Cultivos

Iván de la Nuez

 

Julián Rodríguez: Cultivos, Mondadori, Barcelona, 2008

 

Frente a un tipo de novela que se dedica a regar el injerto, Julián Rodríguez insiste en cultivar. En el origen de este propósito hay una paradoja por resolver: el momento en el que hay que dejar de cultivar la tierra para cultivarse, para ingerir cultura. La gran virtud de Cultivos radica, sin embargo, en resistirse a dejar las cosas ahí; en sublevarse contra ese drama aceptable de la añoranza por el mundo perdido. Contra todo pronóstico, aquí la era del cultivo en la tierra es la que abona la cultura posterior, la que se reafirma como su brújula para estos tiempos tan desnortados. Bajo los efectos de esa persistencia transcurren Italia, la novela, Passolini, Kundera, una noche en Estambul, un desenlace en el aeropuerto -lugar de cultura neutra donde los haya-, la muerte de los amigos, el trastorno causado por Cervantes en esas vidas del campo…

Hay una áspera apoteosis final, en la misma Extremadura, desde el mundo del arte contemporáneo. Y hay una clave que se desgaja de allí: la de escribir para no “satisfacer un gusto estandarizado”. Cultivos es un diario subvertido y, por eso mismo, no está marcado por los “días”, lo que le permite alcanzar una temperatura narrativa casi pura: sin paliativos. La vida previa a cultivarse, la era de cultivar, es aquí resistencia; nunca una trinchera en nombre de un mundo bucólico -ya el autor nos ha dicho que, aunque lo desea, el campo no es precisamente paisaje-, sino la oposición a narrar desde el exterior, la negación a considerar que hay algo que corresponde a un afuera. Esta es una novela real –no realista-, obligada a afrontar los acontecimientos posteriores a la caída del Comunismo, el último de los mundos del trabajo.
¿Y eso qué tiene que ver con Cultivos? Todo. Porque aquí se habla, precisamente, de este tiempo en el que los hechos han mutado. Bajo la rapidez de la historia posterior a 1989, los acontecimientos ya son incapaces de detenerse, casi ni nos ofrecen evidencias de sí mismos.
Esos hechos fueron, en la era del trabajo, “tozudos”. Pero ahora son esquivos. No nos miran de frente; entre otras cosas porque dan por sentado que desde nosotros tampoco se producirá esa mirada directa capaz de detener las cosas. En muy contadas ocasiones, ocurre ese desafío.
Es cuando tiene lugar el duelo en el bosque, a la ruda manera: en la vida rural.
De esos momentos, tan escasos, surgen libros como Cultivos.

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2 comments ↓

#1 Los cultivos de Julián | Proyecto web on 10.05.08 at 10:50 am

[…] carátula de la novela. Fuente: ivandelanuez […]

#2 leña leñas on 11.23.08 at 7:52 pm

no esntiendo nada

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