La rumba siniestra

Iván de la Nuez 

Los adictos a la música cubana, celebran estos días el centenario de dos monstruos: Arsenio Rodríguez e Ignacio Villa. Uno fue conocido como el Ciego Maravilloso. El otro, como Bola de Nieve. Cualquier publicación cubana en la red –bajo cualquiera de sus tendencias ideológicas- muestra materiales diversos de esta reverencia.

Pero no es esta la causa que me ha llevado a pensar, recientemente, en esta música. Gracias al insomnio –y a su deriva cinéfilo-televisiva-, la citada música, la misma que se nos ha vendido (y hemos disfrutado) como el éxtasis de la felicidad y el desenfreno, se me ha aparecido como contrapunto siniestro de escenas macabras; algunas francamente terribles.

Ya había pensado alguna vez en esto, viendo como los hermanos Coen, David Lynch o Tarantino tiraban del tex-mex, la bossa nova o la salsa para acompañar algunas de sus escenas más inquietantes (cuando no directamente sádicas).

En cualquier caso, lo que me hizo corroborar esta tendencia fue un episodio de Dexter. Esa serie protagonizada por un asesino justiciero, especialista -¡en qué otra cosa iba a ser!-en sangre, que trabaja como forense para la policía de Miami. La escena que comparto arriba pertenece a la cuarta temporada y el que aparece conduciendo su Mustang descapotable es Trinity, un serial killer que, de manera periódica, y desde hace más de treinta años, mata de tres en tres (“curiosidad” que le hace ser identificado como el Asesino de la Trinidad).

La escena es previa a uno de los desenlaces más terribles de la serie: Después de un largo match con el protagonista, Trinity está feliz porque cree que ha escapado de Dexter; y Dexter, que al final conseguirá atraparlo, ignora que su enemigo ya le ha jodido la vida un poco antes de morir en sus manos.

Mientras Trinity se desplaza por Miami (veamos la secuencia de apenas un minuto que encabeza este post), lo que suena en la banda sonora es un estribillo de Benny Moré, también llamado el Bárbaro del Ritmo.

Todo apunta a que esta música “incidental” se ha escogido para acentuar la “cubanidad” de ese estado de la Florida. El estribillo, sin embargo, sugiere otra cosa, máxime si estamos al corriente de que el Asesino de la Trinidad abate, sobre todo, a mujeres.

“Todas las mujeres de la fiesta, tienen que bailar conmigo”. Eso clama, vanidosa, la voz del Benny que acompaña la sonrisa del criminal.

Visto lo visto, y oído lo oído, resulta obligado pensar que el responsable de la música sabe lo que está poniendo. Y que esa música es algo más que un “incidente” sonoro para dar paso a futuros desenlaces de una trama a la que le resulta imprescindible conectar la barbarie con el Bárbaro.