Leviatán o la ballena

Iván de la Nuez

Leviatán o la ballena tiene la monumentalidad, la ambición, el recorrido y alguna desproporción propia de los cetáceos cuya aventura persigue a través de océanos y siglos.
Philip Hoare, su autor, ha conseguido un libro inclasificable y magnético, debido a sus miedos y obsesiones, tanto como a su fascinación y sobrecogimiento.
Ahí está, en toda su expansión, la gigantesca criatura; anterior al hombre y a la que no pocos consideran que conseguirá sobrevivirlo. Nadando entre la Biblia y Perseo, Melville y John Donne, Thomas Hobbes y John Huston. Aplastando a Ray Bradbury, que adaptó febrilmente Moby Dick para el cine hasta acabar hundido por el “peso de Melville”. Ahí está, avanzando hacia Nathaniel Hawthorne, D.H. Lawrence, Turner, Orson Welles, un chiste colocado por Shakespeare en la boca de Hamlet…
El libro de Hoare es, en sí mismo, un cetáceo gigantesco que evoca la inmortalidad y la supervivencia, el misterio y la orfandad. Una ballena que es la isla primordial y el Estado moderno, la naturaleza y Manhattan…
Por las investigaciones de Hoare sabemos que la ballena está ligada directamente a la trata de esclavos y al abolicionismo. A fin de cuentas, en los siglos XVIII y XIX la caza de ballenas y la esclavitud coexistieron “como dos industrias transoceánicas”. Ambas “condenadas por cimentarse en una explotación insostenible de sus respectivos recursos cetáceos y humanos”. También conseguimos enterarnos que -además de Jacqueline- un muy distinto amor por las ballenas conectó las vidas de Kennedy y Onassis (no adelanto aquí más).
La caza de la ballena es transcultural: la practican desde los esquimales hasta los ingleses, desde los noruegos hasta los japoneses. Un oficio durísimo, de hombres solos, a menudo poblado por oblicuas tramas homoeróticas. Empresa que tiene asimismo una “cara B” femenina, en tierra firme; cargada de mujeres igualmente solas y avezadas en el uso de rudimentarios aunque efectivos consoladores, conocidos en los puertos balleneros del siglo XIX como “él-está-en-casa”.
Nada representa la vida, nos dice Philip Hoare, “en una escala tan descomunal” como estos “paradójicos animales”, cuya existencia se sitúa “más allá de lo normal”. Monstruos gregarios y solitarios, egoístas y altamente solidarios, pueden alcanzar una sexualidad tan divertidamente orgiástica en unos casos, como un imposible apareamiento en otros. Y si bien las ballenas son previas a la existencia del hombre, sólo las conocemos en profundidad desde fechas recientes. De hecho, vimos primero a un hombre pisar la luna que nadar a una ballena bajo el agua (lo que no se produjo hasta 1984).
Ballenas blancas y grises, azules y barbadas, cachalotes y enanas, jorobadas o nervales… No nos deben nada que no sea nuestra hostilidad. Ni siquiera obtuvo pasaje la ballena en el Arca de Noé, aunque se las arregló por su cuenta para sobrevivir al Diluvio universal.
Una vez leído y acabado, Leviatán y la ballena nos deja el mismo desasosiego que embargó a su autor cuando nadó junto a un ejemplar de estas proporciones. Al desaparecer de súbito ante nuestra vista, solo nos queda un vacío proporcional a su gigantesca presencia.

3 comments ↓

#1 nappy hair on 12.29.10 at 5:18 pm

:+( tu prestas libros? Seria buenisimo que me EM-prestaras Leviatán o la ballena. Recuerdas el amor de Mister Geppetto por Pinocchio en las aventuras de Carlo Collodi? Cuando lo sale a buscar en el bote y a Pinoccio se lo llevan las olas… yo pensaba que era dentro de una ballena que se habian alojado por que asi son los dibujitos de la version de Walt Disney, pero si te fijas en la version original del libro, es dentro de un. terrible pez-perro . No si hablan de eso en tu libro. Bueno gracias por la recomendacion.

#2 Gerardo Munoz on 12.29.10 at 6:03 pm

Pero quizas sea el Ziz, ese mitologico grifo hebreo, el mas interesante de las bestias…
http://gerrypinturavisual.blogspot.com/2010/10/sobre-los-pajaros.html

Un abrazo, y gracias por la recomendacion.
G

#3 IváN on 12.30.10 at 7:10 pm

Ambos salen en el libro. En particular, Pinocho, en un apartado en el que se habla de la mitología alrededor de gente que ha sido “devuelta” por las ballenas: desde Jonás hasta pescadores normales y corrientes o un “clérigo indigerible”. También se da el dato de que el mismo barco con el que se filmó Moby Dick fue el de La isla del Tesoro. Cito de memoria porque ya presté el libro. Así que sí, presto libros; y no he perdido ninguna amistad por ello. No porque la gente no se los quedara (que lo han hecho con cierta frecuencia), sino porque no se lo he tenido en cuenta. Hay traiciones peores.
Saludos G y nh.

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