Duchamp (un ready made de la A a la Z)

Iván de la Nuez

 

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Este abecedario se publicó en la ya desaparecida revista Lateral, número 54, junio de 1999. Lo había perdido. Ni lo guardaba en mi ordenador, que se dañó por esas fechas con el consiguiente destrozo de todos los archivos, ni conservaba el ejemplar de la publicación. Ahora, por causalidad, he conseguido recuperar ese número. El abecedario salió con un artículo complementario –“El hombre que se atrevió a ser libre”- y no tiene mayor mérito: es un vaciado que anticipaba la, por entonces, inminente edición en Anagrama de la biografía de Calvin Tomkins –Marcel Duchamp– con traducción de Mónica Martín. Cada término aloja, o así lo intenta, la voz de Duchamp. Un abecedario que bien pudo ser otro. Otros.

 

Ajedrez

“Juego noche y día y no hay nada que me interese más que dar con la jugada adecuada. El ajedrez es una obra maravillosa de cartesianismo. Gracias a mi estrecho contacto con artistas y jugadores de ajedrez he llegado a la conclusión de que, aunque no todos los artistas son jugadores de ajedrez, todos los jugadores de ajedrez sí son artistas”.

Beber

“Mi querido Gleizes, si no bebiera tanto alcohol ya hace tiempo que me habría suicidado”

Capablanca

El mayor acontecimiento de su vida tuvo lugar en otoño de 1922, cuando jugó contra José Raúl Capablanca en el Marshall Chess Club. El genio del ajedrez, entonces campeón del mundo, jugó veinticuatro partidas simultáneas contra otros tantos miembros del club y ganó veinte de ellas, incluida la que jugó contra Duchamp.

Dadá

Duchamp aclaraba siempre que lo que hacía en Nueva York no era dadá, pero tenía su mismo espíritu. ¿Dónde estaba la diferencia? “Pues bien, los dadaístas estaban verdaderamente entregados a la acción. No se limitaban a escribir libros, como Rabelais o Jarry, sino que libraban una batalla contra el público. Y cuando se está librando una batalla, resulta difícil reírse al mismo tiempo”.

El gran vidrio

Duchamp tenía la esperanza de “avanzar un poco con mi vidrio y quizá terminarlo, si todo sale como quiero; lo único que falta es un poco de trabajo con alambre de plomo, nada extraordinario. Quizá muera sin haberlo terminado”.

Fotografía

“Me gustaría llevar a la gente a despreciar la pintura hasta que surja algo que consiga que la fotografía resulte insoportable”.

Guerra

“Desde una perspectiva psicológica, la guerra me parece un espectáculo sumamente impresionante. El instinto que lleva a los hombres a salir a matar a otros merece un examen atento. ¡Qué absurda concepción del patriotismo!… Personalmente, debo decir que admiro la actitud de combatir la invasión de brazos cruzados.”

Hijos

“Sólo deberían tener hijos los que tengan vocación para ello, y cuantos más hijos tienes, menos libre eres…”

Incesto

El psicoanalista Schwarz sospechaba una pasión incestuosa de Duchamp por su hermana Suzanne. Esto lo interpretó, sobre todo, por su pieza Chico y chica en primavera, que Duchamp regaló a su hermana con motivo de su primera boda.  

Juerga

Huérfano de su madre francesa, Picabia fue complacido en todo por su padre, un libertino cubano. En opinión de su mujer, a Picabia le encantaba desbaratar la soledad de Duchamp, irrumpiendo al volante de uno de sus estruendosos automóviles para llevárselo a una de sus ocurrentes juergas etílicas por los cafés de Montmartre. “Los dos emulaban en su extraordinario apego a los principios destructivos, en sus blasfemias y en su salvajismo que no sólo atentaba contra los mitos del arte sino contra los mismos fundamentos de la vida”.

Man Ray

Se habían visto por primera vez poco después de que Duchamp llegara a Nueva York. En un momento de la tarde, Man Ray y Duchamp jugaron un improvisado partido de tenis delante de la casa de campo de Kreymbourg, con la particularidad de que no tenían ni pista ni red.

