El Nobel y el ensayo

Iván de la Nuez

 

Entre las quinielas del Premio Nobel, los ensayistas ya ni se mencionan. El último en obtenerlo fue Octavio Paz, que también era poeta, en 1990. Desde entonces, narradores, dramaturgos y poetas han acaparado el galardón.

No quiere decir que premiados posteriores a Paz no escribieran ensayos –Walcott, Coetzee, Vargas Llosa-, pero son ensayistas de refilón. De ninguno puede afirmarse que el ensayo sea su fuerte, ni el destino principal de su escritura, ni que hayan abierto una perspectiva al pensamiento que, a la vez, innovara literariamente en el género.

No siempre fue así. De hecho, el ensayo aprueba con notable en un premio que, como se sabe, es más famoso por los que no lo tienen: Kafka, Borges, Musil, etc.

El Nobel ha premiado, en cualquier caso, a ensayistas como André Guide, Bertrand Russell, Sartre, Elias Canetti o el ya mencionado Paz. Y resulta curioso que Guide (1947), Eliot (1948) y Russell (1950) lo ganaran prácticamente seguidos. (El propio Churchill ganó en 1953 como autor de memorias).

Que pensar es funesto lo sabemos desde la antigüedad. Y que poner en duda al mundo también. Que el Nobel nos lo recuerde es, sin duda, un acierto de este premio al que eso mismo es lo que suele faltarle: acierto.

(*) En la imagen: Elias Canetti ríe. 

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