El arte de apuntar

Iván de la Nuez

 

El arte de apuntar es una manifestación creciente de la política contemporánea. Ese dedo inquisidor que intimida y delata. El que traza el círculo de la diana, encierra el objetivo y dibuja el destinatario de las balas -todas esas cosas que parecían exclusivas del terrorismo-, va camino de convertirse en un estilo habitual de la cosa pública. No se trata ya de señalar al enemigo externo. Ahora, el boceto de la ejecución está destinado también a paisanos que comparten pasaporte y sistema político.

En España, por ejemplo, dibujar una diana y marcar el objetivo puede ser considerado un acto terrorista. Porque no hay que llamarse a engaño; en la secuencia patibularia de esta corriente, después del “¡Apunten!”, suele venir el “¡Fuego!”.

Es probable que el Tea Party o la ultraderecha norteamericana no sean jurídicamente culpables en el tiroteo de Arizona. Pero sí son políticamente responsables. (Robespierre no manejaba la guillotina, pero es él, y no el verdugo de turno, quien ocupa un lugar en la historia política de la decapitación).

Los cubanos sabemos algo del arte de apuntar. De hecho, Fidel Castro no puede entenderse sin el dedo y el micrófono. Esos símbolos revolucionarios que evidencian la exageración del gesto y la amplificación de la palabra. Los hay, incluso, que han alzado el dedo y perseguido con saña en su nombre y en su contra. Cambiando el dogma; pero no el ademán. (Cuánto hemos necesitado que esa generación se dejara, de vez en cuando, el dedo en el bolsillo y la lengua en la boca).

Tanto como asimilar que, en democracia, no se pone al adversario en la mirilla. Por ese camino, la aclamada muerte de la política no es más que un puente hacia la política de la muerte.

(*) Publicado originalmente en Diario de Cuba, en la columna “La semana en una imagen”.

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9 comments ↓

#1 Daniel A on 01.15.11 at 8:17 am

Creo que lo de la diana es grave, pero más grave es hacer un llamado pidiendo “Warriors” para el senado y el congreso. Que dejen a los guerreros en los asuntos de la guerra. Hay mil manera radicales de oponerse que no llaman al linchamiento del contrario.

#2 Niafunké on 01.15.11 at 1:29 pm

Nunca he logrado entender esa “necesidad” o torpe tendencia que tiene la gran mayoría de los intelectuales de la llamada diáspora cubana, de establecer un credo anticastrista o una analogía forzada, a la hora de criticar un hecho concreto, o de ejercer el pensamiento crítico respecto a una ideología contraria a la castrista. No se dan cuenta que con esa postura se contribuye a esterilizar la denuncia, cualesquiera que esta sea y en cualquier sentido… además de que sufre la credibilidad. Quizá es por esto, entre otras cosas, que el discurso o la crítica al castrismo no ha tenido la trascendencia rigurosa y necesaria. En resumen, la ambigüedad y el maniqueísmo caracterizan el ideario anticastrista.

Saludos.

#3 carla on 01.15.11 at 3:45 pm

Para estos politicos ya es hora de tomar unas clasesitas con el maestro gila. es el enemigo

:+)

#4 IváN on 01.15.11 at 5:58 pm

Niafunké: en mi caso, ninguna necesidad, porque no vivo de eso. Si lee abajo, verá que este breve post (300 palabras) es el primer artículo de una sección que tiene el siguiente contexto: es para un diario electrónico dedicado a temas cubanos, que se publica en Madrid y es leído por muchos que viven en USA. Me pareció bien empezar con una situación que triangulara entre estos aspectos, dentro del clima crispante de una política que daja de serlo y en cuyo círculo vicioso los cubanos están inmersos también. Si soy ambiguo o maniqueo, sin duda se debe a mi incapacidad para no serlo, no porque sea esa mi intención. Pero ya sabe, escribimos como podemos no como queremos. Gracias por comentar otra vez por aquí y tenga lo mejor para este año.

#5 Gerardo M. on 01.15.11 at 6:16 pm

Y por ahi un estudio de la densidad semantica del Tea Party no estaria mal. Ahi ciruculan palabras como “shoot” y “target”, “hit” y “blood”. Vemos que el terror, ya institucionalizado por aquellos que supuestamente lo combaten, se derrama en el propio lenguaje.

G

#6 Niafunké on 01.15.11 at 6:26 pm

Iván: a su respuesta, solo deseo añadir que la necesidad no está siempre relacionada o vinculada con la remuneración o el dinero. Hay necesidades que emanan de muchas otras debilidades o padencias. Por otro lado, el hecho de que su artículo se escriba para una publicación de asuntos cubanos no lo salva de la tendencia a la cual hago referencia, más bien lo consagra debido a eso que llamamos oportunismo editorial, y que vincula un importante suceso del momento con lo que se desea, aunque no tengan una relación objetiva. Gracias, y un feliz año para usted.

#7 VV on 01.16.11 at 10:32 am

“El ‘discurso del odio’ envenena la democracia”
Los expertos avisan de los efectos devastadores del lenguaje político agresivo. (Público)

A mí me parece bien que esos grandes problemas mundiales sean comprendidos dentro de un asunto como el cubano y también lo contrario. El castrismo como “estilo” no se acaba ni en la isla de Cuba ni en Fidel Castro ni en la izquierda. Aquí dejo un link sobre el discurso del odio.

http://www.publico.es/internacional/

#8 'Barbarito, el lector cubano' on 01.17.11 at 9:09 am

Muy acertada tu 1ª colaboración en el ‘Diario de Cuba’.
Por lo visto, na’ más empezar “ya has puesto el dedo en la llaga”.
Sigamos viendo las imágenes y leyendo (tratando de aprender) las miles de palabras que estas pueden generar.
Saludos.

#9 bubbles on 01.17.11 at 8:22 pm

Hey ya te fuiste para siempre o vuelves pronto?

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