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El hombre es el mosquito del hombre

Iván de la Nuez

 

 

Bill Gates acaba de difundir una infografía en la que se nos informa acerca de las especies más mortíferas para el ser humano. Un conteo preciso basado en cuántas muertes al año produce cada especie.

El resultado tiene poco que ver con los estereotipos del cine, la literatura o la mitología popular, que suelen atribuirle un grado de mortalidad desmesurado a algunas especies que, en realidad, resultan poco letales si las comparamos con su fama asesina. Y al revés: otras especies a las que Hollywood apenas atiende pueden acabar con la vida de más de 50.000 personas anuales sin que por eso estén rodeadas de un halo de terror.

¿El león? Pues no. El Rey de la Selva acaba con 100 personas al año (lo cual es preocupante), pero no puede compararse con el cocodrilo, que se lleva a mil humanos por delante entre enero y diciembre.

¿El lobo? Tampoco. El viejo enemigo del hombre, al que la literatura clásica llegó a situar como su mayor enemigo, también se mantiene en la decena, lo cual no es “nada” si lo comparamos con los perros rabiosos, que llegan a exterminar a unos 25.000 personas.

¿El tiburón? Pues… tampoco califica como un gran depredador de humanos. Claro que mata, pero sus “damnificados” no pasan de los diez al año. Y eso que, desde el Tiburón de Steven Spielberg, no hay criatura más demonizada en tanto que enemigo mortal de la humanidad.

El caso es que ni el lobo, ni el león, ni el tiburón se acercan, con sus 30 muertos entre los tres, a la chinche (trasmisora de la enfermedad de Chagas) o la mosca Tsé-Tsé (trasmisora de la enfermedad del sueño) que acaparan 10.000 muertes cada una. No hablemos ya de la serpiente, que se lleva al otro mundo a unos 50.000 humanos anuales.

¿Las más mortíferas de todas las especies para nosotros? Pues hay dos que encabezan la lista con enorme ventaja. La primera, el insignificante mosquito, que consigue eliminar a 725.000 personas al año. La segunda, esa ya la imaginamos, el propio hombre, que mata casi medio millón de semejantes cada 12 meses.

La lista es útil para reflexionar acerca de las ideas que tenemos de nuestra propia supervivencia. Y para prevenir y tratar de extenderla, desde luego. Pero también para actualizar nuestro lenguaje.

Decir, después de esta información, que “el hombre es el lobo del hombre” empieza a quedar como anticuado. Viendo la estadística, resultaría más apropiado decir que “el hombre es el mosquito del hombre”. Aunque decir que “el hombre es el hombre del hombre” –y perdón por el trabalenguas- siga siendo lo más exacto para definir nuestra maldad.

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