Entries from octubre 2013 ↓

El comunista manifiesto se presenta en Barcelona

Iván de la Nuez

 

El próximo lunes 4 de noviembre, presentaré El comunista manifiesto en Barcelona. Me acompañarán Joan Tarrida (editor) y Joan Fontcuberta (ensayista y fotógrafo).

Será en el MACBA, a las 19.30 h. Para los que puedan acercarse, allí les espero.  

 

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El comunista manifiesto / Prensa

Iván de la Nuez

 

Hoy hablo de El comunista manifiesto con Peio H. Riaño para El Confidencial (que ha enfocado la entrevista en el tema del arte y el fetiche), y también en Radio Nacional de España, a las 14.00 horas. (Una menos en Canarias).

Seguimos…

La (continua) caída del stablishment

Iván de la Nuez

 

Hoy El Periódico de Catalunya publica esta encuesta del Gesop (Gabinet d’Estudis Socials i Opinió Pública) sobre intención de voto en Catalunya. Los resultados evidencian que CIU, PP y PSC continúan en caída libre. De modo que sólo con los pactos -y en calidad de actores secundarios- podrían paliar sus respectivas debacles futuras.

Digamos que ni el independentismo está favoreciendo a CIU, ni el statu quo del unionismo al PP, ni el federalismo al PSC. Algo muy curioso en partidos que proclaman o lideran, respectivamente, esas opciones.

Un homenaje a Lou Reed

Iván de la Nuez

 

Por El Lado Más Bestia de la Vida. Así re-crea Albert Pla la famosa canción de Lou Reed. Un tremendo homenaje.

El comunista manifiesto / Índice

Iván de la Nuez

 

Comparto aquí el índice de El comunista Manifiesto. Enlazo asimismo la lectura de Emilio Ichikawa.

PRÓLOGO. Una arqueología del poscomunismo, por Josep Ramoneda.

PRIMERA PARTE: EL FANTASMA.

Un espectro…

Go West!

Ostálgicos, luditas, amnésicos.

Crónicas marxianas.

Ensayo contra panfleto.

SEGUNDA PARTE: LA SOMBRA.

Los cosmonautas.

La exposición comunista.

Lo que el Muro (también) se llevó.

El arte de lo imposible.

TERCERA PARTE: EL CUERPO

Lolita, la propiedad privada y el Estado.

La caída de la caída del Muro.

Stalin Neocon.

La momia y el fantasma.

Tarántula: Fracasados en vinilo

Iván de la Nuez

 

Después de un periodo de desconexión, llego tarde a Fracasados, último trabajo de Tarántula, que salió en formato vinilo. Un regalo que recomiendo con énfasis.

Los adictos esperamos otras, futuras, entregas…

 

De la demoCracia a la Democracia

Iván dela Nuez

 

Con el totalitarismo siempre al acecho, quizá estamos viviendo un tránsito entre la demoCracia y la Democracia.

(*) En la imagen: la avioneta de Andújar. Con un click sobre ella se aprecia mejor. 

Desgobierno

Iván de la Nuez

 

Una vez asumida su rendición ante los poderes económicos, el cierre de los gobiernos de este mundo es sólo cuestión de tiempo. Sobre todo, porque los poderes públicos siguen reculando sin pudor hacia la segunda fila del teatro; sonriendo y tragando a la espera de que continúe el espectáculo, esta vez sin ellos como protagonistas.

Cuestión de tiempo es, asimismo, el suicidio camuflado de un Estado que actúa como notario de su propia catástrofe, y que va desmontándose día a día dejando al mercado la función de regularlo casi todo. A partir de ahí, se hace bastante innecesario el arte de gobernar.

En su impagable columna de cada martes en La Vanguardia, Josep Maria Ruiz Simón actualizó un término de la profesora Wendy Brown para describir este proceso: desdemocratización.

Un concepto que mide, con precisión, el momento político en el que estamos.

(*) En la imagen, una obra de Glexis Novoa.

El Nobel y el ensayo

Iván de la Nuez

 

Entre las quinielas del Premio Nobel, los ensayistas ya ni se mencionan. El último en obtenerlo fue Octavio Paz, que también era poeta, en 1990. Desde entonces, narradores, dramaturgos y poetas han acaparado el galardón.

No quiere decir que premiados posteriores a Paz no escribieran ensayos –Walcott, Coetzee, Vargas Llosa-, pero son ensayistas de refilón. De ninguno puede afirmarse que el ensayo sea su fuerte, ni el destino principal de su escritura, ni que hayan abierto una perspectiva al pensamiento que, a la vez, innovara literariamente en el género.

No siempre fue así. De hecho, el ensayo aprueba con notable en un premio que, como se sabe, es más famoso por los que no lo tienen: Kafka, Borges, Musil, etc.

