«Tri-contentos» por Bertrand Russell

Iván de la Nuez

En estos días, Bertrand Russell ha regresado de ultratumba para alegrarnos la vida. Y lo ha hecho por partida doble. Primero, por la publicación de sus Ensayos Escépticos (RBA). Segundo, por la aparición de Logicomix (Sins Entido), un cómic protagonizado por el filósofo que había arrasado antes en Estados Unidos y Grecia. Si a esto le añadimos que el año pasado se reeditó su Autobiografía (Edhasa), entonces, como diría un expresidente del Barça, tenemos motivos para estar “tri-contentos”.

Que los filósofos hablen sobre cómics -o dibujos animados- ya no resulta extraño. De hecho, padecemos una verdadera fiebre por dedicar libros a las series televisivas. Ahí tenemos volúmenes corales como Los Simpsons y la filosofía o Los Superhéroes y la filosofía (Blackie Books); así como Teleshakespeare, de Jorge Carrión (Errata Naturae).

Si en su día Para leer al pato Donald (1972), de Dorfman y Mattelart, podía considerarse una excepción (los autores además concentraban su discurso en el desmontaje de la factoría Disney como avanzadilla del imperialismo), ahora las series son recibidas de manera diferente. A veces, incluso, con una euforia acrítica, muy alejada del desprecio que el intelectual tipo Sartre sentía por la televisión. Los criterios actuales están más próximos a Cabrera Infante o Carlos Monsiváis, para quienes el cine o la televisión forman parte, no ya de la cultura, sino de la vida misma.

Pero si no resulta extraño que los filósofos se ocupen de los cómics, sigue siendo excepcional que los cómics se ocupen de los filósofos. Me viene a la memoria una película tan fascinante como Waking Live, el animado hecho con técnica de rotoscopia, dirigido por Richard Linklater y protagonizado por Ethan Hawke. En este largometraje, varios jóvenes de un barrio de Estados Unidos hablan con el lenguaje de los filósofos, y crean una comunidad tan marginal como hipnótica al margen de la vida “real”.

En el caso de Logicomix, el protagonista Betrand Russell persigue -a través de la matemática- el tesoro de un lenguaje universal. No faltan aventuras de todo tipo ni el talante enamoradizo del filósofo. Tampoco su miedo a ser envenenado o broncas de taberna. Todo esto aliñado -advierte Xavi Ayen, cuya crónica en La Vanguardia me puso sobre la pista del libro- “con pasiones amorosas, abuelas posesivas, científicos chiflados”.

Logicomix es un trabajo a cuatro bandas en el que se han cruzado un matemático (Apostolos Doxiadis), un informático (Christos Papadimitriou), un dibujante (Alecos Papadatos) y Annie di Donna, colorista y productora.

Que el héroe sea un filósofo, y que la musa se encarne en la matemática, puede dar idea del reto de este libro dedicado al autor de Contra la religión o Elogio de la ociosidad. En Logicomix, Russell tiene que superar la educación de una abuela severa que respondía por el sobrenombre de “Lady John” o investigar, desde la infancia, el misterio que envuelve al destino trágico de sus padres. También debe poner a prueba su predicamento pacifista ante los exaltados o esquivar la acechanza de una locura que considera genética.

El Russell del cómic es el mismo que se subleva, en su obra y en su vida, contra el refrán cristiano acerca de la ociosidad como “madre de todos los vicios”. Y asimismo el que, aún considerándose un socialista “tan convencido como el más ardoroso marxista”, se niega rotundamente a asumir el bolchevismo como un “evangelio de la venganza proletaria”. O aquel que habla sobre la existencia de “una sobreabundancia de libros, de la misma manera que su calidad escasea”.

Ensayos escépticos se nos ofrece como un puente entre los sueños y las realidades, la lógica y la locura, los desatinos del patriotismo y los peligros de las guerras ideológicas. El libro apuesta por el sentido común, pero lo reconoce siempre bajo amenaza; bien sea externa o por causa de nuestros propios demonios. Un sentido común que llevó a Bertrand Russell a practicar el compromiso sin mesianismo, el escepticismo sin nihilismo, la bondad sin ingenuidad.

Hay, desde luego, ensayos que no son escépticos, pero es muy raro encontrar buenos ensayos que no estén atravesados por el escepticismo.

En en estos tiempos en los que florece el panfleto, tan cargados de títulos conminatorios –Indignaos! o Comprometeos!, por ejemplo-, nadar en las aguas de los Ensayos escépticos puede reconfortarnos. Como reconfortante sería para Russell reconocerse en la brega de Logicomix. Convertido en el héroe indiscutible de un cómic del siglo XXI.

 

Share