José Bedia. Retrospectiva: 1982-2012

Iván de la Nuez

Hoy se inaugura en el Miami Art Museum (MAM), la exposición Transcultural Pilgrim, que recorre treinta años de trabajo de José Bedia (La Habana, 1959).

Con curaduría de Judith Bettelheim, los términos “peregrinaje” y “transcultural” suponen algo más que un título ingenioso. Ambos describen el significado exacto de una trayectoria en la que se cruzan Fernando Ortiz y Clifford Geertz, Malinowski y Levi-Strauss, las culturas congas y las comunidades supervivientes de navajos y mayas, La Habana y México, lo rupestre y lo tecnológico, la autopista y la caverna.

El de Bedia es, pues, un viaje en el tiempo y, asimismo, en el espacio. Un recorrido de alto calado por la cronología y la geografía en el que colisionan, sin contemplaciones, épocas, culturas y procedimientos diferentes.

Su noción del mundo no surge, pues, del pacto sino del impacto.

No es el paso del tiempo, sino “el golpe del tiempo” (para citar una obra lejana) lo que atraviesa y conmociona este itinerario que no debe confundirse con el testimonio de un viaje al pasado. Más bien, lo que aquí se representa es un pasado que viaja con nosotros; habitando nuestro presente y evidenciando, incluso, una cierta indisposición antropológica para convivir con la vida moderna.

Según la pertinaz cosmovisión de José Bedia, la tecnología ha conseguido, en el devenir de los tiempos, modificar los gestos de la criatura humana, pero no sus conductas.

Más que altares, sus piezas significan rituales. Más que una obra, constituyen una poética. Y más que objetos, son episodios de una exploración inacabada en la que persevera esa virtud artística, hoy algo subestimada, que es la coherencia.

(*) Las imágenes corresponden a las obras El golpe del tiempo (1986) y Locomotora (1992).

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