Un arte fuera de sí

Iván de la Nuez

(Texto para el catálogo de la exposición Everything is out there, que se inaugura hoy en La Casa Encendida.)

    

  

 Christodoulos Panayiotou, Wonderland, 2008

  

Uno

Si “todo está ahí fuera”, entonces ya no quedan outsiders.

Dos

No es suficiente con salir a ese “afuera”, como quien arma una expedición hacia otros mundos -lo social, la contestación, la publicidad, la aventura, la política, la cartografía, la verdad- y se va haciendo con nuevas vituallas para las obras. No basta, siquiera, con salir  del museo. Es pertinente intentar la posibilidad de salir del arte.

Tres

El “afuera” no es, aquí, una panacea. Salir implica acometer un vaciamiento del interior. Cortar, por así decirlo, las cuerdas de seguridad. Sólo entonces, valen las evocaciones. Estas, por ejemplo: La verdad está ahí fuera como leit motiv de una popular serie de ciencia ficción. Ante ese afuera sideral, todo resulta pequeño, pues, a fin de cuentas, ¿cómo enfrentar lo ínfimo con lo infinito; la verdad con La Verdad? Barthes clamó una vez por buscar lo verdadero en la epidermis. Se desligaba así de asumir como cierto y “auténtico” el interior y la sangre; la víscera y el tuétano. Foucault prefirió reivindicar el pensamiento del afuera, una estratosfera soñada por Blanchot en la que las palabras volverían a designar las cosas. Kundera lo dejó claro, desde el título mismo de una novela: La vida está en otra parte. Lo externo es también la marca de las utopías: allá –Allá- hay una isla remota que opera como un contenedor de alternativas a nuestro mundo. Sólo que es tan perfecta (y tan siniestra) que es mejor mantenerla a lo lejos -como el lugar que no existe.

Cuatro

Pocas veces, como ahora, el arte se había abismado tanto a otros mundos. Y pocas veces, como hoy, ha regresado tan maltrecho de ese viaje. Como arrastrando el peso de una desproporción. Entre una ida plena de posibilidades y una vuelta tan previsible a ese museo que sigue siendo la Ítaca a la que todo artista regresa para dar fe del mundo. En todo caso, lo reprochable del arte actual no está en el hecho de expandirse, sino en no hacerlo suficientemente.

Cinco

A este itinerario hay quien le sigue llamando “utopía”. Aunque también podríamos llamarle “turismo”.

Seis

Es loable la ilusión de un museo imaginario. Pero es más fructífera la idea de un arte imaginario. Se sabe de una esquina de ese afuera –la literatura- donde esto ha sucedido con eficacia. Ahí estuvieron, una vez, Wilde y Chesterton. Y Balzac-Poe-Chéjov-Rilke-D´Annunzio-Wharton… Aquí están, ahora, Auster y Delillo. Y Michel Houellebecq-Ignacio Vidal Folch-Julián Rodríguez-David Markson-Javier Calvo-Álvaro Enrigue-Julián Ríos-Roberto Bolaño-PatrickMcGrath… Ellos convierten al arte contemporáneo en una especie de “género” literario, un territorio de la novela. Y apuntan a la necesidad de una narrativa antes que a una teoría del arte. 

Siete

En ese cruce, hay una creadora –Sophie Calle- que ha pasado de artista a personaje, y de personaje a Musa. Paul Auster, Grégoire Bouilliere o Enrique Vila-Matas han estado ahí fuera, esperando. Esperándola. En el punto exacto en que la muerte del autor –que desde Barthes y Foucault no cesan de repetir creadores de todo tipo- debería evocar también, no sin fatalidad, el fin del artista.

Ocho

Pese a su pretenciosa cartografía –que impera incluso más allá del afuera, en el espacio ubicuo del éter- eso que seguimos llamando “arte contemporáneo” no puede ser visto como un arte “mundial”, sino “mundano”. Worldly más que World. Y no es global, como grita a los cuatro vientos, sino local. Y es local, pero no porque tenga una escasa expansión geográfica, sino por la claque inamovible que lo gobierna, por ese carácter de secta que lo ha dotado en las dos últimas décadas de una fantasía de perpetuidad.

Nueve

La definición “arte contemporáneo”, no deja de ser perezosa y algo falaz. Parte de dos eternidades falsas: la de Historia Contemporánea, apuntada por Lenin validar la eternidad del comunismo. Y la del Fin de la Historia, apuntada por Fukuyama para validar la eternidad del capitalismo. Pero mientras lo contemporáneo apunte al infinito, no hay alternativa en el tiempo, sino en el espacio: en una búsqueda agónica en el afuera. Por eso no es ya una estética, sino una estática del arte, lo que menor define el actual estado de cosas.

Diez

El afuera no es obligatoriamente una entidad abstracta. Y allí el artista no es, necesariamente, una bala perdida. Es, más bien, una especie de argonauta en otro sistema cultural. Un sujeto en diáspora que engrosa la cultura maltrecha y distinta de esos hombres que Hugo de Saint-Victor previó que rozaban la perfección: aquellos “para los que el mundo entero es como una tierra extranjera”.

Once

El arte es un oficio remoto. Una dedicación rupestre que lleva un siglo despidiéndose, pero no ha aprendido a marcharse.

