El Sumo Tuitero

Iván de la Nuez

El día de la Guadalupe -12-12-12-, Benedicto XVI habrá alcanzado, como Dios, la ubicuidad. No se lo deberá al Cielo sino al Éter. Desde su flamante cuenta en Twitter (@Pontifex) podrá hablarle, en tiempo real, a un rebaño multitudinario. Hasta hoy, nadie ha predicado para unas magnitudes parecidas. Claro que también tendrá que exponerse al retuiteo, la coletilla o el escarnio; gajes todos de su nuevo oficio.

Además de lo ubicuo, tan propio de Dios, el Papa conocerá lo simultáneo, tan propio de Internet. Así que el rebaño podrá saltar, en la pantalla, del Papa a la Bolsa, a las ofertas de trabajo, a los resultados deportivos o la pornografía. Todo lo que los feligreses no pueden permitirse en la Plaza de San Pedro mientras el jefe del Estado Vaticano les habla desde su balcón.

El día que a Benedicto XVI le toque morir –esto es, cuando se proyecte sin escala del Éter al Paraíso-, la primera tarea del próximo Papa consistirá en teclear la fumata blanca. Lo hará desde un tuit multilingüe al que le sobrarán 128 caracteres: “Habemus Papa”.

Siempre que un hacker no se interponga.

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