La identidad en llamas

Iván de la Nuez

 

DOUGLAS GORDON 5

 

Estos rostros han sido arrasados por el fuego: han sufrido la “manipulación de las llamas”. Reducidos a cenizas, nos dejan pequeños indicios de lo que fueron unas antiguas caras (esos espejos de un alma que también parece haber ardido con ellas). Es lo que tiene el fuego: resulta útil para el crimen y útil, al mismo tiempo, para borrar sus huellas. Así queda expuesto en esta serie de Douglas Gordon (Glasgow, 1966).

Pero, ¿a quiénes pertenecieron estos rostros quemados? Ahora nos queda por delante la tarea de reconstruir el quién. Porque sin rostro no hay identidad. Sin identidad no hay identificación. Sólo nos queda armar una identidad abstracta, que es la madre de todas las identidades.

 

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Una segunda lectura nos lleva a esos momentos en que podemos intuir a personajes famosos (Marilyn, Warhol, Lancaster, por ejemplo), o ademanes vintage, o el glamour de otros tiempos. Son esos instantes en los que todo se reduce a los actos. Allí donde lo factual está por encima de lo identitario. Un mundo, en fin, donde los hechos son las únicas pruebas a tener en cuenta.

Los actos y estas ruinas de una “rostridad” incompleta y sin ojos. Los actos y estos seres ciegos, que no pueden vernos. Y que despliegan, desde ahí, su venganza, pues una vez destrozados por el fuego, tampoco es posible verlos a ellos.

 

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