Entries from noviembre 2009 ↓

Mis diez personajes latinoamericanos: 1810-2010

Iván de la Nuez

 

Babelia, suplemento literario de El País, publicó ayer los resultados de una encuesta en la que se nos pedía a un centenar de personas (109 exactamente) que seleccionáramos, por jerarquía, a las diez figuras latinoamericanas más prominentes desde la Independencia. En mi lista, los personajes más importantes son aquellos que, salidos de la imaginación de los creadores, quizá definen a América Latina mejor que sus próceres. Además de cumplir la venganza de que, tal vez, vivirán más que ellos en el imaginario colectivo. Aquí la comparto.

 

  1. El durmiente que despierta junto al dinosaurio, de Augusto Monterroso. Ahí está todo el sueño y la fatalidad de un continente.
  2. Beatriz Viterbo, de Jorge Luis Borges. La posibilidad de la confluencia de todos los mundos posibles, señalados por una mujer que anticipa Internet.
  3. El patriarca, de Gabriel García Márquez. El inacabable caudillo de estos doscientos años que ha motivado, incluso, un género narrativo: la novela del dictador.
  4. Esteban, de Alejo Carpentier en El siglo de las luces. Ilusión y desilusión por la revolución.
  5. Maqroll el Gaviero, de Álvaro Mutis. Aventurero, libre, fugitivo y futurista.
  6. Doña Bárbara, de Rómulo Gallegos. La mujer fuerte que triunfa en un mundo de hombres. Su impronta llega hasta La Reina del Sur, de Pérez Reverte.
  7. Cecilia Valdés, de Cirilo Villaverde. Mestizaje y violencia: la primera mulata plenamente protagonista, con una serie de “adaptaciones” hasta hoy.
  8. Pedro Navajas, de Rubén Blades. El emigrante lumpen. Bertold Brecht batido en América Latina y servido en Nueva York. Un héroe, incluso, para analfabetos en dos lenguas.
  9. Mafalda, de Quino. Una niña que no entiende el mundo de los adultos, que es el mundo, aunque sabe más que ellos.
  10. Fitzcarraldo, de Werner Herzog. El iluminado europeo que dimite de su mundo y busca su utopía en América, para salvarla y, de paso, salvarse a sí mismo.

 

 (*) La encuesta completa, en pdf, en www.elpais.com

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Anothermountainman

Iván de la Nuez

 

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Los hombres y mujeres de Anothermountainman (Hong Kong, 1960) están solos. Han perdido la referencia de una ciudad que ha ardido, de ahí que su identidad urbana esté en ruinas. Se da una paradoja entre estos seres derrotados y pasivos, casi contemplativos, y la debacle que tiene lugar a su alrededor.

Llueven piedras sobre ellos. Pedazos de ladrillos.

 

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Han sobrevivido a la ciudad. Ni más ni menos. Pero, ¿Qué define al que ha sobrevivido a la ciudad?

Tal vez el desguarnecimiento. El no tener dónde ir. Ya no hay, para ellos, refugio en el campo ni duelo en el bosque. Ni siquiera derechos humanos, pues no hay espacios donde validarlos. La circunstancia de Stanley Wong, que así se llama Anothermountainman, es la de esa ciudad que se desdibuja frente a un hombre que, a duras penas, consigue mantener sus contornos.

Hasta el momento en que sea, él también, piedra, demolición, ruina…

Hoy la economía no existe

Iván de la Nuez

 

Hoy presento La economía no existe. Un libelo contra la econocracia, libro de Antonio Baños, dentro del programa del V Encuentro Bienal de Lanzarote. 

Lugar: MIAC (Museo Internacional de Arte Contemporáneo), Castillo de San José.

Hora: 8.30 de la noche.

