El arte de callar, entre otras joyas

Iván de la Nuez

 

Para Tenchy

Una amiga de los años universitarios se preocupa por mi alejamiento del blog. En estos dos meses, he estado escribiendo, aunque no posteando; leyendo pero no estudiando. Tomando notas sin un fin concreto… En las vacaciones (las últimas semanas) he aprovechado para desconectarme de cualquier dimensión cibernética. Así que nada mejor, para el regreso, que compartir algunas de esas lecturas de verano. Y nada mejor, entre ellas, que empezar por El arte de callar, del Abate Dinouart (Siruela). Una obra lapidaria que repasa a conciencia los arquetipos del habla y de la escritura, así como la necesidad de economizar ambas cuando no hay mucho que decir.

-Del mismo modo que hay dos vías para explicarse, una por las palabras y otra por los escritos y los libros, así también hay dos maneras de callar: una conteniendo la lengua y otra conteniendo la pluma.

A partir de aquí, el Abate nos avanza una tipología de los distintos silencios, con un bloque dedicado a la palabra oral y otro dedicado a la palabra escrita. Sobre esta, avisa de que, a veces, “se escribe mal”, o “se escribe demasiado”, o bien “no se escribe bastante”. Incluso en ocasiones escribimos de lo que no sabemos, algo que la pragmática del Abate aborrece, y que uno debe prohibirse tajantemente, “aunque se posea el talento” para hacerlo. El autor llega a proponer, “de manera puntual y severa”, una reforma general de los escritores y se permite la exposición de unos “principios necesarios para explicarse por los escritos y los libros”.  En su denuedo por mantener a raya la palabrería de su época, Joseph Antoine Toussaint Dinouart acude más de una vez a la represión -o auto-represión- de la pulsión por decir (era un clérigo, a fin de cuentas). Menos mal que no vivió estos tiempos de superproducción editorial, de los miles de libros y los millones de blogs. Aunque podemos intuir su rabia –su Rage Against The Machine- ante nuestros excesos retóricos. En cualquier caso, el Abate –que murió poco antes de la Revolución Francesa (vivió entre 1716 y 1786)- fue excomulgado por El triunfo del sexo (1749), donde dio rienda suelta a su conocida sabiduría sobre las mujeres. Todo indica que a este clérigo cascarrabias se le daba mejor reprimirse de escribir que de fornicar.    

El arte de callar no ha sido mi única joya estival. También he dado cuenta de Corona de flores, de Javier Calvo (Mondadori); Lamentaciones de un prepucio, de Shalom Auslander (Blackie Books), La asesina, de Alexandros Papadiamantis (Periférica); Habitación doble, de Luis Magrinyá (Anagrama); Autobiografía sin vida, de Félix de Azúa (Mondadori), o Algo elemental, de Eliot Weinberger (Atalanta).

Recomiendo con entusiasmo todos estos libros. Y espero poder hablar de ellos en este espacio. Algunos ya habrán recibido la apología o el escarnio de críticos más doctos, lo que me dejará, en más de un caso, con muy poco que añadir. Si así fuera, y pese a todo persistiera en el empeño, espero que el fantasma del Abate Dinouart consiga disuadirme de hablar por hablar.

Buena rentrée!

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