Don Carnal vs Don Virtual

Iván de la Nuez


Esta semana, el carnaval llegó a su fin en distintas latitudes. No hay confín, por remoto que sea, que no celebre estas fiestas, cuya geografía enlaza a Tenerife con Río, a Sydney con New Orleans, El Callao con Cádiz, a Sitges con Venecia…

Sin el carnaval, quizá tendrían menos esplendor las obras de Mozart y Rabelais, Vinicius de Moraes y Fernando Ortiz, Mijaíl Bajtin y Benítez Rojo, David Byrne y Chico Buarque, Isak Dinesen y Pío Baroja. Severo Sarduy o Alejo Carpentier se sirvieron de la liturgia y la trastienda carnavalesca para descifrar incógnitas culturales en las que estaban inmersos. Del barroco al postmodernismo, de las fiestas de pueblo a la pantalla global, no ha habido época o estilo, ni escuela ni género, que se haya resistido al influjo del carnaval y lo adaptara a cualquier circunstancia.

En estas fiestas se han urdido revoluciones futuras (como fue el caso del 26 de julio de 1953 en Santiago de Cuba) y se han reivindicado revoluciones pasadas (esa insólita carroza con un Che Guevara ficticio acompañado por su hija real en Brasil).

El carnaval lo ha aguantado todo y todo lo ha arrollado: la caza de brujas y Torquemada; Carlos I y Felipe II; el rubor de las oligarquías y la dictadura del proletariado.

No hay régimen que no disponga, para su sostenimiento, de distintas válvulas de escape. El carnaval, históricamente, ha sido una de ellas. Como el mundo al revés que también es, a través de sus jornadas los esclavos han imaginado la libertad, los pacatos han probado el desenfreno, los castos la orgía, los hombres su feminidad, los feos han sido bellos y los pobres ricos. Una vez, un grupo de periodistas preguntó al Rei Momo por qué, si salían de las favelas, sus carrozas aludían tanto al oro y la riqueza. El Rei Momo fue lacónico: “La miseria sólo le interesa a los intelectuales, a los pobres nos encanta el lujo”.

El carnaval mantiene el pulso pagano ante una tradición sagrada y ahí, donde la carne vale, se da la paradoja de que, disfrazados, conseguimos quitarnos nuestras máscaras.

El carnaval ha resistido incluso, y con buena salud, la Era de Internet con sus vidas virtuales o esos carnavales programados a la carta para disfrutar solos y en casa.

Las imágenes de estos días son pruebas concluyentes de que, aún en un mundo gobernado crecientemente por Don Virtual, Don Carnal se mantiene, de momento, incólume.

(*) Publicado originalmente en Diario de Cuba, en la columna “La semana en una imagen”.

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2 comments ↓

#1 Luis Torrens on 03.16.11 at 10:35 am

Hola Ivan, me pongo en contacto contigo para invitarte a una jornada de debate, que realizamos el 19 de marzo en Cornellà de Llob. Partiparan: Ramon Parramon, Oscar Abril Ascaso, Victor Nubla, Jordi Colobrans, Joan López, Tere Badía y Oscar Abril Ascaso.
Si quieres te envío el programa.
Luis

#2 Ernesto Menendez-Conde on 03.18.11 at 6:32 pm

Delicioso escrito. Muchas gracias Ivan. La idea de Don Virtual y Don Carnal, me ha gustado muchisimo con la referencia al Libro del Buen Amor, que es una obra totalmente carnavalezca.

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