 

ANTONIO BAÑOS

 

En la invitación, el autor traza su biografía de esta manera:

Antonio Baños (Nou Barris, 1967), se define “culo de mal asiento en general”, lo que le ha llevado a trabajar poco tiempo en muchos sitios y escribir sobre todo tipo de temas. En televisión se le vio por TV3, BTV y otras cadenas locales; ha colaborado con diversas radios, desde RNE hasta la Cadena Ser, así como con casi todas las demás radios barcelonesas. En prensa le han visto pasar las redacciones de El Periódico de Catalunya, La Vanguardia, El MundoCatalunya y ADN, y sus colaboraciones en revistas abarca desde las cabeceras J, H, AB, RDL y CNR a otras de nombre más inteligible como Panadería y Molinería, Apnea, Qué Leer y, sobre todo, la extinta Ajoblanco, de la que llegó a ser subdirector.

Asegura mantener “una afición adolescente por la economía política que le alejó de las chicas de su edad”, pero le ha permitido, con el tiempo, publicar su primer libro, donde ratifica “las sospechas que hacía tiempo le venían atormentando”.

Por mi parte, espero que esta trayectoria no lo aleje, esta noche, ni del público en general, ni de las chicas en particular. De ninguna edad. Allí les esperamos.

Del Muro al Ladrillo

Iván de la Nuez

(Publicado hoy en cubaencuentro)

 

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Dos décadas han transcurrido entre el desplome del Imperio Comunista y la actual Crisis del Capitalismo. Veinte años que empiezan con aquella explosión en Berlín y alcanzan estas inundaciones que hoy arrastran consigo las contradicciones de la era global.

En estos veinte años, tiene lugar el tránsito que va del PC (Partido Comunista) a otro PC (Personal Computer), con la entrada de Microsoft en escena. Y con la consecuente derrota, en 1989 y en el Primer Mundo, de las sociedades que decían basarse en el trabajo manual (la “dictadura del proletariado”) ante las sociedades que dicen edificarse en la utopía del trabajo informatizado. (Aunque la apoteosis de la construcción en los últimos años no acredite del todo esta ilusión). Del robot humano visto por Orwell al robot posthumano previsto por Huxley, hablamos de una mutación cultural que se desliza entre la activación del arte del deshielo –los distintos protocolos para certificar el fin de la Guerra Fría- y el deshielo del arte –su carácter inocuo- ante lo que hoy entrevemos como el presumible final de la Post-Guerra Fría. En términos estéticos, vale recordar que entre 1989 y 2009 se liquida, además, aquella obsesión vanguardista por quebrar la frontera entre arte y vida. Estas dos décadas testimonian, más bien, la relación agónica del arte con la supervivencia; que es la continuación de la vida por otros medios (por lo general más precarios).

Tecnología o precariedad, desesperación o seguridad, turismo o éxodos forzados -he ahí algunos pares con los que hemos lidiado en apenas veinte años.

¿“Apenas” veinte años? Hay que matizar ese “apenas”.

Este tiempo es testigo de las que, probablemente, son las dos décadas más intensas de la historia. Veinte años de vértigo que han conocido la dinamización -y la continua pulverización- de polémicas y conceptos que se han sucedido unos a otros como las temporadas de la moda: Multiculturalismo, Guerra Fría, Postcomunismo, Explosión de las Periferias, Canon Occidental, Apoteosis del Cuerpo, Clonación, Terrorismo, Arte Como Género, Crisis del Capitalismo, Postcapitalismo, Realidad Virtual, Estetización de la Revolución…

Una época en la que Europa ha acreditado la independencia de más de veinte nuevos Estados, y en cuyos respectivos reconocimientos ya están impresas las huellas de vencedores y perdedores de la Guerra Fría: la Unión Soviética, Yugoslavia o Checoslovaquia se dividieron; las dos Alemania, en cambio, se unificaron…

