Los caminantes de la luna

Iván de la Nuez

La conga irreversible es el título de una pieza que Los Carpinteros han presentado en la XI Bienal de La Habana. El vídeo es una síntesis de esa performance y dura alrededor de tres minutos.

Con todos los atributos de una conga en condiciones (cuerpo de baile, banda de músicos, sugestivo vestuario), y un toque estético a lo Treme, se da la circunstancia de que -con la mayor naturalidad del mundo- los ejecutantes “arrollan” al revés. Van hacia atrás.

Es difícil no entrever, en La conga irreversible, un resumen del devenir (y el presente) de un país a menudo explicado –y extasiado- por su excepcionalidad. Y es que, como si de caminar por la luna se tratara, los cubanos han marchado a contrapié al menos en los grandes hitos de su historia; con la agonía de los sueños y lastres propios de ese andar, digámoslo así, fuera de la gravitación “normal” de los acontecimientos. (¿No era, precisamente, la falta de gravedad una característica cubana que irritaba a Jorge Mañach en su Indagación del choteo?).

El caso es que, a finales del siglo XIX, Cuba alcanzó su independencia con un retraso de varias décadas con respecto a la mayoría de las colonias españolas. Después de 1959, la Revolución fue trastocada en Estado comunista (integrándose en un sistema lejano cuyos vecinos, “hermanos” según la Constitución, se encontraban a 10.000 kilómetros). En 1989, persistió en el país el mismo régimen de corte socialista pese al desplome del Bloque Soviético…

Esta excepcionalidad ha tenido ilustres cronistas: desde Humboltd hasta Sartre, desde Madden hasta Lezama Lima. Félix Varela llegó a percibirla como una debacle moral, mientras que el Che Guevara llegó a enarbolarla como una virtud vanguardista.

Dejemos la historia aquí –La conga llama.

Al principio de las evoluciones, la gente muestra cierta perplejidad, mas pronto la sorpresa se va convirtiendo en un contagio que ya no requiere cuestionamiento alguno. ¿Qué caminan al revés? No tiene importancia. Si la música suena bien, los seguimos igual, así nos lleven al abismo.

Si algo han sabido Los Carpinteros, es crear objetos impecables (su propio nombre apuntó, desde el principio, a ese “buen hacer” de los viejos oficios). Ahora, con esta performance, podría decirse que su obra ha dado un salto hacia delante, aunque sea a costa de esta rumba ejecutada en retroceso. Este Moonwalker colectivo a la cubana, mediante el cual los líderes se adentran a contracorriente en el pasado, seguidos por una masa entusiasta y creciente.

En la línea de Utopía, de Arturo Infante y Pavel Giroud, o Reencarnación, donde Lázaro Saavedra recrea el mítico documental PM, esta obra es una lección, elocuente y resumida, de historia de Cuba.

Como la huella de Neil Armstrong en la Luna, La conga irreversible simboliza, tal vez, un pequeño paso para el hombre; y un gran paso (atrás) para la cubanidad.

(*) Publicado en El País, Tormenta de ideas, 21 de mayo de 2012.

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2 comments ↓

#1 Daína Chaviano on 05.22.12 at 1:00 am

Excelente artículo, Iván. Y coincido contigo. Cuando vi el video por primera vez, hace un par de días, dos elementos me llamaron la atención de inmediato. Además de esos pasos en retroceso que mencionas, hay otro rasgo que también invierte de manera irremediablemente trágica la propia naturaleza del icónico baile, que es casi homólogo de lo cubano: la total ausencia de colores en los trajes y en los elementos que lo acompañan (farolas, instrumentos musicales, etc). La explosión de colores que uno esperaría ver allí ha sido sustituida por un luto generalizado. Sin embargo, la lectura de ese luto también podría ser doble, si lo viéramos como la antesala a un velorio de lo que está a punto de ser enterrado. Al menos, quiero pensar que ese luto ante un retroceso histórico también puede valer como velorio juerguístico, donde terminará de sepultarse todo aquello que debe desaparecer… Una vez más, fue un placer leerte.

#2 RLR on 05.25.12 at 9:35 pm

Iván, coincido contigo y con Daína, fue una de las piezas más sobresalientes de la Bienal, juzgando por lo que he podido ver desde acá…
Saludos a ambos,

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