Iván de la Nuez

Para aquellos que vivieron bajo el Comunismo, resulta frecuente encontrar a antiguos guardianes de la fe estalinista reconvertidos hoy en baluartes del Nuevo Dogma. A escritores que durante décadas dedicaron fervorosos libros a mariscales y milicianos, guardias rojos y proletarios, avanzar en la actualidad como celosos militantes del neoliberalismo. O a los Eltsin y Putin del viejo mundo -salidos de las entrañas del Politburó, el KGB, la Stasi-, aclamar al FMI como antes aplaudían, desde la unanimidad, las directrices del PCUS.
Por suerte, hay también quienes han practicado su oposición en dos direcciones; y han sido capaces de sostener, en el Postcomunismo, la energía crítica con la que antes habían enfrentado al Antiguo Régimen. Tal es el caso de artistas e intelectuales como Ilya Kabakov y Boris Mikhailov, Frank Thiel o Dan Perjovski, Slavoj Zizek o Deirmantas Narkevicius. Todos alejados del oportunismo de la conversión y, al mismo tiempo, de la tentación por la “Ostalgia”: esa melancolía tan extendida en el nuevo cine berlinés –Good Bye Lenin, La vida de los otros- como en el arte de Neo Rausch y la Escuela de Leipzig.
En esa disidencia doble, Boris Groys ocupa un espacio muy particular. Desde Obra de arte total Stalin (escrita casi por completo en la URSS) hasta Comunist Postcript, pasando por libros como Sobre lo nuevo o Bajo sospecha, Groys despliega una epopeya teórica que va dibujando la “condición postcomunista”, que se expande hasta el arte o un nuevo humanismo, los media o el declive del liberalismo visto como una consecuencia directa de la caída del Muro de Berlín.
Si nuestra izquierda no siguiera solazada en su particular Ostalgia “occidental”, tal vez podría reconocer en voz alta que lo mejor que ha podido sucederle es, precisamente, el derribo de aquel Muro que no sólo se cayó hacia el Este. Desde entonces, como apunta Groys, es posible hablar sin coartadas. Y ofrecer una alternativa de mundo sin la sombra tiránica de aquellos regímenes que habían hecho carne, y sangre, la idea comunista.
(*) Publicado en el diario Público, como cápsula de acompañamiento a una entrevista con Boris Groys. La foto -”Red”- es de Boris Mikhailov.
6 comments ↓
Hay que leer, esto, que delata el fariseismo de el de LA NUEZ, pero del gollete vomitivo:
“Desde entonces, como apunta Groys, es posible hablar sin coartadas. Y ofrecer una alternativa de mundo sin la sombra tiránica de aquellos regímenes que habían hecho carne, y sangre, la idea comunista.”
¿Sin coartadas?, siempre se ha podido hablar, pero para los coherentes, radicales y objetivos; no te Jo………de!
¿Qué es eso de la SOMBRA TIRÁNICA?
Dónde está la sombra y el objeto, la amenaza y los amenazados?
Siempre, siempre siempre Y sIEMPRE LA MATERIALIZACIÖN de una REVOLUCIÓN conlleva sangre¿Y qué?
Demagogo y chigasravis!!
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GRAMSCIEZ
Chigasrabis!
Gramsciez: A usted le parece que la sangre tiene poca importancia. “¿Y qué?”, llega a decir, quitándole toda importancia ante la empresa mayor de la Revolución. Espero que esté usted derramando la suya. Si es así, no tengo más que quitarme el sombrero. Pero si está a resguardo, entonces el demagogo es usted. A mí la sangre sí me importa. Para empezar, la mía. No soy un héroe por ello, pero no querer morir por otro/s es cualquier cosa menos un acto de demagogia. Otra cosa: ¿puede citarme una sola revolución que se haya venido abajo en 1989? ¿Qué quedaba de revolucionarios en esos estados? En cuanto al gollete, etc., le agradecería que vomitara en su casa. Creo que tenemos un grave desacuerdo con los fluidos.
Gramsciez, jo…der. Si Gramsci estaba prohibido en los países comunistas.
[...] de la Nuez escribe hoy sobre el postcomunismo, el cambio de chaqueta y eso llamado “Osltagia”. [...]
Boris Groys es unos de los escritores más lúcido de todos los tiempo sin duda alguna, desde las ciencias sociales, políticas, la historia…eso sin hablar de ser el teórico del arte más auténtico…porque se somete a sus propias experimentaciones..y la Obra de Arte Total es una joya…tuve la suerte de hacer un taller y me marcó por siempre en la manera que entiendo lo qué es hacer arte…más bien ya estaba haciendo esas mismas búsqueda pero el logra sistematizarlo…y nada, equipara la producción artística a la organización política y la puesta en escena de una ideología…en fin.
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