El «baggage» convertido en bagaje

Iván de la Nuez

Un joven diseñador español, Rodrigo García, aspira al premio James Dyson, de inventos para el futuro, con una maleta capaz de perseguir a su dueño. La periodista Roberta Bosco añade (desde El País) que se trata de una “maleta inteligente”, la cual sigue a su propietario mediante una señal del teléfono móvil (en particular, de la aplicación Bluetooth). La crónica añade que, en el caso de que tengamos varias maletas, estas incluso “se pueden programar para que se sigan unas a otras”.

En fin, ¡una maleta que no tenemos que cargar! Una maleta que, llegado el caso, puede ocupar su lugar dentro de un rebaño.

Leyendo la noticia, me vino a la mente Tulse Luper, el protagonista de la película de Peter Greenaway. Más que ser perseguido por sus 92 maletas, el extraño Tulse acaba, prácticamente, viviendo en ellas. Y más que relacionarse con el objeto, Luper lo hace con el contenido del equipaje. Las maletas son su propia biografía, el devenir de una vida atrapada en lo que contienen esas pertenencias que cifran un legado y sus enigmas.

Sin la maleta “mexicana” de Robert Capa, o la maleta “francesa” de Agustí Centelles, hoy sabríamos menos de la guerra civil. Sin La maleta, de Sergei Dovlatov, sabríamos menos de la vida bajo el Comunismo. Sin ese equipaje –el único que le permiten “sacar” las autoridades soviéticas- que le acompaña a Estados Unidos y en el que, emparedada entre el Marx del fondo y el Brodsky de la tapa, tiene lugar “una vida perdida”.

Sin las Maletas perdidas de Jordi Puntí seríamos algo más ignorantes de la nueva Europa levantada en la postguerra fría.

Cuando el novelista turco Orhan Pamuk, un escritor algo obsesionado con la construcción de su propio museo, pronunció su discurso para recibir el Premio Nobel, su título no fue otro que La maleta de mi padre.

Se cuentan por decenas, acaso centenares, los artistas actuales que utilizan las maletas para representar casas, ciudades y países portátiles…

¿Qué decir de ese capítulo de la cultura contemporánea que son las maletas de los djs?

El baggage, en fin, se ha convertido en bagaje.

En la última década, me he encontrado con algunos cubanos que repiten una muletilla para explicarme la desventura: “¡Ese es tu maletín!”. Esto es: esa es tu herencia, el peso que te toca acarrear, el lastre que la vida, el gobierno, la familia o tú mismo han colocado sobre tus hombros. Da lo mismo que se trate de un padre desastroso, un hijo díscolo, una disidencia política o una pareja problemática. “Tu maletín” es tu destino manifiesto, la valija que guarda una fatalidad no sólo inevitable, sino también inmutable.

Volviendo a la noticia, lo que propone este joven inventor con su maleta futurista –esa que puede seguirte por un aeropuerto- no es más que la actualización tecnológica de una antigua costumbre. Porque lidiar con una maleta es algo más que hacerla o deshacerla. Es bregar con lo necesario y lo prescindible, lo duradero y lo efímero, lo que podemos conservar y lo que estamos obligados a mutilar.

Saber con lo que se carga y también lo que, en un momento dado, hay que tirar por la borda para achicar la vida.

Y es ahí donde el artilugio tendrá algún problema. En el momento exacto en el que tengamos la necesidad de esquivar a nuestra persecutoria maleta. O cuando se vea forzada a perder “efectivos” para que consigamos sobrevivir en la guerra cotidiana. O cuando necesite alcanzar la dimensión de un neceser, un mínimo equipaje de mano. Listo para acomodarse a todo tipo de transporte, pasar cualquier aduana y, si es posible, no encender las alarmas.

(*) Publicado en el blog Tormenta de Ideas, El País, 8 de octubre, 2012. En la imagen, pieza de la serie Portable City, de Yin Xiuzhen.

Share

0 comments ↓

There are no comments yet...Kick things off by filling out the form below.

Leave a Comment