Nueva York

Nueva York fue para Duchamp otro paso hacia la libertad.  Esa ciudad, en sí misma, le resolvía un problema: el pasado no era importante. Para un iconoclasta de su naturaleza esto era el no va más. “En Europa, todos los jóvenes, sean de la generación que sean, actúan siempre como nietos de un puñado de grandes hombres.” Nueva York era otra cosa. Era una ciudad en la que los vivos tenían más importancia que los muertos.

Obra

“¿Se pueden hacer obras que no sean obras de arte?”

Pintura

“Pintar se ha terminado. ¿Hay alguien capaz de hacer algo mejor que esta hélice? ¿Acaso sabrás tú?” (A Brancusi, ante un avión).

Ready Made

“Que el señor Mutt hiciera o no la fuente con sus propias manos carece de importancia. La eligió. Cogió un artículo de la vida cotidiana y lo colocó de modo que su significado utilitario desapareciera gracias a un título y a un punto de vista nuevos: creó un pensamiento nuevo para ese objeto.”

Seducción

“Al entrar (en la habitación de Edgar Varèse), oí una tos y, al volver la cabeza, me encontré con la cara de un hombre que estaba sentado al otro lado de la cama. Marcel sonrió. Yo sonreí. Varèse dejó de existir.”

Tristan Tzara

Duchamp propuso a Tzara que se metieran juntos en un negocio de venta por correo de cadenillas metálicas, a dólar la pieza, que llevarían colgadas las letras D, A, D, A. Éstas se anunciarían como una panacea universal: “si tienes un dolor de muelas vete al dentista y pregúntale si es dadá.” Duchamp se encargaría de la distribución en Estados Unidos y Tzara en Europa, pero el proyecto no avanzó jamás.

Urinario

-No podemos exponerlo-, insistía Bellows, al tiempo que sacaba un pañuelo y se secaba la frente.

-Tampoco podemos rechazarlo. Ha pagado la cuota de admisión-, repuso Walter sin perder los estribos.

-¡Es una indecencia!-, exclamó Bellows a gritos.

-Eso depende del punto de vista, puntualizó Walter, reprimiendo una sonrisa.

Vida

Duchamp había hecho una elección. Las elecciones que constituían la base de su obra se reflejaban en las negaciones de su vida privada. Había una cierta sangre fría en esas negaciones que llevaban consigo una cierta carencia de vida.

William Carlos Williams

“Duchamp había estado bebiendo. Yo estaba sobrio. Por fin me encontré cara a cara con él caminando por la habitación y le dije:

-Me gusta su cuadro.

Él me miró y repuso:

-¿Ah, sí?

Eso fue todo.

Consiguió dejarme totalmente perplejo, si eso era lo que pretendía. Me habría gustado que me tragara la tierra, hacer rechinar los dientes, darle la espalda y escupir…”

Xenia Cage

Durante un tiempo, Xenia Cage, esposa del músico vanguardista John Cage, pasó a ser la auténtica ejecutora de una serie de cajas con trabajos de Duchamp que se vendieron muy bien en Nueva York, al punto de que el mismo Duchamp le adjudicó el crédito del montaje de sus Boîtes.

Yo

“Estaba realmente tratando de inventar, y no meramente de expresarme. Nunca me interesó verme reflejado en un espejo estético. Mi intención fue siempre la de escapar de mí mismo, aunque siempre fui perfectamente consciente de que me estaba aprovechando de mí. Llamémosle un jueguecillo entre y yo.”

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4 comments ↓

#1 ernesto menendez-conde on 02.03.10 at 7:15 pm

Muy ingenioso. Que gran curiosidad eso de la partida entre Capablanca y Marcel Duchamp. Supongo que, como se trataba de una simultanea, posiblemente no exista ninguna transcripcion. Saludos.

#2 Juan C Recio on 02.03.10 at 7:20 pm

Muy interesante, lo he disfrutado, gracias por compartirlo.
JC Recio.

#3 Amilcar Barca on 02.04.10 at 12:36 pm

“¿Se pueden hacer obras que no sean obras de arte?”. Este punto es basico para un curador hoy en dia

Amilcar Barca

#4 Iván on 02.04.10 at 9:44 pm

Ernesto, Recio, Amílcar: Gracias por comentar e interesarse. Desde luego, he buscado la partida, pero no he tenido suerte. Por la fecha, y por tratarse de una simultánea, debe haber empezado por e4. Un clásico «peón 4 rey». Pero no estoy seguro. Duchamp se preparó para esto como si le fuera la vida en ello.

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