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Cuando se cumplieron, en 1999, diez años de la, así nombrada, caída del Muro, tuve la oportunidad de  organizar un proyecto sobre las consecuencias de todo esto asunto en Occidente; hacia la zona de los ganadores de la Guerra Fría. Se trataba de un evento multimedia, que incluía unas intervenciones visuales muy concretas. Recuerdo un paisaje del artista cubano Glexis Novoa, a lápiz sobre granito, en el que transformaba el sky line de Barcelona y nos mostraba una ciudad siniestra, con sus más emblemáticos edificios reconvertidos a la estética comunista. Recuerdo una instalación del artista mallorquín Guillem Nadal, que aplastaba el patio del Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona con unas cinco toneladas de sal. Recuerdo unas animaciones –con las dificultades técnicas de entonces- donde se simulaban los movimientos, sobre el mapa de Europa, de algunos deportistas del antiguo Bloque Comunista que habían pertenecido a diferentes países: Serguei Bubka, Pedja Mijatovich, Jan Zelezny.

Coincidiendo con el proyecto, se concibió una antología publicada por la editorial Península: Paisajes después del Muro. Uno de los textos de libro me resulta ahora premonitor. Es de Frederick Jameson y tiene este título: “El ladrillo y el globo”. Jameson se preocupaba, entonces, por la relación entre arquitectura y economía, entre urbanismo y especulación, a la vez que daba un repaso a las teorías de Niklas Luhman y de Anthony Giddens, o avisaba sobre la “conspiración” que percibía en los cambios que se avecinaban en el estatuto del trabajo en las sociedades occidentales. Más de una rémora espectral detectó en ese nuevo mundo surgido del Muro. No le resultó difícil recordar al relato de fantasmas como género arquitectónico por excelencia. En su alerta sobre la especulación del suelo como algo que se convertiría en un hecho sistemático, Jameson se anticipó diez años a este momento en que el ladrillo ocupa un lugar causal en la crisis: el fetiche de una política económica que ha avanzado desde la explosión de aquellos ladrillos de entonces. Si en la destrucción del Muro podemos percibir un acto revelador que presupone finalmente la transparencia del mundo (a fin de cuentas se descorrió el Telón de Acero), en la restauración del Ladrillo -que quedará como un icono de estos tiempos como los lingotes en los días de la fiebre del oro-, es perceptible un sistema que no acaba de acomodarse al derrumbe de su pareja de baile. El ladrillo es, al mismo tiempo, la consecuencia de lo derribado y el anuncio de nuevas murallas. ¿Puede haber vanagloria por el ladrillo sin vanagloria por el Muro?

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Formo parte de esa generación que se abre al mundo gracias a la experiencia liberadora de aquel 1989. Una generación crecida en la experiencia comunista y heredera del desplome, que alimentó las esperanzas por un mundo en el que lo desconocido se abría paso ante lo prefijado. Y, la verdad, no veo cómo negarnos a festejar el XX Aniversario de aquella demolición. Tampoco veo cómo obviar, en medio de la fiesta, lo que el Muro nos ha dejado. Por ejemplo, los estados satélites que mantienen, a su manera, un régimen de tipo comunista -Corea del Norte, Cuba, Viet Nam-, y que han quedado a la deriva, sin demasiado protagonismo en las agendas globales, como dejados a sucumbir por la ley natural de una energía menguante. Cómo olvidar a China, que marca el estilo de estos tiempos con una simbiosis no prevista en las ecuaciones de hace veinte años: esa unión consentida de mercado y partido único, tiranía y negocios, ambos en términos extremos.

No estaría de más replantearnos esas formas providenciales con las que se sigue nombrando el hecho –la Caída del Muro-, usurpando el protagonismo a la gente de a pie que rompió las fronteras cuando nadie supo predecirlo. ¿De qué vale maquillarlo todo con una ficción heroica –Gorbachov, Kohl, Bush- que parece olvidar que fueron también unos obreros de Gdansk los que se rebelaron contra aquella sociedad hidráulica que gobernó en su nombre durante décadas?

Para festejar estos veinte años puede ser útil, también, recuperar las frases de aquellas jornadas de hace veinte años y enfrentarlas a la lógica de la muralla que sobrevive en la actualidad.

Solidaridad, Transparencia. Reconstrucción.

