El otro

Iván de la Nuez

Ya no sólo invitamos a un café o a una copa. O al cine (algo que ya suena antiguo). Ahora, además, solemos “invitar  a amistad”. Es lo que tiene la expansión de las redes en nuestra experiencia. Y aunque es cierto que en ellas es posible rehusar cuando se nos convida, también es verdad que cada vez resulta más difícil zafarse de la invasión a la que se nos puede llegar a someter. A veces, incluso, no hay manera de mantenerse al margen, según la red social en la que caigamos. Es el caso de “Quepasa”, una de las más incontrolables e insoportables. Y, también, una de las más inútiles.

“Quepasa” echa a rodar y ya no hay quien la detenga. Ella te mete en su engranaje y, de súbito, te encuentras “invitando a amistad” a todo lo que se mueve por el éter. Tanto a gente que tienes muy cerca como a otra que, por el contrario, quisieras tener lo más lejos posible.

Da igual. El caso es que, desde un día fatídico que no consigo precisar, “Quepasa” ha ido tejiendo su circunnavegación alrededor de mi persona, rodeándome de un curioso circuito de pretensiones amistosas.

El colmo tuvo lugar hace unos días, cuando me llegó un esotérico mensaje a través del cual “Iván de la Nuez me invitaba a ser su amigo”.

Alguna escena de David Lynch me vino a la cabeza. Y también, cómo no, Borges: sentado en un banco de Cambridge (o Ginebra, según la versión que uno quisiera adoptar de su cuento El otro). Ese mismo en el que un hombre, muy parecido, se sienta al lado de Borges y le dice “soy Borges”, para acto seguido ponerle al corriente de su vida futura. Sé que invocar a Borges es mucho invocar, pese a que Umberto Eco lo haya definido una vez como el inventor de Internet (si bien se refería a El Aleph y no a este relato).

Salgo de Borges y regreso a mi realidad. Esa en la que Iván de la Nuez invita a Iván de la Nuez a ser su amigo.

Siguiendo la lógica de esa posibilidad, me da por imaginar el momento de la cita a ciegas, del encuentro físico entre los dos, más allá del éter… Y de calcular cuál de los dos, llegado el caso, contaría con mayor ventaja; es decir, cuál de los dos se conocería mejor.

Con esta ligera crisis de identidad vuelvo al blog para proseguir el diálogo interrumpido el pasado julio con el post “Museos en la cabeza”.

Así que aquí estoy de vuelta…

¿O será el otro?

Tal vez “Quepasa” tenga la respuesta. Aunque no sé si recomendarles que se integren ahí para encontrarla.

 

 

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6 comments ↓

#1 Barbarito on 08.22.11 at 12:13 pm

Vaya, vaya… así que tu también eres amigo de Iván de la Nuez. Está bien.
Supongo que estoy hablando contigo… o con tu amigo, da lo mismo.
El otro día empecé a ser asesdiado por “Quepasa”… y me pregunté ¿Qué pasa? Por qué Iván me está preguntando por varios días consecutivos si quiero ser su amigo… ¡Ahora ya se lo que pasa con “Quepasa”!
Sabiendo que tu eres amigo tuyo, se que yo también lo soy (…eso ya lo sabía), dejémoslo pasar.
¡Como pasa el tiempo! ¡¡Se acaban las vacaciones!! ¡¡Qué pasa!! Por aquí estamos…

#2 Casi puro arte | sigueleyendo.es on 08.22.11 at 4:44 pm

[…] = {"data_track_clickback":true};Iván de la Nuez se encuentra con que Iván de la Nuez le invita a ser su amigo. Cosas peores veremos. […]

#3 Gerardo M. on 08.22.11 at 11:49 pm

me han llegado varios correos al respecto: “Ivan de la Nuez te invita a QuePasa”. No sabia “que pasaba”, pero ahora ya se “que pasa”.
G

#4 r.inguanzo on 08.23.11 at 2:27 am

me gusta mucho “Borges y yo”, zumo de su juego del doble, el yo pUblico y el yo privado, el ser desprovisto frente al ser social que trata de encajar -cuentecito que vale un mundo. carin~os ivancito.

#5 gekain on 08.25.11 at 4:38 am

A mi también me ha llegado varias veces tu invitación! Excelente el artículo, abrazo!

#6 karla on 08.26.11 at 3:50 pm

Eh Ivan yo siempre leo este blog un dia no se porque llegue a el, me gusto, me sonrei y me quede, no te conocia ni cuando vivia en Cuba pero me llego la invitacion y me pregunte lo mismo, bueno yo tambien acabo de entender que fue lo que paso. Y por favor no cierres tu blog que al menos, a mi, me ayuda a salir y centrarme al mismo tiempo en mi propia realidad, gracias.

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