Roland Barthes contra la industria del convencimiento

Iván de la Nuez

Roland_Barthes_circa_1970

 

En un mundo plagado de pequeñas ideas para grandes problemas, Roland Barthes reaparece para confirmar las grandes ideas que brotan de las pequeñas cosas. Incluidas las provocadas por esa pequeña burguesía que él desmenuzó como nadie, desde un enfoque tan perspicaz como aquella “cámara lúcida” con la que dio nombre a sus reflexiones fotográficas.

Sí, ya lo sabemos: hoy nadie escribe como Barthes. Pero tal vez estemos a tiempo de leerlo como lo hicieron sus contemporáneos del otro lado de la página. Colocarnos en su lugar de entonces y, una vez cerrado el libro, afrontar con sus viejas vituallas este presente sin rumbo.

Si un libro se presta para ese ejercicio es, precisamente, Mitologies. Un conjunto de pequeños ensayos que este 2017 cumple seis décadas y cuya edición por Àtic dels Llibres (la primera de esta obra en catalán) es una invitación para pensar a la contra de tanto panfleto abonado a la industria del convencimiento.

Para Barthes, no hay frontera que separe estilo y fondo. Y si a su amigo Foucault le obsesionaba la relación entre saber y poder, él no se olvida de situar el placer en la ecuación. Aunque siempre nos ofrezca algo más que el placer del texto (título de otro de sus clásicos), de ahí que no convenga subestimar el calibre crítico que desgranan todas y cada una de las piezas que componen este libro marcado con el arte de la anticipación.

Porque Barthes se adelanta a las pulsiones de mayo del 68 o a las contradicciones de esa socialdemocracia hoy desmantelada. (Por razones del destino, el escritor sufrió el atropello que le causó la muerte cuando salía de un almuerzo con el candidato socialista François Miterrand en 1980).

También se avanza al apuntar la necesidad de la crítica estructural que demandaban las novelas de Julio Verne. Digamos que Barthes no necesitó de la llegada del multiculturalismo para aplicarle el bisturí a las fantasías tercermundistas del colonialismo pequeñoburgués, como no necesitó del apogeo de la era digital para adelantar la robotización a la que estaba abocada la sociedad capitalista. Ni del advenimiento de la Era de la Imagen para desentrañar la puesta en marcha de la iconografía moderna o escrutar la dimensión política de la fotogenia electoral.

Nada pequeñoburgués le fue ajeno. Desde la interpretación del bistec con patatas fritas hasta la construcción de la imagen proletaria por parte de Hollywood, pasando por la dicotomía entre el vino y la leche, el léxico de los corredores del Tour de Francia, el apogeo de la cocina ornamental o la mitología desatada por el cerebro de Einstein.

No escapan de su genio raptos tan singulares como definir a la URSS como “un lugar entre la Tierra y Marte”, al strip-tease como una práctica que “desexualiza a la mujer en el mismo momento en que la desnuda” o a la pequeña burguesía como una clase tautológica: “un centavo es un centavo” (¿“la pela es la pela”?).

Asimismo, resplandecen sus alusiones a la condición finita del oficio de escritor o a ese arte –tan extendido hoy por cierto- que se jacta de hablar en nombre del trabajo, pero que en realidad no pasa de ser “una estética de los gestos laboriosos”.

Hay ensayos sabios, pero hay pocos ensayos tan inteligentes. Hay libros que pueden escolarizarse, pero no hay muchos tan personales y tan intransferibles como Mitologies.

Y es que, al final, Barthes escribe bien porque piensa bien. Con ese estilo sin pompa, esa denuncia sin demagogia, esa iluminación sin fuegos artificiales.

A diferencia de lo que ocurre hoy, Barthes ganó fama por opinar, pero no opinaba por ser famoso. Y escribía a vuelapluma, cada semana, estas reflexiones que hoy difícilmente encontrarían cobijo en unas cabeceras obsesionadas por complacer al lector en lugar de retarlo. Barthes sabía, como Foucault, que pensar no es otra cosa que pensar distinto. Y que el ensayo, al contrario del panfleto, requiere buenas frases pero nunca grandes eslóganes.

Por todo eso, Mitologies es capaz de desmontar el capitalismo, mientras los libelos altisonantes de estos días –aunque no lo sepan- sólo se dedican a remontarlo.

MITOLOGIES

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