Entries from marzo 2012 ↓

Teoría de la “absolutidad”

Iván de la Nuez

Los tres hechos sucedieron, prácticamente, de manera simultánea. Mientras la Universidad hebrea de Jerusalén hacía públicos los archivos de Einstein, un terrorista islamista –de la variante ahora llamada “lobo solitario”- asesinaba en Francia a siete personas, entre ellas varios judíos. A la vez, un adolescente negro era tiroteado en la Florida por la muy sospechosa conducta de ponerse una sudadera con capucha, caminar por un barrio donde el guardia de seguridad lo percibió como un “extraño” e ir “armado” con una barrita de chocolate, un teléfono celular y un refresco de lata.

Los asesinatos opacaron, como no podía ser de otra manera, la puesta en órbita del legado del famoso físico y premio Nóbel, que parecía astillarse ante la presencia absoluta de estos crímenes y los no menos absolutos ideales que los mueven. Y es que el fundamentalismo –bajo cualquiera de sus signos, incluidos los racistas- consiste en el asesinato de la relatividad. Con ese desprecio que coloca a la ortodoxia en la certeza y a lo ambiguo, lo que genera dudas, lo que está abierto a más de una interpretación, en el lugar de la sospecha o directamente la culpa.

Un relativismo que ha sido ridiculizado, dicho sea de paso, por los extremistas de todas las corrientes políticas. En nombre de Dios, de Alá, del Mercado, del Estado, de Jahvé, del Capitalismo, del Comunismo, el maximalismo es la forma principal de expresión que va adquiriendo una política degradada que comienza a fundirse con lo policial.

Cada vez que un absolutista se tropieza con lo que no comprende, o simplemente con aquello que detesta, la emprende contra el relativismo (cuidando siempre de situarse él mismo en el reino sagrado de lo indiscutible).

Algo tan curioso como contradictorio, puesto que vivimos en una época que no para de generar perplejidades. Una época en la que, para quedarnos tan sólo con estos días, vemos a la derecha subiendo impuestos o a un Papa -jefe de uno de los Estados más reaccionarios que existen- abrazado al único gobierno comunista de Occidente. Como dijera Max Aub en La Habana de 1960 (Enero en Cuba), “que baje Dios y lo explique”.

Estas políticas se afianzan cuando la gente prefiere la seguridad a la duda; acusar a comprender. Todo eso puede explicar el triunfo generalizado del panfleto, género perfecto para confirmar expectativas y no para interrogarlas.

Tales conductas no responden a una ideología fija: se encuentran en el ultranacionalismo de, digamos, un Le Pen y en los religiosos ultraortodoxos, tanto como en los regímenes de izquierda obsesionados en reprimir las voces que les cuestionan. En todo los casos, queda manifiesta la misma alternativa: “Ellos o Nosotros”.

Ante hechos como estos, puede que nos reconforte un viaje por los archivos de Einstein. Por los Escritos científicos y los Escritos no científicos, los diarios de viaje o la correspondencia… O por el resto de su papelería –Einstein Paper Projects– apoyado por la Universidad de Princeton y por el California Institute of Technology.

Ahí nos toparemos con el Einstein que se preocupa por el conflicto árabe-judío y el que escribe a sus amantes. El Einstein que se ocupa de la desigualdad racial en Estados Unidos y el que se involucra en el pacifismo. En fin, con la relatividad de este físico (y humorista) judío capaz de percatarse de que “es más fácil desintegrar un átomo que un prejuicio”.

(*) En la imagen: La Bonne Trajectoire, de Guy Peellaert, en la que aparecen Einstein y el legendario bateador Babe Ruth.

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Lo que viene

Iván de la Nuez

Desde Fantastic Plastic Mag sabemos más cosas sobre la estrategia editorial de Sigueleyendo. Aquí les dejo más información sobre próximas colecciones y autores. La red se mueve y ya están en camino otros proyectos y plataformas de las que iremos dando noticia por aquí.

Sigueleyendo hace tiempo que dejó de ser en exclusiva una web sobre libros y lecturas. Desde un principio, las inquietudes de esta página les llevó cada vez a más: primero a abordar las redes sociales de una forma sublime mediante la que han sabido “ampliar” sus contenidos hasta el infinito y más allá y, más tarde, a lanzar su propia colección de libros digitales en la que ya hemos podido leer a autores como Llucia RamisMilo J. Krmpotic o Gonzalo Torné. Con semejantes antecedentes, podemos esperar cualquier cosa… Así que no estará de más estar muy pero que muy atentos de la presentación de novedades que realizarán este domingo día 25 de marzo a las 12:30h en la librería barcelonesa Negra y Criminal (en plena Barceloneta). Ya han avanzado que harán publicas tres nuevas colecciones: Colección de Autor, donde ir publicando digitalmente a todo un conjunto de autores que merecen una buena edición y no la tienen (tal y como Willy UribeRaúl ArgemíCarlos ZanónHernán MigoyaJoan BrossaHoracio Quiroga o Kike Ferrari); Colección de Husos, donde autores como Gabriela WienerJordi CarriónIván de la NuezLucía Lijtmaer o Ainhoa Rebolledo abordarán la no ficción; y Operas, especializada en la edición digital de libretos de óperas italianas a cargo de Carlos Vitale. Todo esto y más, el domingo en Negra y Criminal. Y, a partir de ahí, poco a poco lo iremos viendo y disfrutando en Sigueleyendo.

