¿Veis a Beuys?

Iván de la Nuez

 

BLOG-BEUYS TRAJE

 

En medio de un insomnio, Joseph Beuys… (?)

Me veo a mí mismo, en la primera fase de mi exilio (uso, en diminuto, el posesivo “mi”, pues eso que llamamos El Exilio se ha convertido en algo tan inasible como eso que llamábamos El País).

Me veo en México, DF, hace casi veinte años, en el Museo Carrillo Gil, para ver en directo, por primera vez, una exposición de Beuys.

Hay que volver a esos primeros y extraordinarios dibujos. Al Beuys anterior a Beuys, antes de la caída del avión y todo eso.

A los dibujos de un tipo que quería volar.

Me veo en Berlín, quince años más tarde, solo frente a un vídeo suyo donde explica todo lo que vino después de aquel naufragio -entendiendo el alemán.

Ahí lo tenemos: el paradigma de la contextualización, de la implicación en el Universo del Otro, conviviendo con las tribus y haciendo amistad con un coyote, rodeado de fieltro y de nieve, el hombre moderno que consiguió el retorno del arte a la naturaleza.

-En todo eso hay un error-, así me digo.

La grandeza de esta obra radica, precisamente, en su fracaso. En esa franja de lo no alcanzado con ella.

Todo no es más -ni menos- que la historia de un forastero que se implicó en esos mundos sin que pudiera dejar de ser un extraño en todos.

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4 comments ↓

#1 pedro vizcaino on 10.30.09 at 1:18 pm

El mejor amigo del artista es el coyote.

Pedro Vizcaino

#2 Gerardo M. on 10.30.09 at 8:11 pm

“la historia de un forastero que se implicó en esos mundos sin que pudiera dejar de ser un extraño en todos”. No es acaso eso el deseo de todo artista? Que bello apunte sobre Beuys.
Un abrazo,

G

#3 Niafunké on 10.31.09 at 5:02 am

Me recordaste a Zygmunt Bauman, y aquello de que “el truco no es no tener hogar, sino tener muchos, y estar al mismo tiempo fuera y dentro de cada uno de ellos, combinar la intimidad con la mirada crítica de lo ajeno, el involucramiento con el distanciamiento. Un truco que las personas sedentarias tienen pocas posibilidades de aprender. Aprenderlo es la oportunidad del exiliado: de alguien técnicamente exiliado. El que está en el lugar, pero no es de él.”

#4 on 10.31.09 at 8:54 am

El dichoso camino del centro se manifiesta en la conciencia casi permanente de la otredad en cualquier lugar, junto a cualquiera. Lo discontinuo de esta conciencia es la identidad con la sensación de solidez que nos brinda entre una y otra certeza de fragilidad definitiva. Aunque tiende a ser borrosa si no se atiende la diferencia entre ser de y estar en un lugar, como hace poco me recordaba un amigo.
Tampoco hay desapego ni liberación (complitud, disolución en el todo o retorno a lo originario…) si no ocurre el roce, la fricción con la diversidad. Allí tiene lugar y tiempo propios lo desconocido, aquello que no es uno ni otro y que nos lleva y trae por el obrar del universo como laboriosas partículas.
-¿Voy bien Beuys?
-Vas bien, animal.
La naturaleza sólo trae respuestas, las preguntas son demasiado humanas.
Tal vez lo que Beuys averigua en lo otro es la voz perdida en la caída: se corrobora en la diversidad insustancial de lo otro, quiere diferenciarse del todo para no desaparecer, hace el esfuerzo de su generación. L’etranger alemán de sí mismo, de tanto verse de un golpe, sienta las bases de un humanismo en camino y que pudiera traer alivios a la condición o suavemente develarnos misterios sobre el ego y las multitudes, la filantropía, la naturaleza no confesada y el autismo.

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