La abstracción que viene

Iván de la Nuez

Después de sobrevivir a la Segunda Guerra Mundial, la censura del régimen soviético, la caída de la URSS y el resurgimiento de Ucrania, cuando empezaba a llevar, por fin, una vida relativamente apacible en Berlín, a Boris Mikhailov le dio un infarto.

Mientras recuperaba su salud, todavía en el hospital pero ya fuera de cuidados intensivos, Mikhailov se preocupó de recuperar además otra cosa: su cámara de fotos. Ni siquiera en ese estado le pasó por la cabeza dejar de “disparar”. ¿Cuáles serían, allí, sus objetivos? En principio, no fueron las enfermeras ni los médicos. Tampoco los pasillos lúgubres del hospital ni los aparatos que lo ataban.

Nada de eso.

Boris se dedicó a capturar, minuto a minuto, la pantalla del televisor que tenía frente a su cama de convaleciente. En particular, los flashes surgidos del zapping por los infinitos canales que le ofrecían los fragmentos de su nueva vida en Occidente. Todo lo que salía de esa caja mágica le pareció indistinto. Atentados y líderes, hipopótamos fornicando y focas apaleadas, peleas entre boxeadores o entre rinocerontes, pornógrafos y predicadores. La serie, finalmente, se incorporó a un proyecto suyo conocido como TV-Manía y ha sido expuesta en medio mundo. (He sido testigo de cómo este gran fotógrafo se enfrentaba celosamente al gran mural armado con esas imágenes y de cómo vetaba la más mínima ayuda a la hora de “organizar” aquel rompecabezas desde el que intuía un relato latente).

Multiplicadas por la velocidad que les imprimía el mando a distancia, esas imágenes realistas se transformaban en un mosaico abstracto que le dificultaba (cuando no le impedía) al espectador hacerse una idea coherente del conjunto. Recordé a Boris Mikhailov –que sigue vivo y cámara en mano: no es fácil tumbarlo-, viendo esta serie de Juan-Si González que lleva por título Alterations: Mental Models, y de la que puede encontrarse una reseña más precisa en el blog de Rafael López Ramos.

Como Mikhailov, González también ha tomado sus fotos de la televisión. En principio, más que por hacer una “obra” determinada, casi como un “entretenimiento”.

Si a Mikhailov le asfixiaba una hiperrealidad que no le dejaba resquicio, a Juan-Si González, por el contrario, parece intrigarle ese momento en que la imagen, una vez perdida la señal, se “cuelga” en la pantalla, dejándonos a la vista un cuadro impreciso y plúmbeo que, por sí mismo, no puede descifrarnos nada. Mikhailov perseguía a las imágenes. Juan-Si González no necesita hacerlo, dado que estas, en su estado suspendido, no requieren siquiera de la prisa del fotógrafo: están allí, detenidas, como esperando para ser capturadas. En el primer caso, las imágenes hablaban por sí mismas. En el segundo, somos nosotros los que hemos de hablar por ellas.

¿Qué sucede en esa habitación? ¿Qué relación hay entre esos dos sujetos sin contornos? ¿Quién es ese hombre a punto de pulverizarse ante nuestra vista?

Estas fotos podrían, fácilmente, formar parte de un proyecto como Punto y Raya, que ha sido definido como el festival “más abstracto del mundo”, algo que enorgullece a Ana Santos y Nöell Palazzo, sus organizadoras. Podría decirse que, incluso, estas piezas cumplen las líneas maestras de su manifiesto, formadas como están por ese “grano mínimo sobre el que se construye nuestro universo”, esa “esencia de lo que no es materia pero constituye la materia, de lo que no es perceptible pero permite el reconocimiento de lo que sí lo es”.

Hay algo que, de cualquier manera, incomoda en estos retratos. Tal vez esa falta de origen y de destino que los deja encallados a perpetuidad en el presente. Tal vez esas acciones que tan sólo podemos intuir en su trastienda. El caso es que ahí perseveran, inquietantes, desgajados del tiempo, del movimiento, del espacio.

Ese es, exactamente, el punto en el que debemos entrar nosotros y abandonarnos a la práctica del futurismo crítico. Desde un punto en que es posible avanzar el advenimiento de algunas variantes de arte abstracto en los días por venir. Algo que no aparecerá, como antaño, gracias a nuestra capacidad de imaginación sino, por el contrario, a nuestra incapacidad para dilucidar los eufemismos con los que hoy se nos narra el mundo.

(*) Las imágenes reproducidas en este post forman parte de la exposición In Transit: Parallel Time, de Juan-Si González y Frank Guiller, inaugurada ayer en el William V. Musto Museum and Cultural Center, de New Jersey.

Marcador

6 comments ↓

#1 JR on 05.18.12 at 8:46 pm

Wow! Gourmet! Intuía que algún día esto iba a ocurrir. Lo amplifico en Tumiami…

#2 AT on 05.19.12 at 6:26 pm

buenísimo trabajo de j-sí!

#3 IváN on 05.19.12 at 9:31 pm

JR. Esto ya había ocurrido. En parte, en La Habana. Y en parte, en Miami, donde pude escribir en el catálogo de una expo personal de Juan-Si de 1994. Lo que sí es verdad es que ahora, después de casi veinte años y estando en apariencia más lejos, me siento muy cerca de este trabajo.

#4 JR on 05.20.12 at 1:08 am

Vale la aclaración, IváN, aunque ya lo sabía. Pero eso refuerza mi satisfacción. Lo importante es que este laboratorio extraMiami emprendido desde hace años por Juan-Si entre performance, construcción e imagen va acumulando necesidad de observación. Si te motivó a acercar el lente habrá sido por algo. Se me antoja que debe haber sido madurez de obra y concepto junto a la comprensible empatía del crítico. Si esto ocurre con alguien que reside en Europa, qué te puedes imaginar de los que lo seguimos aquí. Lindo wikén, amigo.

#5 RW on 05.25.12 at 3:14 am

ricas imágenes a propósito del ladrillo del universo virtual de la imagen, claro y merecido texto.

#6 mario crespo on 05.30.12 at 3:58 pm

Ivan, gracias a Juansi, encuentro este blog tuyo, lúcido como siempre y me ha maravillado la reseña que haces del trabajo de este fotógrafo. Tú en Bna, yo, en Caracas, hasta allá mi abrazo con afecto antiguo.

Leave a Comment