Dos hombres que fotografiaron demasiado

Iván de la Nuez

 

Acaban de morir, cada uno con 82 años, dos ejemplares de una especie en extinción. Dos fotorreporteros que cruzaron la historia y que, a la vez, fueron cruzados por sus horrores y esperanzas. Incluso por alguna esperanza trastocada en horror.

Se trata de Enrique Meneses y Shomei Tomatsu. El primero, nacido en Madrid, octubre de 1929. El segundo, en Nagoya, enero de 1930.

A Meneses se le reconoce, sobre todo, como el primer fotógrafo que convivió con el Ejército Rebelde en la Sierra Maestra a finales de los años cincuenta del siglo pasado, donde permaneció cuatro meses y consiguió difundir por el mundo las imágenes de los guerrilleros cubanos. Esta no fue, sin embargo, su única impronta remarcable. Su legado se estira en el tiempo, antes y después de ese episodio. La cámara de Meneses ya había captado la muerte del torero Manolete, en 1947, y había viajado, después de la aventura cubana, hasta Egipto, la India, Jordania y parte de África. Su catálogo de personajes fotografiados recoge a Fidel Castro y el Dalai Lama, Nasser y Luther King, Salvador Dalí o el Sha de Irán. Es más, su inquietud le llevó a ser director de la edición española de Playboy, cumpliendo así con el dictum de que nada humano le era ajeno.

De alguna manera, puede establecerse un paralelismo entre la fotografía de Meneses y el periodismo de Kapuscinski. A los dos les resultaban estrechos sus respectivos países y se lanzaron lejos a apresar otros mundos para conocerlos (y darlos a conocer) de primera mano.

La prisa de Meneses contrasta con la calma de Tomatsu. Su hambre de otros mundos es contraria a la obsesión de este último por hurgar en el suyo. El español es un fotógrafo de gestas y el japonés es un fotógrafo de gestos.

Así, Tomatsu se detuvo en los efectos de la bomba atómica en Nagasaki o en la tozuda supervivencia de la cultura tradicional ryukense bajo el mandato norteamericano. Asimismo, captó la vida y los contrastes en las bases de Estados Unidos en el Japón derrotado de la postguerra. Sus imágenes son melancólicas y, más que de los grandes acontecimientos –y eso que Tomatsu afrontó algunos de los más grandes-, sus fotografías enfocan su trastienda; la perdurabilidad del horror, no en el instante, sino en el tiempo. De ahí su singular abordaje del cisma causado por la bomba atómica más allá de la fecha de su lanzamiento.

Siendo tan diferentes, Meneses y Tomatsu coincidieron con Dorothea Lange en su lema de que es preferible una imagen justa que justo una imagen. Ambos nos dejan la convicción de que, en un mundo abarrotado de imágenes, ya sólo tienen importancia aquellas que no nos dejan indiferentes.

(*) Las dos primeras imágenes, de Enrique Meneses, testimonian la manifestación por la igualdad racial en el obelisco de Washington, 1963, y la lucha en la sierra Maestra, 1957. Las dos siguientes son de Shomei Tomatsu y forman parte de su serie sobre Nagasaki, expuesta por primera vez en 1961.  

Marcador

0 comments ↓

There are no comments yet...Kick things off by filling out the form below.

Leave a Comment