Estética colateral

Iván de la Nuez

 

Entre Guantánamo y Abu Dhabi se tensa el mundo. Desde la centenaria Base Naval en Cuba, hasta la futura Isla de los Museos, en los Emiratos Árabes, se estira un archipiélago -por el Eje del Mar- donde se cincelan las paradojas de esta época. En un extremo, el museo futuro de Abu Dhabi como espejismo occidental en Oriente. En el otro, la base militar como agujero negro de Oriente en Occidente. Entremedio, una geografía navegada por el odio y el aplauso, el atentado y la tortura, el terrorismo y sus estéticas. Se espera, finalmente, un Louvre-Abu Dhabi en 2012. He leído que Francia podría percibir 1.000 millones de euros -400 tan solo por la marca “Louvre”, toda una franquicia. El edificio se levantará en la isla de Saadiyat (83 millones), financiado por los árabes. El nombre del arquitecto es casi obvio: Jean Nouvel. El Emirato -que ya cuenta con la primera filial de la Universidad de La Sorbona- construirá allí mismo otros museos: Guggenheim, marítimo, nacional… Hacia Oriente se desplazarán, pues, los “goyas” y los “picassos”; quién sabe si un Jeff Koon, un Hermann Nitsch, un Damien Hirst…Hacia el otro extremo: una isla del Caribe. Regida por un gobierno comunista que aloja, desde 1899, una cuña enemiga en su territorio. Hacia esa base no se trasladan Avicenas o Averroes, tampoco los esplendores de la poesía sufí. Mucho menos aquellos creadores que, contra viento y marea, han armado lo que Catherine David ha fijado como “representaciones árabes contemporáneas”. No hay, por allí, agasajo alguno que amortigüe el encontronazo. Sólo terroristas, cómplices de terroristas, o inocentes sospechosos de serlo; siempre el Corán… Alrededor, no faltan prisiones cubanas para cubanos, aunque esta cifra desaparezca con frecuencia en las ecuaciones del arte global.

A Guantánamo no le ha faltado pulsión universalista, un lugareño llegó a plantarse en el Cosmos durante los años de la Guerra Fria. Pero el punto más alto de su globalización tiene que ver con la música, y con esa pieza que ha llegado a repetirse hasta en los campos de fútbol: la Guantanamera. Más allá de la isla, la hizo famosa Pete Seeger, pero ha sido interpretada por todo tipo de estilos musicales. Tito Puente y Los lobos, José Feliciano y Julio Iglesias, Los Olimareños y Celia Cruz, Pérez Prado y Joan Baez, The Weavers y Yellowman, Joe Dassin y Nana Mouskuri, Wyclef Jean -ex-líder de Fugees- y Richard Stallman. Hoy Guantánamo es objeto mundial de representación en buena parte de las obras visuales sobre el terrorismo: El Perro, Banksy, Michael Winterbottom y Mat Whitecross.

En este viaje de ida y vuelta, se desnudan las contradicciones del arte contemporáneo. Acorralado entre su intención crítica y el peligro de quedar como avanzadilla evangelizadora de otros intereses. Porque, no hay que engañarse, aquí no sólo hablamos de un empuje de la civilización. En Reconstrucción, su novela sobre la fe, Antonio Orejudo lo entiende perfectamente: “en toda predicación, por espiritual que sea, siempre hay que dejar un espacio para hablar de dinero”. Y otro espacio para hablar de política. Sobre todo ahora que se nos conmina a alinearnos: o con el Eje del Mal o con su inventor: el presidente Bush. Sólo que la perspicacia, entre otros, de Alexander Apóstol, Lázaro Saavedra, Asef Bayat o Golo (todos procedentes de esa reserva planetaria de países parias) pasa por la resistencia a compartir esta bipolaridad. Bajo el riesgo de quedar comprimidos entre ambos mundos, esgrimen una estética colateral que reniega de ese lenguaje militar de alistamiento que tanto recuerda el modelo vencido del intelectual orgánico. Intuyen que su deber, si lo hubiera, se puede resumir en una sola tarea: negarse a jugar con las cartas marcadas.

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9 comments ↓

#1 A.T. on 05.26.08 at 9:34 am

La moda del arte contemporáneo (es decir, la ideología producida por el sistema: curadores, teoricistas, críticos, etc, de “reinventar la rueda” con esa conciencia solipsista post-post-moderna (que evita previas alineaciones, como dices, lo “marcado”, como la peste). ¿Somos testigos de nuevos problemas o los mismos viejos problemas con descripciones diferentes? Lo triste sería terminar eufemizando lo difícil y simplificando lo complejo.

#2 RLR on 05.26.08 at 11:17 am

Menos mal que hay 4 artistas que se niegan a jugar con las cartas marcadas en un mundo (el del arte contemporáneo) marcado por esa regla de juego. Esa cita de Orejudo es aquí central, al ser un mundo donde money talks y cada vez más alto, al punto de casi llegar a convertirse en un valor estético per se. Y estoy viendo el cráneo con diamantes de Hirst.

Por lo demás, no estaría mal convertir la base guantanamera en un museo de arte contemporáneo (MACOGU any one?), al combinado adyacente en uno lácteo y a la isla Abu Dhabi en prisión de lujo para los sembradores de bipolaridades ficticias, es decir B. and the gang.

#3 Rolando Verde on 05.26.08 at 7:30 pm

R.P.P.P= Los condenados de la tierra + A.I.
¡Relevante!

#4 Marquetti on 05.26.08 at 10:10 pm

Rolando, asere, me dejaste botao. Eso es pitcheo submarino!

#5 Dennys M on 05.27.08 at 3:22 am

Los Chinos compran las marcas de los grandes arquitectos a los grandes arquitectos. Ahora los árabes compran las marcas de museo a los grandes museos. Occidente ya no necesita alma

#6 Enrique Del Risco on 05.27.08 at 9:57 am

Ivan que tal. Queria mandarte unos libros pero no se a donde hacerlo. Mandame tu direccion postal a mi correo: enrisco@aol.com

#7 A.T. on 05.27.08 at 1:42 pm

¿Puede el “arte como espectáculo” del billete petrolero de los Emiratos llenar esos espacios todo el año? Imagino el vernissage, el embullo de los primeros meses en Saadiyat (el Guggenheim De Gehry, la “Ameba” Zaha Hadid y el centro marítimo de Ando) ¿y después qué?

#8 JR on 05.27.08 at 3:28 pm

Dado que somos un archipélago de amplia difusión, no me sorprendería encontrarme un curador guantanamero entre los museólogos de Saadiyat. ¿Habrá plazas para habaneros?

#9 IváN on 05.28.08 at 1:25 am

Por ahí van los tiros, amigos. Y, si la cosa se pone fea, nunca mejor dicho. La duda de A.T. es casi una certeza: no sólo pasará el momento de la gran fiesta inicial y las primeras exposiciones, sino que hay temas casi incluso más complicados que la inyección del dinero. El arte occidental es en buena medida pagano y, por lo tanto, pecador. ¿Cómo garantizar que todo eso no empiece a volar en pedazos por ofensa divina? Y si hay esta garantía: ¿entonces de qué clase de enemigo estamos hablando? ¿Podrán los artistas contemporáneos árabes realizar sus proyectos? Esto es preocupante. No olvidemos que en Bilbao hubo que esperar un tiempo para que la franquicia dejara espacio para los artistas vascos de hoy. En fin… Gracias a todos por los aportes y por la visita. Mata, tengo que pillarte, a ver si paso a recogerte por Linkgua.

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