Fumatas

Iván de la Nuez

En su primer día, el cónclave vaticano nos dejó sin Papa a la vista. Fumata negra. Un rato más tarde, el Barça tumbó al Milan en los octavos de final de la Champions. Fumata azulgrana. Algunos medios daban cuenta de la votación mediante la cual Las Malvinas se mantendrían inglesas. Fumata británica. En otros, nos enterábamos que Silvio Berlusconi no salió del hospital por un problema ocular, lo cual le salvó de tener que responder por una imputación de la justicia. Fumata cotidiana. También se ha venido sabiendo, aunque eso no es noticia, que el presidente Obama fracasó en el enésimo intento de colarle un proyecto al Senado de Estados Unidos. Fumata cameral. Una mujer en España fue obligada a entregar sus tres hijos a un padre para que este los llevara de vuelta a México. Fumata paterna. Más tarde sí hubo un Papa, argentino además. Fumata blanca.

No sé cuantas fumatas en unas horas, miles tal vez. Un par de jornadas corrientes en el arco iris del Occidente cristiano (que dijera el poeta de Haití antes de que Haití dejara de emitir fumata alguna). Y no son más fumatas porque que ignoramos las de otros lugares en los que ni siquiera hay propiamente “noticias”, incluso en tiempos como estos en los que todo se sabe. Un “todo” que, por supuesto, no es más que una categoría para ocultar muchos e invisibles “algos”, “alguienes”…

En todos lados, se pierde y se gana. Da igual que se trate de países, curias papales, equipos de fútbol, sentimientos nacionales, una pareja que se tira los hijos a la cabeza.

Es ley de vida, se nos dice. Hay que saber perder y saber ganar, se nos insiste, porque de lo contrario se solivianta la horda y salimos en trompa como el ejército, el hooligan, la mala bestia que arrastramos desde tiempos remotos.

Aguantarse, en fin, para que las cosas sigan su curso. Y darle sin parar a la ruleta a ver si sale premio o bala.

(*) La imagen es una pieza de Félix González Torres.

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