Sigueditando

Iván de la Nuez

Sigueleyendo se estira: hace crecer su proyecto editorial… ¡e invita a vermut!

Aquí su invitación:

Sigueleyendo crece, y para celebrarlo os invitamos a un vermut el próximo domingo día 25 (12.30) en la librería Negra y Criminal de la Barceloneta.

Allí os hablaremos de lo nuevo de Gabriela Wiener, Carlos Zanón, Iván de la Nuez, Raúl Argemí, Jordi Carrión, Willy Uribe, Lucía Lijtmaer, Ainhoa Rebolledo, Miqui Otero, Manolo Vázquez…

Y mucho más. Todo nuevo. Todo en Sigueleyendo.

Mr. Castle y los taínos

Iván de la Nuez

Que las teleseries han vivido una revolución en la última década es algo reconocido por estudios de todo tipo. Desde los que consideran que Shakespeare hoy se dedicaría a escribir para la televisión, hasta los que predican que el mejor “cine” se está haciendo, precisamente, en productos como Lost, Breaking Bad, A dos metros bajo tierra, Los Simpson, Mad Men, Dexter, The Killing… En su libro Teleshakespeare (Errata Naturae) Jorge Carrión ilustra este asunto, desmontando además la vieja idea de que los intelectuales y la televisión no hacen una buena pareja.

Tampoco es cuestión de tomar las excepciones como regla. Siguen siendo abundantes las teleseries malas y los melodramas lacrimógenos que ignoran por completo al creador de Hamlet. Y por suerte, al menos para mí, se siguen produciendo las siempre bienvenidas series de “siesta”. Esas que empiezan, te duermes un rato y, cuando te despiertas, puedes seguir la trama sin complicaciones. En esa especialidad clasifica Castle, que narra las peripecias de un novelista policial de best seller, amigo del alcalde de Nueva York, quien le consigue compartir las aventuras de un equipo de policías bajo el mando de la detective Beckett. La trama no puede ser más ñoña, y al cabo de decenas de capítulos, aunque sabemos que el escritor y la detective se gustan, estos siguen sin irse a la cama. Aunque nosotros sí nos vamos al sofá nada más sentir la música de los créditos.

La serie fue producida originalmente por la ABC, y en España ha sido distribuida por AXN y Cuatro. Así pues, lo que contaré a continuación tiene que ver tanto con el guión original norteamericano como con algunos cambios que sin duda se han “colado” en el doblaje por la parte española. Es necesario advertirlo, porque lo “ganado en la traducción” no tiene desperdicio.

El otro día, estaba listo para caer rendido cuando un capítulo llamado El régimen suicida me impidió pegar ojo. Trata de Cuba, de un jugador de béisbol que ha saltado del equipo nacional a las Grandes Ligas (Cano Vega, su nombre). Trata de su asesinato y, con todos estos elementos batidos, comienzan a cruzarse –sobra decir que de manera inverosímil- el gobierno cubano, un manager muy ambicioso, un líder del Exilio, un cameo de Joe Torre (mítico manager de los Yankees), el tráfico de personas (en un yate que se llama “Mi cariño”), 200. 000 mil dólares que no aparecen, un rólex capaz de sobornar al comunista más íntegro y una muchacha que acaba de llegar a Nueva York desde La Habana (y no es otra que la hija desconocida de la estrella asesinada).

Los detectives no saben quién es, incluso llegan a sospechar que es una amante del pelotero muerto. Así que hay que interrogarla. Y ahí es donde el despropósito alcanza matices idiomáticos extraordinarios. A veces en inglés, a veces en español, de repente… ¡en taíno! He aquí el despliegue lingüístico de las interrogaciones. Una cubana del siglo XXI que habla en la lengua de aquellos habitantes originarios de la isla a la llegada de Cristóbal Colón. Pero si esto ya nos parece un disparate, lo es todavía más que el agente Espósito –interpretado por el actor Jon Huertas, de padre puertorriqueño, aunque nacido en Nueva York- sea capaz de decir con toda naturalidad: “yo conozco ese idioma”. Acto seguido, se luce en la traducción (“bohío” por “casa” es uno de sus momentos más brillantes) y por esa vía consiguen avanzar en la solución del misterio.

Dentro de la desgracia que supone la muerte del deportista, el episodio –nunca sabremos por qué se llama “El régimen suicida”: sólo hay un muerto y no es el “régimen”- tiene un final feliz: la viuda norteamericana de la estrella muerta decide acoger a la cubanita recién llegada en su mansión. ¿Problemas de comunicación? Muy pocos, puesto que la rubia, en sus ratos libres, ¡también había aprendido taíno! con su difunto marido cubano.