El Nobel ha premiado, en cualquier caso, a ensayistas como André Guide, Bertrand Russell, Sartre, Elias Canetti o el ya mencionado Paz. Y resulta curioso que Guide (1947), Eliot (1948) y Russell (1950) lo ganaran prácticamente seguidos. (El propio Churchill ganó en 1953 como autor de memorias).

Que pensar es funesto lo sabemos desde la antigüedad. Y que poner en duda al mundo también. Que el Nobel nos lo recuerde es, sin duda, un acierto de este premio al que eso mismo es lo que suele faltarle: acierto.

(*) En la imagen: Elias Canetti ríe. 

Cuando el mundo entra por la ventana

Iván de la Nuez

 

El Museo Getty acaba de inaugurar una retrospectiva del fotógrafo Abelardo Morell que podrá visitarse hasta el próximo 5 de enero. El título de la muestra es Abelardo Morell: The Universe Next Door y está organizada, además, por el Art Institute of Chicago y el High Museum of Art in Atlanta.

Morell nació en La Habana (1948), dentro de una familia de raíces españolas con la que se exilió en Estados Unidos en 1962. Una vez allí, estudió Religiones comparadas en Bowdoin o llegó a presentar un programa de jazz en el que pinchaba obsesivamente a John Coltrane, cuya música y la de Cage le hicieron acercarse a la “espiritualidad de las imágenes”.

Muy pronto, Cartier-Bresson, De Chirico, Alfred Hitchcock, Diane Arbus o Minor White alimentarían una obra que Joan Fontcuberta ha presentado como propia de un fotógrafo “fuera de lo común” y Charles Simic ha llegado a catalogar como una “poética de las apariciones”. Richard B. Woodward, por su parte, ha descrito sus experimentos de cámara oscura como momentos “casi míticos en la fotografía norteamericana”, mientras que Nicholson Baker se ha enfocado en su conexión con el mundo de los libros y, de paso, en el sentido mágico que adquieren sus fotografías sobre estos.

 

Aunque Morell es un artista norteamericano a todos los efectos de la burocracia curricular, esto no ha sido obstáculo para que, de vez en cuando –tal vez cuando la nieve aprieta-, salga a flote lo que él mismo describe como su “yo cubano”. Un Mr. Hyde habanero que vive dentro de su Dr. Jekyll bostoniano y le lleva a confluir con las eras imaginarias de Lezama Lima, realizar una serie sobre las vicisitudes de su familia recién refugiada en la Norteamérica de los sesenta, participar en el proyecto Cuba: la isla posible (1995) –en el que expuso su conocida pieza Empire State in bedroom-, o regresar fugazmente a su isla natal para formar parte del libro Cuba on the Verge con una serie sobre el medio rural.

En cuanto a su incursión en la cámara oscura, esta le permite operar en una triple dimensión: como técnica, como poética y como proyecto pedagógico a través del cual nos ejercita en el arte de infiltrar el mundo en nuestras habitaciones. En línea con Bataille, esa zona de su trabajo parece regirse por esta convicción del pensador francés: la oscuridad no miente. De ahí que su fotografía consiga avanzar a tientas a través de espacios y objetos encargados de generar ilusión. Así los libros y los sets de telenovelas, las bibliotecas y los estudios de cine, los teatros de la ópera y las cajas de trucos…

De alguna manera, en las piezas de Abelardo Morell las cosas, más que evidentes, son presumibles. Y muchas veces, más que convidarnos a verlas, parecen invitarnos a leerlas. Una obra suya –Alfabeto de agua– afronta la fragilidad de la escritura. Captado por su cámara, ese abecedario está a punto de desvanecerse junto a un mundo que, durante siglos, hemos instalado entre la A y la Z.

 

Otras fotos, en cambio, van a contracorriente de la anterior y evidencian la resistencia de unos libros que, aunque maltrechos o pasados por algún naufragio, todavía sobreviven: como objetos y como útiles de la cultura. Han perdido algún trozo en el camino, pero su sola permanencia vuelve absurda la manida pregunta -“¿qué libro se llevaría usted a una isla desierta?”-, habida cuenta de que han sobrevivido, digámoslo así, por sí mismos.

Las fotos de Abelardo Morell son tramposas, pero no porque clasifiquen como fotografía manipulada, sino porque lo manipulado en ellas es el escenario, y la propia realidad, que mas tarde captura con su cámara. Como si siguiera la pauta de Artaud -“nunca real y siempre verdadero”- a la hora de establecer un arte que tiene un punto anacrónico y que guarda más de un paralelo con el ejercicio de la escritura, la organización de la biblioteca, el emplazamiento del museo o la habilitación del archivo.

Abelardo Morell nos invade, a través de nuestras ventanas, con mundos en los que se cruzan Marc Saporta y Oscar Wilde, Lewis Caroll y Edward Hopper, el Empire State y una montaña nevada. Su proximidad nos ilusiona; su desproporción nos aterra. En ambos casos, nos acompaña –como ante el abecedario de agua- la ansiedad por absorberlos antes de su evaporación.