«El comunista manifiesto», según César Rendueles

Iván de la Nuez

 

(*) Comparto aquí la reseña de César Rendueles sobre El comunista manifiesto, aparecida en Babelia, El País, únicamente en papel.

Go East!

César Rendueles

Un síntoma revelador de la atonía universitaria española es que, por distintos motivos, algunos de nuestros mejores ensayistas –desde Machado y Bergamín hasta Ferlosio pasando por Zambrano– han escrito de espaldas a la academia. Iván de la Nuez forma parte de esa honorable tradición. Es un francotirador que lleva veinte años publicando ensayos que son hitos de una exploración coherente y original del medioambiente simbólico contemporáneo. La balsa perpetua (1998), Paisajes después del muro (1999), Fantasía roja ( 2006), Inundaciones (2010) y ahora El comunista manifiesto diseccionan el sentido de la experiencia cultural postmoderna sacando a la luz su engranaje con algunos de los puntos de fricción política más inquietantes y urgentes de nuestro tiempo. Y lo hace con una escritura rigurosa pero también accesible y divertida.

El comunista manifiesto mantiene un parentesco estrecho con El mapa de sal (2001). En aquel ensayo Iván de la Nuez analizaba a través de la experiencia del destierro las cuentas pendientes que había dejado tras de sí el corto siglo XX, los abrumadores conflictos históricos que acechaban como espectros en un mundo globalizado y multicultural que se vanagloriaba de haberlos superado. El comunista manifiesto, en cambio, está escrito desde el momento en que esas tensiones nos han estallado en la cara: la recesión económica, los enfrentamientos de clase, la deslegitimación de las instituciones políticas, el retorno del totalitarismo… Iván de la Nuez opta por acercase a esa crisis creciente mediante una estrategia oblicua, diagnosticando el Occidente capitalista a través de su recepción de las ruinas culturales del socialismo real. 

Desde 1989 se ha producido un retorno estético del comunismo en el territorio de los vencedores de la Guerra Fría: “Después de ocurrir como tragedia, después de acontecer como farsa, el comunismo –entrada la segunda década del siglo XXI– está ‘sucediendo’ en Occidente como estética”, escribe De la Nuez. “Llamémosle Fantasma a este regreso o Tercera Posibilidad de los acontecimientos. Llamémosle Eastern”. En las dos últimas décadas, la cultura de los países de la órbita soviética ha suscitado una intensa fascinación que se refleja en una enorme cantidad de obras de arte, libros, exposiciones y películas recientes. Andreas Gursky, Good bye Lenin, Frank Thiel, Slavoj Zizek, Vasili Grossman, Imre Kertész, Limónov… la herencia del otro lado del telón de acero ha perdido su halo exótico. A su vez, autores como Fogwill, Joan Fontcuberta, Ignacio Vidal-Folch, o Frances Serés –por mencionar sólo los más cercanos– utilizan la vida cotidiana de los países del Pacto de Varsovia como materia prima de sus obras. Iván de la Nuez examina minuciosamente esta recepción de la herencia cultural de los países del entorno soviético, pero El comunista manifiesto no es un ensayo sobre el socialismo real. El repaso de la fagocitación simbólica occidental del comunismo es una herramienta hermenéutica para mostrar el malestar político del capitalismo, la “sospecha sostenida de que el Muro se desplomó hacia los dos lados”.

Al menos desde 1917, el Este ha sido una especie de figura de Roschard en la que Occidente ha proyectado sus miedos y sus anhelos. Las potencias capitalistas permitieron y alentaron el estado de bienestar europeo como un dique de contención ideológico frente a la tentación comunista que acechaba a pocos kilómetros de Bonn, Estocolmo y Copenhague. Al mismo tiempo, el capitalismo logró perfeccionar la planificación autoritaria, la burocracia y el sometimiento del individuo con una eficacia inaccesible para el estalinismo. El comunista manifiesto saca a la luz la supervivencia de esta dialéctica en la lógica del consumismo cultural postmoderno incluso una vez que ha desaparecido la contraparte comunista. Por eso Iván de la Nuez concluye interpretando las estrategias antagonistas contemporáneas como un intento de encontrar una salida al agotamiento de ese espacio político: “Si hasta ahora los occidentales entendíamos por ‘política’ algo que no podía concebirse al margen de la democracia, hemos llegado a un punto en el que la ecuación contraria empieza a ser practicada por una parte de la ciudadanía, que comienza a apañárselas para practicar la democracia al margen de la política. Al menos, de La Política. (…) Considerando lo público más allá de lo estatal, lo privado más allá de lo meramente individual, lo social más allá de lo meramente masificado”.

 

 

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