¿Qué hacer… con Lenin?

Iván de la Nuez

En los últimos veinte años, la polémica viene y va. ¿Qué hacer con el cuerpo de Lenin? ¿Enterrarlo o mantenerlo como reclamo de peregrinación en la Plaza Roja? No faltan las voces que proponen acabar de una vez y por todas con el ritual de visitar su momia, pero hasta ahora nadie se ha atrevido a tomar la decisión. Incluso el actual ministro de Cultura ruso, Vladimir Medinski, partidario de enterrarlo –“si el mausoleo estuviera en mi parcela”-, ha optado por una consulta popular, precedida, si hiciera falta, de un programa pedagógico. (El ministro Medinski está convencido de que hasta un 90% de la población llegaría a pensar como él si fuera “educada” en ese sentido).

El caso es que el Comunismo cayó hace veinte años, pero el cuerpo momificado del fundador de su primer Estado se resiste a hospedarse, para siempre, en un cementerio. Ni siquiera echando mano de lo que dicen fue su expreso deseo –descansar junto a su madre- se ha conseguido inclinar la balanza para desalojarlo de la Plaza Roja. La momia de Lenin sigue allí; no precisamente olvidada, si tenemos en cuenta las colas que persisten, bajo cualquier inclemencia climática, para ver fugazmente al fundador de un Estado y un país que ya ni siquiera existen como él los concibió (Rusia no es soviética ni comunista).

Si la relación de los pueblos con sus líderes (o dictadores, héroes, incluso Mesías) ha sido complicada mientras estos estaban vivos, la administración de sus restos ha sido tan o más problemática una vez que han muerto. Al mismo César fue prácticamente más sencillo asesinarlo que enterrarlo, algo que aprovechó perfectamente Marco Antonio, que usó el cuerpo del caudillo acuchillado como vehículo para su propia entronización.

No hay otro cuerpo más atribulado que el de Cristo. Primero, objeto de escarnio sin piedad. Después, receptor de la veneración más intensa de todos los tiempos, no sin antes haber desaparecido de su tumba para dejar colgando un misterio milenario.

Estos y otros cuerpos se han instalado en la mitología y aun servido como límites para marcar las épocas históricas. Giordano Bruno, ardiendo en la hoguera de la Inquisición, fue percibido siglos más tarde como una antorcha entre la oscuridad del Medioevo y el alumbramiento de la modernidad. Marat, El Amigo del Pueblo, fue descifrado por Peter Weiss como alguien que condensaba, en su interior, la experiencia jacobina de la Revolución: “tengo una muchedumbre tumultuosa dentro de mí”.

El Comunismo se aficionó a la tradición, bastante necrófila, del mausoleo para venerar -no siempre de cuerpo presente- a sus primeros jefes de Estado. No fueron todos –a Ceaucescu, por ejemplo, los rumanos no le dieron tiempo-, pero la petrificación de Lenin, Mao, Dimitrov o Ho Chi Minh, en países de culturas y creencias disímiles, testimonian una tendencia política “mortuoria”. Y acaso la fantasía de que estos prohombres apuntalarían, desde sus atalayas de mármol, la buena marcha del futuro.

Una vez desplomado ese futuro, ¿deben mantenerse esos mausoleos? El de Dimitrov fue fulminado en Bulgaria en 1990, apenas derribado el Muro de Berlín, mientras que el de Ho Chi Minh –Vietnam sigue gobernado por el Partido Comunista- se mantiene todavía junto al lema que lo preside: “socialismo para siempre”. No hace falta decir que el de Mao convive sin problemas en la Plaza de Tiananmen con el modelo de capitalismo de Partido Único implantado en China.

Sobre el de Lenin, la discusión ha vuelto en estos días. Se trata, entre otras cosas, del hombre que en 1902 publicó ¿Qué hacer?, libro que anticipa su idea sobre la revolución y al mismo tiempo sobre la teoría; que la emprende a la vez contra economistas y terroristas porque se amparan en la “espontaneidad” del pueblo, tanto como contra los socialdemócratas, que se “desentienden” del mismo.

Lenin parecía tener claro qué hacer con su antiguo país. La Rusia actual no tiene claro qué hacer con él.

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8 comments ↓

#1 zule on 07.04.12 at 6:16 am

“economistas y terroristas porque se amparan en la “espontaneidad” del pueblo” – economistas y terroristas son casi iguales? y se amparan en la espontaniedad o en el miedo?

“(El ministro Medinski está convencido de que hasta un 90% de la población llegaría a pensar como él si fuera “educada” en ese sentido).” – cuales serian los aspectos a conocer que el sabe y los demas no sabemos?

A mi me gusta que lo tengan ahí, no por quien es, ni por lo que supone. A mi me gustaria verlo porque me impresionaria mucho ver a una momia. Seguro que no dormiria en varios dias, la momia de Lenin o de cualquiera. Claro, si puedo ver a Lenin mejor. Ojala que no lo entierren. Pero bueno, puede que si me eduque bien cambie de opinion. Siempre que no contagie de un virus raro a nadie, no mental sino fisico…

#2 zule on 07.04.12 at 6:18 am

tanto como contra los socialdemócratas, que se “desentienden” del mismo.

No creo que los socialdemocratas se desentiendan del pueblo… porque dicen eso?

#3 IváN on 07.04.12 at 6:34 am

Zule, gracias por tu opinión. Sobre tu pregunta, eso no “lo dicen”, es una cita de lo que dice Lenin en “¿Qué hacer?”, en su guerra particular contra los socialdemócratas y en su convencimiento de que él sí sabía cómo proceder (en 1902).

#4 Francesc on 07.04.12 at 12:14 pm

Probablemente seguirán manteniendo la decisión en el aire mientras siga siendo un reclamo turístico que aporte divisas. En los estados supuestamente “laicos” también se aprovechan circunstancialmente los rendimientos turísticos de cualquier cosa que atraiga visitantes. Sin ir más lejos, en nuestra ciudad se potencia como reclamo turístico un templo (la Sagrada Familia) que a algunos nos parece horrible, tanto desde una perspectiva estética como por su razón originaria de culto (expiar los pecados revolucionarios de una Barcelona anarquista).

#5 janczeck on 07.04.12 at 12:49 pm

Los pueblos son los culpables de todos esos problemas,votan siempre por un dictador y despues no saben demolerlo,se habla mucho,pero diganme se ra expuesto en la Plaza Civica el cadaver todo deteriolado del dictador cubano,miren eso si es preocupante,pero vuelvo al principio:Los pueblos son los culpables.

#6 Daína Chaviano on 07.04.12 at 3:41 pm

Creo que todo objeto de culto humano es peligroso para el ejercicio de la libertad. Personalmente, las haría desaparecer a todas (excepto las egipcias y las precolombinas, cuyos únicos “seguidores” son los científicos que las estudian). Me siento tentada a decir: Abajo las momias modernas… incluyendo algunas que, como los zombies, persisten en existir a medias y no dejan en paz a quienes seguimos realmente vivos.

#7 Beba Bolinaga on 07.04.12 at 4:13 pm

¿Y Martí, no está en el mausoleo de nuestra memoria?

#8 tivio on 07.05.12 at 2:54 pm

“La tragedia, la farsa, la estética…el negocio” Prefiero ese órden de demolición y reciclaje planteado en MarxterCard.

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