Esta antología de estereotipos viene a recordarnos lo que los antropólogos más avezados -Lévi-Strauss o Malinowski, Clifford Geertz o James Clifford- habían percibido en los encuentros entre culturas distintas. Las dominantes, nos decían estos sabios, tienden a ver a las otras culturas detenidas en el tiempo, como si aún se mantuvieran en sus tribus, practicando el canibalismo y entregados a los rituales más primitivos. Por lo que a mí respecta, ya me será difícil dedicarme a la siesta viendo Castle. Desde ahora, me mantengo alerta, a la espera de encontrar sumerios o hunos metidos en problemas en el Nueva York del siglo XXI. O persas, algo más lógico teniendo en cuenta que la guerra con Irán está a la vista.

El disidente poscomunista

Iván de la Nuez

Dos noticias procedentes de Europa del Este nos hablan de las contradicciones que enfrentan los países poscomunistas. Una, esperada, proviene de Rusia. La otra, más sorprendente, viene de Hungría. La primera está protagonizada por el hombre más poderoso del país: Vladimir Putin. El ex-teniente coronel del KGB, y ex-miembro del PCUS, acaba de recuperar la presidencia después de más de una década alternando ese puesto con el de primer ministro, siempre rigiendo, eso sí, los destinos del país. Lo más probable es que Putin tuviera más votos que sus oponentes (desde el comunista Ziugánov hasta ultranacionalista Zhirinovski). Lo más posible, asimismo, es que no haya alcanzado todos los votos que proclama. Y lo más seguro es que su nuevo mandato afianzará las dificultades que confronta la democracia rusa, debidas, en parte, a un poder que durante años Putin ha considerado “en propiedad”. La reacción violenta del Estado contra los manifestantes al día siguiente de las elecciones (desde comunistas hasta liberales pasando por una izquierda más joven sin conexión directa con la URSS), es un buen ejemplo de ello.

La segunda noticia, ya lo hemos dicho, proviene de Hungría, país que abrió sus fronteras en 1989, incluso antes de que los alemanes derribaran el Muro de Berlín. Esta vez no se trata de un hombre poderoso o un oligarca, sino de una víctima: el escritor Ákos Kertész, que ha pedido asilo en Canadá. El argumento de Kertész –sin relación familiar con el Premio Nóbel de literatura Imre Kertész- es que teme por su vida, sobre todo después de haber sido “insultado y atacado” en plena calle. ¿Los motivos? Este autor y columnista judío había publicado un artículo en el que criticaba sin contemplaciones a los propios húngaros –llegó a decir que eran “genéticamente serviles”- por su actitud ante el Holocausto. Es verdad que sus palabras fueron duras y de un esencialismo corrosivo. Es verdad, asimismo, que el hombre pidió disculpas. Pero ya no había nada que hacer. Por lo general, los países –y sus patriotas de oficio- aguantan mejor la crítica de los extraños que la de su propia gente. En cualquier caso, la actitud de este escritor no es nueva. Ahí tenemos el ejemplo de Thomas Bernhard, reprochando a sus paisanos austriacos por apoyar el fascismo. O el de Orhan Pamuk, que hizo otro tanto con sus compatriotas turcos por negarse a aceptar las matanzas de kurdos. Pero Bernhard no se vio obligado a huir de Viena, mientras que Pamuk se ha mantenido en Estambul, aunque a veces amenazado de muerte.

El caso de Kertész nos plantea un problema adicional. Hasta ahora, estábamos acostumbrados a que los disidentes europeos siempre procedían del Bloque Soviético y buscaban en Occidente un espacio democrático donde poder hacer o decir lo que les estaba vetado al otro lado del Telón de Acero. Los nombres, entre muchos otros, de Solshenitzin o Kundera, Tarkovski o Nureyev ilustran esa poblada lista de gente que huía del comunismo. Lo que singulariza el caso de Kertész es que Hungría abandonó ese comunismo hace veinte años, clasifica como una democracia, es un país regido por la economía de mercado y, para colmo, pertenece a la Unión Europea.

Cumpliendo una especie de viaje al revés, Kertész se nos presenta como un exiliado del poscomunismo.

Aún a sabiendas de que los húngaros tienen un gobierno ultraconservador, este caso nos propone interrogantes que sólo pueden llevarnos al desasosiego. ¿Es imaginable una Europa en la que, por opinar distinto, la gente se vea obligada a perder su condición de ciudadano? ¿Es posible que, pongamos por caso, en una Francia bajo el gobierno del Frente Nacional, salido de las urnas, alguien pueda estar sometido a persecución y termine por pedir asilo en otro lugar?

De llegar a esta circunstancia, estaríamos ante dos problemas de máxima gravedad. El primero, por el punto de partida (esa Europa que hasta ahora funcionaba como garante de la democracia para buena parte del mundo). El segundo, aún más grave, tiene que ver con el punto de llegada. Porque si las cosas llegan a estos extremos, ¿dónde se asilarán los europeos?

(*) En la imagen, instalación de Mona Vătămanu & Florin Tudor, All Power to the Imagination!, 2009. La fotografía es de Wolfgang Thaler.