Fascismo y fotogenia

Iván de la Nuez

Desde el blog Lens, sitio de fotografía y audiovisuales de The New York Times, David W. Dunlap ha destapado la recuperación de una serie desconocida de fotografías de Hitler, las SS, o la campaña de Minsk. En su artículo, que lleva por título “Mysteries of a Nazi Photo Album”, Dunlap cuenta la “reaparición” de estos fotógrafos personales del Führer y de esas imágenes, desconocidas hasta esta semana por el público y los especialistas.

Así, regresan del pasado los nombres de Walter Frentz, Franz Krieger o Heinrich Hoffmann, entre los mas próximos y activos. Completan la nómina Benno Wündshammer, Arthur Grimm, Hugo Jäger o Franz Gayk…

Aunque no siempre con el mismo talento, todos ellos son a la fotografía lo que Leni Riefenstal al cine (de hecho Frentz fue discípulo y ayudante de la directora de El triunfo de la voluntad).

Y todos forman parte, a diferentes niveles, de un programa que combinó la fotografía de guerra y la propaganda, la documentación y la edulcoración, el objeto y el sujeto del Tercer Reich. (Estos fotógrafos eran una especie de Goebbels con cámara).

El álbum -propiedad de un ejecutivo en horas bajas y urgido de dinero: “he tenido conmigo una parte de la historia”- contiene piezas importantes para resolver el “puzzle” del inicio de la campaña en la Unión Soviética y ha sido rigurosamente contrastado con expertos antes de darlo a conocer. Entre ellos, Harriet Scharnberg, especialista en el modo en que los nazis fotografiaban a los judíos, quien identificó a Walter Frentz, uno de los más requeridos retratistas del fascismo.

Casi tan importante como las imágenes, es la relación entre fotografiado y fotógrafo. Por ejemplo, Hoffmann. El preferido y amigo personal de Hitler, llegó a presentarle a Eva Braun, que era empleada suya, al Führer. En su crónica de El País sobre este asunto, Jacinto Antón reconoce en Hitler a un hombre obsesionado por su imagen. Y tan necesitado de ser retratado como paranoico con los fotógrafos.

En la historia, ha habido dictaduras estatuarias y dictaduras fotográficas. Las estalinistas, por ejemplo, fueron eminentemente “escultóricas”. Aunque no siempre la ideología es definitoria sobre el soporte escogido por las tiranías para dejar su impronta en la posteridad. El también fascista Mussolini tenía adicción a las estatuas, mientras que Franco puede ser definido como un tirano ecuestre.

Un ejemplo contrario: Cuba. Desde sus comienzos revolucionarios (antes de que se hablara incluso del “régimen”), Fidel Castro pudo contar con una nutrida y bien cualificada tropa de lo que podríamos llamar fotógrafos de gesta: Enrique Meneses, Roberto Salas, Liborio Noval, Korda, Cartier Bresson, René Burri… No necesitó, como los países “hermanos” del Este, de estatuas gigantescas para expandir la imagen oficial. Para ese fin, la fotografía resultaba mucho más moderna y portátil. Además de contener una ventaja adicional: las estatuas -Stalin, Ceaucescu, Sadam Hussein- pueden derribarse; las fotografías, no.

(*) La primera imagen es de Heinrich Hoffmann (se ve a a Hitler en París, 1940, junto a Speer y Arno Breker, mientras Frentz filma). En la segunda, aparece el fotógrafo Franz Krieger. Las he tomado del reportaje de El País.

 

 

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