romántica- entre impulso creativo y desvarío mental. La geografía de esas vidas al margen de la normalidad y que, sin embargo, conviven con ella. El dibujo del drama de los demás como una cortina que esconde el drama propio.

Ahora McGrath cruza el horror extraordinario de la guerra -en este caso Vietnam- con el horror cotidiano de las vidas comunes. El primero asfixia al presente; el segundo anula al futuro.

Antes fueron Spider o Jack Rathbone; ahora Charlie Weir. Seres martirizados por algo que no consiguen decirse a sí mismos.

Trauma es, pues, un regreso a la destrucción y a la manera en que, a su alrededor, tiene lugar algún acto creativo.

-Lo que yo hago es un tipo de arte.

Así se consuela el psiquiatra de Nueva York, que vive en la acera opuesta a la de su exitoso hermano pintor. Otro pintor.

McGrath da, todavía, una vuelta de tuerca con respecto a otros libros. En este, el trauma a cuyo núcleo tenemos que llegar se abre paso en la persona del propio psiquiatra-narrador-protagonista.

-Te entrometes.- Así reprocha su madre al doctor Weir.

Y así es. Porque Trauma, al final, es la historia de un intruso en la vida de los otros. Y la de su patética obsesión por redimir aquello que no quiere ni debe ser salvado.

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