Un cuento de Navidad

Iván de la Nuez


Nuestro hermano Alex celebró su mayoría de edad en la Navidad de 1984. En realidad, llevaba días celebrándola con sus amigos. (Tres, para ser exactos).

El día 31 apareció, perjudicado y espeso. Pero aún así cenó, hizo chistes, siguió bebiendo. (Balanceando la cruda que había acumulado en su peregrinación lisérgica).

Antes de las campanadas, practicó su deporte favorito: burlarse de todo lo que apareciera en la televisión española. No le fue difícil arremeter contra locutores y vestuarios, escenografías y bigotes. Con Miguel Bosé, Hombres G y Olé Olé  se aplicó con crueldad. Justo en el momento de las doce campanadas, Alex entró en coma; “un choque etílico”, nos dijo el médico.

Así que, a sus 18 años, se quedó definitivamente dormido.

No vio la democracia posterior ni la deriva trágica de sus amigos; dipsómanos precoces. Se ahorró atentados y guerras, el nacimiento de sus sobrinos y la muerte de los abuelos. Esquivó, en fin, eso que conocemos como “la vida”.

Técnicamente, sin embargo, no murió. Así que su cuerpo –“es extraño, pero sus órganos están perfectos”, insiste el médico no se sabe con qué intenciones, si es que alguna intención tiene- ha recibido durante estas tres décadas los cuidados de la fisioterapia.

Alex es, asimismo, el protagonista de un ritual todavía más siniestro que el de ser mantenido con “vida”. Cada Navidad, nuestra madre lo saca del hospital, lo viste y lo coloca en el mismo sofá para que “disfrute”, de cuerpo presente, una celebración de la que su mente se despidió para siempre hace mucho tiempo.

Ayer no hubo excepción para recibir el año 2012 (el último según profecías diversas). Con la televisión comandando la fiesta (para conservar la liturgia lo más parecido posible al día del apagón de Alex) y el terror manifiesto de algún miembro nuevo de la familia, obligado a compartir con un casi-muerto el jolgorio. Con la preparación meticulosa de las doce uvas per capita (también las de Alex) y con los cantantes, presentadores y grupos que aparecían en la pantalla sometidos a escarnio.

Este año, como siempre, nadie en la familia ganó la lotería y la vida ha repartido algún que otro golpe en materia de muerte, enfermedad, merma económica. Pero nada de eso importó porque vivimos el Milagro.

Alex despertó. Tosió, lo primero. Miró la televisión, lo segundo. (En ese momento del 31 de diciembre de 2012, transmitían a Hombres G cantando al alimón con Miguel Bosé).

“¿Y a estos por qué los han maquillado de viejos?”, preguntó Alex. Acto seguido, intentó incorporarse, mascullando un “las uvas y salgo pitando”.

(*) En la imagen: Santa Claus, de Andy Warhol, 1981.

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4 comments ↓

#1 Jorge Ferrer on 01.02.12 at 12:14 am

¡Una gozada! Gracias.

#2 C. C. on 01.03.12 at 11:05 pm

Hay un pequeño gap temporal: Hombres G no existía en diciembre de 1982 como grupo.

#3 JR on 01.04.12 at 2:09 am

Este gustazo lo acompañé de un trancazo (un shot de Macallan Fine Oak de 15 años).

#4 IváN on 01.04.12 at 8:46 am

Gracias, Jorge, C.C., JR. Es verdad que, aunque ya tocaban juntos, no se llamaron Hombres G hasta el 83, pero me obsesioné un poco con encajar las fechas redondas (82-12). Algo absurdo por otra parte: si estás en coma 28 años o 28 y medio es lo mismo (casi). Así que, si no les parece mal, correré la entrada en coma hasta el 84; un guiño orwelliano. Sobre el shot de Macallan de Jr: Nunca aspiré a provocar semejante compañía, así que me siento muy honrado. Ese señor tiene ya casi dos siglos. ¡Feliz Año a todos!

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