(*) Everything is out there es un proyecto de Rosa Lleó y Zaida Trallero, premiado en el certamen Inéditos 2010, de Casa Encendida. Cuenta con obras de Haris Epaminonda, Hans-Peter Feldmann, David Ferrando, Jorge Macchi, Fran Meana, Christodoulos Panayiotou, Oriol Vilanova y Javier Álvarez (Néboa). Inéditos 2010 puede verse en la sede de La Casa Encendida, Madrid, desde el 29 de junio hasta el 29 de agosto.

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6 comments ↓

#1 Tenchy on 07.05.10 at 12:42 pm

Caro Iván, decía José María Valverde que la conciencia lingüística de nuestro tiempo era inevitable, pero que ésta llevaba a escribir que se escribía, dando vueltas alrededor de la palabra, de manera que lo que al comienzo era brillante luego se convertía en estéril. Será eso que ocurre en el Arte Contemporáneo y su más jovencísima crítica? Comienzo a hartarme de la necesidad de comprender primero el concepto, antes de sentir el simple placer estético que me propone la obra. Te agradezco pues, la síntesis de las numeraciones.

#2 Casilda García Archilla + sociedadediletantes on 07.09.10 at 8:43 pm

En Salonkritic comenté a este escrito tuyo algo así como que «quizá nos tomemos demasiado en serio ese mercado llamado «arte contemporáneo».

Ahora, al leer el comentario de Tenchy, al que me adhiero, añado, que por qué es que hay tantos y tantos comisarios (de arte??¿¿¡¡ eeh???) pululando por ese mundillo y llenándolo todo con sus ilegibles escritos, como si los artistas fuéramos una panda de ignorantes y debieran deletrear ellos nuestros vagidos

#3 Dark Pravda on 07.19.10 at 8:14 am

Tenchy: ¿Estamos próximos a dejar de escribir cuando escribimos que escribimos? Escríbamos como si viviéramos mientras el papelalcance.
La información es el prestigio que antecede: Que alguien entre a contemplar una obra en una galería es parte del concepto que la obra contiene como lo son Contemplar, Obra de arte, Galería…El concepto es inevitable pero sólo es capcioso si te dejas llevar por él a él mismo, de todas formas. Como en todo, hay un arte concepual cómodo (que le basta el cojín de sus clásicos) y un arte de formas, por así llamarle, que ha dado la vuelta en redondo y trae el concepto como una brisa, si explicaciones que atenten contra la margarita en el paladar o lo adoquines del paseo. El arte va hacia donde va, no importa qué intentan las partes interesadas o desinteresadas.
Casilda…: Sigue siendo duro salir a cazar mamuts después de pasar la madrugada pintándolos en las paredes de la caverna. La división social del trabajo es sólo una desgracia evolutiva más. Deletrear vagidos es de honrar si aceptas que no sabes hacer pan, si el panadero no amasa el ordenador cuando el servidor no funciona, si el que da las órdenes no se acuesta muy pero que muy tarde pintando y el modelo de servicio no intenta gobernar una república, La Repúlica modelo donde la masa toda pinta, se deja pintar, muje y se comenta a sí misma al mismo tiempo como un gran ser integral que rebasó todas sus limitaciones.
Otro deletrear afilado de Iván.

#4 Tenchy on 07.30.10 at 11:58 pm

Carísimo Dark, de dar vueltas alrededor de la palabra y de manera estéril se ocupa una parte de nuestra crítica contemporánea, es un hecho y una verdad a voces, no apenas “mi verdad”… eres tú un crítico o un artista? Yo ni artista de la plástica ni crítico, apenas una espectadora que tiene una relación muy visceral con la obra de arte y por eso reivindico primero mi placer estético (suena egoísta pero soy honesta). Me armo en mecenas y gasto lo que tengo y lo que no tengo en obras de arte. Es un placer y un deber ante tanto talento inadvertido.
Antes de observar – leer el concepto, doy un vistazo simplemente, que también es legítimo… Un atisbo me hace sublimar o impugnar lo que veo, para siempre.
Cuando la obra de arte tiene que justificar la idea a través de la palabra y poco o nada me transmite, «a priori», entro inexorablemente en terreno minado, no es culpa mía, es mi compleja sensibilidad 😉 y mi dulce diletancia.
El arte de nuestros días está permeado de muchos: «el rey va desnudo», esa es mi opinión y mi experiencia. Habría que asistir de cámara oculta a las galerías y escuchar los comentarios… por supuesto, no el día del vernissage donde asistimos amigos,entusiastas y hacedores. El Arte parafraseando a Iván y a nuestro popular dicho “está fuera de sí”… en tránsito.

#5 Dark Pravda on 08.23.10 at 8:28 am

Tenchy, mundo de reyes desnudos y expertos en decir nada este que nos toca: Descomunales elevaciones de imágenes sobre océanos de palabras. Creo en el fogonazo retiniano y en la segunda lectura por igual. Entiendo de qué estás harta y me parece excelente cómo te escapas.
¿Que si hago arte o crítica? Digamos que un arte crítico, de oscuras verdades y poco diálogo con los muebles…

#6 Tenchy on 08.23.10 at 9:59 pm

Dark, me gusta mucho lo del «Fogonazo retiniano», daba un excelente título para ese océano profundo y fecundo que nos ocupa 😉
Y Déjame escapar…,le estoy tomando la palabra el abate Dinouart.
Un abrazo

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