Tres buenos términos para interrogar, sin dejar la fiesta, a una democracia que parece cogida con alfileres y que es también, en buena medida, heredera de aquel estallido.

 

(*) Las fotografías pertenecen a la serie Stasi Secret Room, de Dani & Geo Fuchs, a quienes agradezco la posibilidad de reproducirlas.

Público y arte contemporáneo: preguntas

Iván de la Nuez

 

1.       El público.

¿Supone este criterio la persistencia de la idea sobre un espectador pasivo?¿Puede hablarse hoy en términos de público como quien hablaba de “audiencia” en otros tiempos? ¿En qué lugar dejamos la participación que permiten los nuevos formatos? ¿En cuantas direcciones viaja una obra? ¿Podemos hablar de obras realizadas “para completar”? ¿Cuál es el lugar de las obras de arte en la transmisión de conocimientos?

2.       Lo público.

¿Es lo público exclusivamente aquello que está subvencionado por las instituciones públicas? ¿Hay un paralelo entre lo público y lo social? ¿Qué lugar tienen las redes sociales en eso que llamamos “lo público”? ¿Hay una relación irrompible entre lo público y lo estatal? ¿Si un proyecto u obra tiene lugar en el espacio público, no es ya, por definición, “público”? ¿Son las instituciones una entidad pública sólo por el hecho de la procedencia estatal de sus presupuestos? ¿Hay una paridad entre lo público y lo ciudadano? ¿Cómo entender lo patrimonial en lo que entendemos por público?

3.       Lo publicado.

¿Cuál es el lugar de la crítica en el arte contemporáneo? ¿Es lo que se publica lo más adecuado en la actualidad? ¿Son los textos de catálogo un saber que se distribuye de manera endogámica, entre colegas, y al interior de la secta? ¿De qué manera participa lo que se publica sobre arte en el debate intelectual contemporáneo, más allá del arte? ¿Entienden los escritores el arte contemporáneo? ¿Han quedado los artistas como personajes de la ficción del siglo XXI?

 

Estos son los temas que trataré de abordar los próximos días 5 y 6 de noviembre, en las Jornadas de Investigación sobre Público y arte contemporáneo. Serán en el Museu Valencià de la Il.lustració y de la Modernitat (MuVIM), las organiza la Universtitat de València y concede dos créditos de libre elección. Si alguien quiere acercarse de manera gratuita, puede inscribirse directamente aquí: jornadesartcontemporani@gmail.com

A continuación, los temas que se presentarán durante esos dos días.

 

 

Día 5 de noviembre

10 h. Apertura.
Román de la Calle
, Director del MuVIM, Valencia.
Petra Mª Pérez Alonso-Geta, Directora del Institut de Creativitat i Innovacions Educatives de la Universitat de València.
Vicente Bellver, Director General de Política Científica de la Generalitat Valenciana.
Carmen Senabre, Profesora de Estética y Teoría de las Artes de la Universitat de València.
Ricard Silvestre, Investigador del Institut de Creativitat i Innovacions Educatives de la Universitat de València. Centre de Documentació d’Art Valencià Contemporani (CDAVC).
José Luis Pérez Pont. Comisario, crítico de arte y abogado. Presidente de la Asociación Valenciana de Críticos de Arte.

10.30 h. Arte – público: ¿una relación imposible?
Miguel Cereceda
. Profesor de Estética y Teoría de las Artes de la Universidad Autónoma de Madrid. Crítico de arte.
Modera: Carmen Senabre.

12.30 h. Estrategias desde el centro de arte.
Yolanda Romero. Directora del Centro José Guerrero, Granada. Presidenta de ADACE (Asociación de Directores de Arte Contemporáneo de España).
Modera: José Luís Pérez Pont.

