Escape del futuro, siempre podrá visitarlo en un museo

Iván de la Nuez

Madrid vive, por estos días, bajo el impacto de una “invasión soviética”. No se trata, claro está, de la entrada abrupta, Gran Vía arriba, de los tanques del Ejército Rojo. Ni del corolario de la vieja ambición de Stalin por continuar, Pirineos abajo, la conquista de Occidente. Tampoco me refiero el eastern, que es como me gusta definir al género que explaya esa pasión por el Este activada por los occidentales durante las dos décadas posteriores a la caída del Muro (y que abarca el mercado editorial, cinematográfico o artístico).

Nada de eso. La irrupción actual proviene de la cultura y, en particular, del arte, mediante dos exhaustivas exposiciones que recuperan la estética de la Unión Soviética como nunca antes la habíamos apreciado por estos predios.

La primera, con curaduría de Manuel Fontán, está enfocada en el pintor Alexander Deineka y puede visitarse en la Fundación Juan March. La segunda, La caballería roja. (Creación y poder en la Rusia soviética. 1917-1945), es un proyecto de Rosa Ferré que está en La Casa Encendida. (En este caso, se trata de una muestra colectiva que desborda el arte para extenderse hasta el diseño, el teatro, la literatura y la música.)

En ambos casos, se despliega ante el espectador, occidental y del siglo XXI, la explosión estilística que dio lugar al realismo socialista o el constructivismo. Estamos ante una ocasión inédita de calibrar las excelencias y límites de Malévich y Ródchenko, Popova y Anna Ajmátova, Marina Tsvetáieva y Ósip Mandelstam, Vladímir Maiakovski y Borís Pasternak, Maksim Gorki o Isaak Bábel.

Esos proyectos nos enfrentan a un arte que empezó intentando la conquista de una idea de futuro y que acabó con una férrea idea de futuro conquistando el arte. En los dos casos, se recupera el arte soviético, pero sin rendirse a la ideología totalitaria que ensalzó, y también destruyó, a muchos de estos artistas. Un arte que a menudo suele ofrecernos el mundo bucólico de una sociedad sin conflictos, deslizándose sobre una alfombra (roja) hacia un porvenir edénico.

¿Qué mecanismos hacen que El Sistema necesite del arte? ¿Por qué el arte necesita del Sistema? ¿Cómo es posible que seres inteligentes y sensibles apoyaran y edulcoraran a Stalin? Esas preguntas son respondidas, de manera distinta, en estas dos exposiciones que requieren de una mirada lenta y desprejuiciada, en ningún caso ingenua, sobre la historia y la utopía, el poder y los humanos. (En esos artistas no faltaban los egos tan actuales que hoy percibimos en el mundo del arte contemporáneo.)

Mientras pensaba en esta inundación del arte de la URSS, recibí, a principios de esta semana, una serie fotográfica de Joan Fontcuberta. Se trata del resultado, convertido en imágenes, de un viaje al Polo Norte al que fueron invitados artistas y científicos. Una expedición y al mismo tiempo una especie de ampliación de Stalker, la película de Andrei Tarkovski en la que un artista, un científico y un periodista se preparan para ir a la “Zona”, y narrarlo más tarde desde sus respectivas miradas.

Las fotos de Fontcuberta, todavía inéditas, nos muestran un paraje en la isla de Svalbard. Especialmente, se concentran en un pueblo soviético llamado Pyramiden, construido en medio del polo noruego debido un intercambio de explotación económica. En medio de ese clima imposible, en ese pueblo transplantado no faltan ni estatuas “obreras” ni bustos de Lenin. El pueblo, eso sí, ahora está abandonado: queda el paisaje herrumbroso, una semántica vencida, el alfabeto extraño de una lengua ignota.

Mientras los ciudadanos de Occidente acudimos a desentrañar los mecanismos del mundo soviético que dieron lugar al realismo socialista en un museo, resulta que la realidad socialista ha sido abandonada en medio del Ártico por sus antiguos habitantes. Nosotros, asistimos a un pasado que se decía el futuro. Ellos, por el contrario, han abandonado el futuro que ahora solo pueden concebir como un pasado.

(*) Las imágenes pertenecen a Kazimir Malévich, Alexander Deineka y Joan Fontcuberta.

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