La linterna de Montaigne

Iván de la Nuez

 

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En Los ensayos, el único arte al que Michel de Montaigne dedica un capítulo es al arte de la discusión. Tal vez el único arte que le merece un respeto mayor.

-El ejercicio más fructífero y natural de nuestro espíritu es, a mi entender, la discusión.

Así lo afirma en el capítulo octavo del Libro Tercero. Allí, Montaigne parte de un concepto casi jurídico de la autocrítica, un elemento obligatorio para sentarse a discutir con el otro (y que es imprescindible pedírselo asimismo al contendiente, pues la caridad no suele llevarse bien con el debate). Uno discute para mejorar el estado de cosas y al otro. Para mejorarse, de paso, a sí mismo.

Montaigne desgrana el arte de la discusión con sus habituales narraciones y ejemplos encontrados en la historia: Catón y los locos, atenienses y romanos, el jefe Magabizo y el escultor Apeles, cartagineses y persas, Tucídides y los torpes, Melastio y Dionisio…

En todos se da, más que la llegada a un acuerdo, el aprendizaje de soportar el desacuerdo del otro.

Pienso en estas cosas y se me aparece, como un mal fantasma, el país del que provengo: Cuba. Entre mis paisanos, existe una frecuente y casi insoluble división con respecto al arte de la discutir. Una división originada por la violencia de Estado que es, en buena medida, cartográfica: a menudo el desencuentro marca una línea entre los que viven en Cuba y los que están en el Exilio.

“Dialogueros” y “Antidialogueros”. Dos tropicales definiciones cuyas prácticas no han sido, sin embargo, tan alegres.

Durante mas de veinte años, he sido crítico, en ensayos, artículos y libros, con lo que considero el origen histórico, estatal, político, cultural y militar de este desencuentro. Y, también, desde mis posiciones, he participado y hasta organizado eventos, exposiciones, o dossieres de revistas con creadores que han vivido dentro y fuera de Cuba. Casi todos con posiciones distintas entre sí y distintas a las mías.

La democracia es también una didáctica, una pedagogía y un corpus móvil. Otra de sus características es su poder de contaminación. De manera que, sin hacer de esta decisión un absoluto (no me interesan, por ejemplo, los diálogos de sordos porque suelen ser diálogos con sordos), seguiré participando, cuando así lo considere, en este tipo de eventos. Eso sí -y siguiendo la luz de Montaigne sobre “el arte de la discusión”-, lo haré desde la perspectiva de una denominación más adecuada a como entiendo estas cosas.

¿“Dialoguero”? No. ¿“Antidialoguero”? Tampoco.

Me considero un discutidor.

  

(*) La linterna de Montaigne será una nueva Categoría de este blog. Desde ella, hablaremos sobre creadores actuales marcados, de alguna manera, por la huella del Maestro. Cuando la actualidad lo pida, acudiremos a algún fragmento de Los ensayos que ilumine algo del presente. Siempre utilizaremos la edición de Acantilado (que sigue la de 1595 de Marie de Gournay). El prólogo de Los Ensayos es de Antoine Compagnon. La edición y traducción son de J. Bayod Brau.

  

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4 comments ↓

#1 De la Nuez, Montaigne y el arte de la discusión on 03.23.09 at 11:48 am

[…] de la Nuez cuelga hoy un post en su blog invocando a Montaigne para defender el arte de discutir (entre cubanos) y la didáctica de la […]

#2 disparadore incredibili on 03.24.09 at 12:15 am

Compañero Ivan,

Ha osado usted desafiar al espíritu de Agustín Tamargo, y las encarnaciones de Armando Perez Roura y Ninosca Perez Catellon; hoy, a esta hora aquí en América, su nombre se encuentra emboquillado al pie de los fusiles automáticos de alfa 66, así mismo, -en las redes del trasiego informativo eurocubano-, su nombre ha desaparecido misteriosamente de los directorios públicos…ademas de haberse colocado sus timbales en la moledora de carne…

Pero, como es que te ha dado por ese tal Montaigne, chico! Si hasta el Dalai Lama no se cansa de repetir lo mismo, “…tolerancia, compasión, entendimiento…”, el ya lo trae masticadito y todo, listo pa la TV, para que te enredas con semejante monorion?

Pero, tu no sabes que parte importante nuestra demagogia se basa en la guataqueria? Y que si no adulas como es debido, implica que toleras al que piensa diferente y entonces no eres un buen cubano (Cubanus podriditus).

Mucha suerte con esa euro-fricción de partes privadas.

Il disparadore incredibili.

#3 Niafunké on 03.25.09 at 12:34 am

El malestar cultural de nuestra realidad insular se constata en el simple hecho de tener que explicar todo el tiempo y de diferentes maneras (“credos” incluídos),nuestro derecho a hacer con nuestras vidas -en cualquier campo de esta- lo que nos plazca. “Dialoguero”, “Antidialoguero” o “discutidor”… da igual. Es el ¡DERECHO! que nos asiste cuando la razón nos invita…

#4 Iván de la Nuez: La linterna de Montaigne | EforyAtocha.com on 12.22.12 at 3:22 am

[…] textos de Iván de la Nuez en Efory Atocha: Aquí…-Foto tomada de la web y texto publicado aquí.', url:'' } ], }); }); […]

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