17 h. La imposibilidad de la crítica en su difusión pública.
Chus Tudelilla. Comisaria y crítica de arte.
Modera: José Luís Clemente, Universidad Politécnica de Valencia

19 h. ¿Y para qué poetas…? (todavía).
Rogelio López Cuenca
. Artista.
Modera: Maite Ibáñez. Universitat de València

Día 6 de noviembre

10 h. ¡Apaga y vámonos! Crónicas de un desertor del arte.
Ricard Mas. Comisario y crítico de arte.
Modera: Ricard Silvestre.

12 h. El espectador ante el arte monitorizado.
Daniel Castillejo
. Director de Artium. Centro-Museo Vasco de Arte Contemporáneo.
Modera: Álvaro de los Ángeles, Universidad Politécnica de Valencia.

17 h. El público, lo que es público y lo que se ha publicado en el arte contemporáneo.
Iván de la Nuez
. Comisario, ensayista y crítico de arte.
Modera: Amparo Zacares, Universitat de València.

19 h. Dos públicos en un mismo itinerario artístico.
Antoni Abad
. Artista.
Modera: Ricardo Forriols, Universidad Politécnica de Valencia.

20.30 h. Clausura.
Ana de Miguel. Directora de la Sala Parpalló, Valencia.
Carmen Senabre / Ricard Silvestre / José Luis Pérez Pont.

Thomas Ruff y la verdad de las Torres

Iván de la Nuez

 

 

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 Desde el blog, podemos reproducir la imagen, pero no es posible reproducir del todo el efecto. El resultado que consigue, in situ, esta pieza de Thomas Ruff. Describamos, pues, ese efecto. Hemos de situarnos en una sala de exposiciones: galería, centro de arte, museo. A una distancia normal, todo está claro: estamos viendo el atentado a las Torres Gemelas. Sin embargo, a medida que nos acercamos, la fotografía se pixela hasta desenfocarse. Queda entonces, a la vista, una imagen brumosa y sin contornos -un paisaje casi abstracto de todo lo ocurrido.

Mientras más cerca estamos, menos vemos…

A diferencia de Stockhausen –que llega a calificar esos atentados como la obra de arte perfecta-, Thomas Ruff no alude aquí ni a la perfección ni al arte. Apunta, directo, al conocimiento. A nuestra posibilidad de saber –o no llegar a saber jamás- qué ocurrió realmente.  Porque, si bien algo conocemos sobre los ejecutores del atentado –Al Qaeda lo reivindicó-, sabemos muy poco sobre los contornos de esta masacre.

Sus secretos, como en los cuentos de Poe, se esconden en el hecho paradójico de que el crimen ocurrió a la vista de todos. En un acto mediático de magnitud apoteósica; perpetrado para ser visto simultáneamente en todos los continentes, aunque a través de los filtros por los que hoy percibimos la realidad: la pantalla de televisión, una foto en un diario, el vídeo de un aficionado. La pieza de Ruff cuelga una pregunta sobre esas demoliciones que no acabamos de comprender, pero ante las cuales necesitamos, a toda costa, creer.

En esa fe radica el riesgo de manipulación que esta obra nos desvela, como un espejo de nuestras creencias.

La batalla por-desde-contra el Terrorismo es la continuación de la Guerra Fría por otros medios (acaso por la sublimación absoluta de los medios). En Ciudad pánico, Paul Virilio localiza parte de su sentido en la búsqueda de unas bombas de destrucción masiva nunca encontradas y, al mismo tiempo, en la lógica de unos medios de comunicación masiva que siempre nos encuentran a nosotros.

-Hablo: miento.

He aquí el dictum de Foucault, en una época anterior, que parece contestado por esta pieza de Ruff en la Era de la Imagen.

-Creo una imagen: miento.

Así riposta Thomas Ruff en esta obra que lo conecta con el trabajo posterior de Don Delillo (El hombre del salto) o Martin Amis (El segundo avión).

Las Torres Gemelas como colofón y preámbulo. Epílogo a los retorcimientos y reajustes que vienen de la caída del Muro de Berlín. Prólogo a la situación posterior de una Atopía que va cifrando el malestar de este siglo XXI.