Bin Laden, Fontcuberta, Ai Wei Wei: ausencia, exceso y petrificación de la imagen

Iván de la Nuez


 

En la semana que ha continuado la polémica sobre el cuerpo no visto de Osama Bin Laden, se ha certificado otra ausencia: la del artista chino Ai Wei Wei en sus próximas exposiciones en Londres. Parte de la opinión publicada habla de la necesidad del cuerpo vivo de Bin Laden para que este pudiera juzgarse. En el caso de Ai Wei Wei, se requiere su presencia, ante todo, para que este pueda ser defendido.

En esas estamos cuando Joan Fontcuberta se ha decidido a publicar, en el suplemento Culturas, de La Vanguardia, su «manifiesto post-fotográfico». En él, va diseccionando los distintos usos de la fotografía y los gajes de un oficio, el de fotógrafo, que considera próximo a desaparecer. Aunque, curiosamente, no por su extinción sino por su proliferación.

La transformación de la fotografía en un hobby; y de la cámara en un apéndice prácticamente humano (incluso inhumano, ya hay mascotas que tiran fotos), ha generado una mutación sin precedentes en la fotografía y en las imágenes mediante las cuales hoy narramos el mundo.

«Probablemente», abunda Fontcuberta, «hoy Alonso Quijano no enloquecería en las bibliotecas devorando novelas de caballería sino absorto frente a la pantalla calidoscópica del ordenador».

Una de las piezas que Ai Wei Wei expondrá en la Lisson Gallery consigue sin embargo un quiebro en esa apoteosis de la fotografía. Cámara de vigilancia (así su título) está concebida como una escultura de mármol. Esa condición marmórea del objeto es todo un contraste con la debilidad del vigilado; la presencia pétrea de la escultura con la ausencia del artista. La cámara, aquí, ya no funciona como una prótesis de nuestro organismo, sino como objeto escultórico de veneración estética, un fetiche listo para el mercado de arte.

Que en este mundo atiborrado de imágenes se nos escamotee la foto final del terrorista no deja de ser una paradoja, como lo es el hecho de que ese mundo contemple —es un decir— como un evento lógico el secuestro del artista.

Un momento curioso en el que la catarata de imágenes acaba escondiendo las vidas y las muertes que se supone deberían narrar.

 

 

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1 comment so far ↓

#1 Dark Pravda on 05.23.11 at 5:37 am

Una muerte de La fotografía a manos de su propio proliferar tal vez fuera posible si con esta expansión no se contrajeran a la vez los criterios de valor, en una suerte de efecto de compensación de la cantidad y banalidad de la imagen, aún en la tierra donde la banalidad es el primer valor..
La ausencia de la imagen como evidencia de su controlador más obvio, el que dice “enseño” o “no enseño”, como quien acciona el libro de las caras…
Hay algo en Banksy, además de la mirada sobre la mirada del vigilante, que también fascina en Wai: La ubicuidad mediática de sus ausencias y la autoreflexión de ese anonimato (o secuestro) como anticipación y finalidad de un orden político con plena apariencia y validez estética.
Observo que Ai Wei Wei, leído fonéticamente en inglés y llevado al castellano significaría: “Le doy camino al camino” o cosa así
El otro: ¿Banco en el cielo, banco en el cielo El Banco dice sí, cielo prohibido…Dios, arte y mercado, omnipresencia, media, sistema legi-timador, publicidad involuntaria, efectividad de acuerdo a un obrar dado por reglas no escritas y menos compartidas?
Volao.

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