With a Little Help from MySpace

Iván de la Nuez

 

Henri Michaux solía definir al artista como aquel que se resiste de manera absoluta al impulso de no dejar huellas. Hoy vivimos la apoteosis de este enunciado. Nunca antes, la fiebre por dibujar un rastro había cifrado la cultura de una manera tan rotunda. Ahí están, para confirmarlo, Facebook y MySpace; decenas de millones de blogs y su compulsión por dejar una señal capaz de probar cualquier experiencia. Sólo un detalle: esa necesidad de marcar huellas ha dejado de ser competencia exclusiva de los artistas. De modo que, o bien la definición de Michaux ha caducado, o bien las antiguas labores del arte ya no necesitan de los artistas para ser ejecutadas. En esto consistía, precisamente, la utopía para Marx. En un esparcimiento bucólico donde la gente común, en sus ratos libres, podría cazar, pescar, o hacer crítica sin necesidad de ser “exclusivamente cazador, pastor o crítico”. Joseph Beuys dio un paso más radical en esta línea y anunció que, por el hecho de realizar estas tareas, todo el mundo podía considerarse un artista y no un “simple mortal” que actúa como si lo fuera.

La vida ha continuado sin contemplaciones y ahora el malestar del arte no radica en su invisibilidad ni en su misterio, sino en su ubicuidad y en la multitud de rastros que pueblan el horror al vacío que gobierna cada uno de sus pasos. Todo ello nos habla de un estilo de vida en el que la gente despliega la exhibición permanente de su epopeya diaria. A fin de cuentas, ¿para qué tardar años en llegar a un museo, una editorial, cualquier templo de la cultura, si tenemos a mano la posibilidad de ser el curator de nuestra propia exposición, el editor de nuestra propia novela, o el dj de nuestro propio hilo musical? Con el soporte de cualquier artefacto o medio, With a Little Help from MySpace, podemos diseñar el display cotidiano de esta comunidad confesable que surge en la era de la imagen. Facebook resulta una mezcla curiosa entre el sueño de Beuys (todos somos artistas) y la actitud de Oscar Wilde (todo es susceptible de ser convertido en arte). Ello no implica que de Facebook o MySpace no surjan artistas similares a los de otros tiempos. El cineasta Eduard Cortés lo ha creído así y su próxima película, que tiene por título Ingrid MySpace, está nutrida casi por completo del talento creativo que este director ha encontrado en ese mundo.

Ahora bien, ante esta avalancha de rastros y señales, es posible intuir un cambio en la condición del artista que conoció Michaux. Tal vez ahora lo más inquietante pase por la negativa a dejar rastro, con el artista convertido en un consumado borrador de pistas. (Como aquel Señor Lobo, de Pulp Fiction, después de un entrenamiento exhaustivo en photoshop). Alguien, en fin, que no se lanzaría de manera obsesiva hacia nosotros y que, además, se cuidaría mucho de borrar cualquier huella que nos permitiera encontrarle.

 

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