El mundo elástico de Erwin Wurm

 Iván de la Nuez

 

 

wurm-house attack 2006 

 House Attack, 2006

 

Erwin Wurm entró a regañadientes en la escultura y, tal vez por eso, suele salir de ella con una felicidad contagiosa.

Sobre la primera afirmación, hay pruebas tácitas, si bien nada ha impedido su rigurosa aplicación a los materiales, la experimentación con el volumen, la cuidada localización del emplazamiento, la obsesión por moldear la forma…

Sobre la segunda afirmación, las pruebas no son menores. Wurm (Bruck/Mur, Austria, 1954) ha realizado esculturas de un minuto, esculturas “no escultóricas”, esculturas performances y hasta esculturas que sólo pueden ser vistas a posteriori -en la documentación de una obra que ya no encontraremos.

 

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Fat car, 2009 

En un mundo como el del arte contemporáneo, donde no escasea la solemnidad y la asepsia, Wurm es uno de los creadores más persistentes en su sentido del humor: coches que sólo giran a la izquierda, seres estampados en un muro, gente literalmente enterrada hasta el cuello, casas a punto de caer desde la altura de un edificio, museos obesos y museos que se están derritiendo…

Rosalind Krauss clamó, hace unas décadas, por la “escultura en el campo expandido”, en realidad una exploración sobre las posibilidades del minimalismo. Para Erwin Wurm, lo que necesita expandirse es la escultura misma, salirse de su propia órbita.

Para eso, hay que hacerla de usar y estirar, corregir y aumentar. Con nosotros dentro, también elásticos.

También flexibles. 

En el interior de un mundo manipulable, que no está hecho a la escala de nuestra medida, sino a la escala de nuestros deseos.

 

Wurm-Hypnosis 

Hypnosis, 2008 

 

(*) Y con esos elásticos deseos, pido lo mejor para los lectores de este blog. A tod@s, un feliz 2010.

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