Epidemia en la Granja

 Iván de la Nuez

 

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Uno entiende poco de economía, pero intuye que la Crisis es estructural y no un asunto de circunstancias. Uno sabe menos de medicina, pero va leyendo que esta epidemia -del cerdo, “la mexicana”, H1N1- es, pese a todo, como otras gripes: con la adecuada atención, revelará su magnitud pasajera y coyuntural.

Uno está escamado con las noticias y por eso tiene la certeza de que nos venden el mundo al revés: la crisis es tratada como un catarro, mientras que la gripe alcanza la connotación del Apocalipsis.

Ayer, durante el almuerzo, en esta ciudad todavía sin psicosis, una amiga me suelta lo mejor que he escuchado sobre el presente. Sobre el desmontaje de esa triada que el liberalismo y los boleros han concebido, desde siempre, como la base de la felicidad:

-Salud, Dinero y Amor.

Pues bien, para ella, la gripe porcina ha minado nuestra idea de salud. La crisis económica ha barrido con nuestro dinero. Las medidas de asepsia, con sus máscaras y prohibiciones incluso de los besos, acabarán con el amor.

Fuera de talla, no parné, sin ósculos

En este mundo al revés, Occidente se pone histérico y, de pronto, México aparece como un Estado organizado y capaz de asumir grandes tareas colectivas (por un momento ha dejado de ser el país del Caos y las decapitaciones). En esta reconstrucción de la geopolítica, sus vecinos del norte le han recordado a España –y a sus emblemáticos cerdos (y al jamón de bellota)- que todo lo que está por debajo de los Pirineos es Tercer Mundo.

Como en la eterna novela de Orwell, que sobrepasa los desmanes del stalinismo y estira sus parábolas hasta el presente, los cerdos lo han dejado muy claro: todo bicho que camina sobre dos patas es enemigo. Y toda medida contra ellos es poca hasta conseguir su expulsión definitiva de la Granja. Tal vez por eso la epidemia es, además, un comodín perfecto para esta Patriot Act médica que autoriza la correspondiente intromisión en las vidas, las costumbres, los derechos.

La peste o la tuberculosis motivaron, desde el Decamerón hasta el romanticismo, todo tipo de obras literarias que fueron más allá de lo clínico para instalarse definitivamente en la cultura. El sida, más reciente, ha dejado los trabajos de Derek Jarman o Cyrill Collard, Félix González Torres o Pepe Espaliú. Días de sida es el título de un vídeo sombrío y hermoso de Javier Codesal. ¿Qué nos dejará la actual epidemia? En estas jornadas -sin Salud, Dinero ni Amor-, no es difícil imaginar que los actos de histeria estatal y privada -otra vuelta de tuerca para afianzar la retención y la sospecha como norma política- provocarán alguna película o libro o serie fotográfica.

Alguna novela que nos hable mañana de un Snowball o un Napoleón; perseguidos y perseguidores, víctimas y censores de esta epidemia en cuyo origen aparecen otra vez los puercos para trazar los límites en la Granja del siglo XXI .

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