Fascismo Update

Iván de la Nuez

 

Europa no sería Europa si cada cierto tiempo no sonara la alarma de que “vuelve el fascismo”. Como Agamben no sería Agamben si dejara de recordarnos que nunca se ha ido.

2013 ha sido un año propicio al ritornelo. En parte, porque es difícil negar el crecimiento de la extrema derecha en países como Grecia, Hungría o Francia, mientras que en Italia o España el fenómeno empieza a cotizar al alza. Y en parte, porque en una situación de ruptura social como la que tenemos, el primer efecto suele ser la polarización y, a partir de ahí, el grosor que adquieren los extremos. (Son evidentes asimismo los brotes neocomunistas ante el desmantelamiento de la socialdemocracia).

Este año el asunto, incluso, se complica algo más porque hay fecha redonda de por medio. (Y ya sabemos que la occidental es una cultura apegada a los hitos). En enero se cumplieron 80 años del arribo de Hitler al poder en Alemania. En noviembre se cumplirán 75 de la noche de los cristales rotos, cuando se desató la embestida contra los judíos y sus propiedades.

A la crisis y la fractura social, tanto como a las fechas redondas y al ascenso de la extrema derecha, cabe añadir una lista que comprende el debilitamiento de la democracia, la reflotación del caudillismo, el derrumbe de la clase media, la indefinición de la izquierda, la inanidad de la política, la aceptación de la demagogia y el látigo constante de Alemania sobre el resto de países de la Comunidad Europea.

Con esos truenos, cuesta dormir tranquilos sin encomendarse a aquella frase de Paul von Hindenburg, presidente del Reich, después de entregar, hace ocho décadas, el poder a Hitler como Führer: “Y ahora señores míos, que Dios nos asista”.

(*) Las imágenes corresponden a tres piezas de Glexis Novoa, todas de 2013. Codes of fear (grafito sobre la pared); Luz permanente (Ivan Shadr) (grafito sobre lienzo); Danzig ist Deutsch (grafito sobre la pared), Center for Contemporary Art Laznia, Gdansk, Polonia.

Tipos normales

Iván de la Nuez

Algunos ponen bombas. Otros se embarcan hasta, pongamos, África y se convierten en una versión del coronel Kurtz. Un minotauro en plena selva. Los hay que mutilan y se dan al sacrificio de sangre. Casi todos con el doctor Jekyll por fachada y un Mister Hyde interior que va labrando el espanto.

En este relato casi nunca falta el vecino que, ante el horror que estalla en la puerta de al lado, primero se queda atónito para soltar, más tarde, el recurrente “se veía como un tipo normal”.

La historia se ha repetido en Cleveland. Con triple secuestro, cuatro vidas segadas y un monstruo que jugaba con los niños del barrio, conducía el autobús escolar, tocaba el bajo en los bares locales.

Mientras tanto, raptó, esclavizó y violó durante diez infinitos años a Michelle Knight, Georgina DeJesus y Amanda Berry (esta parió una hija durante el cautiverio). El tal Castro tal vez se siente en la silla eléctrica.

Al asunto no le faltan lagunas. Desde una posible indulgencia policial hasta la sospecha de alguna complicidad con el depredador. Y todo en un mundo en el que la “normalidad” se mide con una escala curiosa.

Si esta bestia era y parecía un “tipo normal”, será mejor que empecemos a cambiar nuestra opinión sobre los extravagantes.

Vuelve el punk, ¿se aleja el futuro?

Iván de la Nuez

 

El Metropolitan Museum de Nueva York acaba de inaugurar una exposición retrospectiva sobre el legado estético del punk. La muestra tiene previsto viajar a Londres, lo cual tiene sentido como acto de justicia, dada la importancia de esta ciudad en el surgimiento de ese movimiento. (Todavía se discute en qué ciudad, Nueva York o Londres, surgió primero).

A estas alturas, la impronta cultural del punk está fuera de duda. Como también parecía fuera de duda su importancia política, abanderando el descontento juvenil con las medidas neoconservadoras de Thatcher o Reagan. En ambas perspectivas avanza uno de los mejores libros escritos jamás sobre un movimiento cultural: Rastros de carmín. Este ensayo de Greil Marcus parte del impacto que recibe el autor en un concierto de los Sex Pistols; un shock que le hace viajar a los orígenes de esta corriente que calificó como una “bomba retardada”. Sin consecuencias demasiado altisonantes en el presente, pero lista para explotar en algún momento del porvenir.

El punk vendría a ser, para Marcus, la culminación de un camino lateral en el que se reconocen el dadaísmo, la Internacional Situacionista, las tesis de Guy Debord o mayo del 68. Un rastro de carmín que te puedes quitar de la mejilla, pero no de la memoria.

A juzgar por las reseñas, la exposición recién inaugurada -Punk: del caos a la costura- no parece privilegiar ese lado subversivo, ni confirmar aquel estallido ulterior previsto por Marcus. Quizá por concentrarse en la moda –llega, por ejemplo, a incluir el vestuario de Cuatro bodas y un funeral-, una nube light se posa sobre este retorno. Nada que ver con lo expuesto por Grail Marcus. Ni rastro de Rastros

Curioso licuado el de un movimiento que arremetió contra todo aquello que hoy vuelve. Y que lo hizo, precisamente, desde un eslogan que tiene su actualidad: No Hay Futuro.

Hoy en Primera Persona

Iván de la Nuez

 

Hoy dialogo con Junot Díaz en el festival Primera Persona (CCCB). Comparto aquí la jornada completa.

19:30 h Sesión 3

Dietarios:
Ainhoa Rebolledo, Isabel Sucunza, Patxi Irurzun, Federico Montalbán i Manuel Jabois

Pulp, un homenaje a Curtis Garland
:
Laura Fernández i Robert Juan-Cantavella

Nerds, reggaeton y superhéores
Junot Díaz
conversa con
Iván de la Nuez

22:30 h Sesión 4

Sangre, redención y venganza en el  sur de EUA
Donald Ray Pollock

Gran recital de
Robert Forster (The Go-Betweens)
acompañado por
Part Company (Fred y Son, Evripidis y Adrián de Alfonso)

Duke no pierde el tren

Iván de la Nuez

El pasado día 29, fue el aniversario de Duke Ellington. Compartimos aquí Take the A-Train, sin la orquesta habitual (que era otro tren).

Creo que le acompañan John Lamb (b) y Rufus Jones (d).

La cifra

Iván de la Nuez

Quitarse el sombrero, a veces, es un ejercicio doloroso.

Revisionismo

Iván de la Nuez

El derecho a la pereza, de Lafargue, lo han convertido en un deber.

(*) En la imagen, cartel del Sindicat de Dibuixants Professionals, 1937 (?).

Primera Persona

Iván de la Nuez

Esta semana vuelve el Festival Primera Persona, que dirigen Kiko Amat y Miqui Otero. Será en el CCCB los días 3 y 4. Volveremos sobre el tema. De momento, el cartel de la fiesta inaugural.

La música bárbara

Iván de la Nuez

No vamos a descubrir el Mediterráneo diciendo que la música cubana, en cualquiera de sus variantes, suele ser sofisticada. Monstruos hay en cada uno de sus géneros (y son muchos, monstruos y géneros). Así que no es noticia que un músico de esa isla (o un practicante de esa música) sea conocido como “genio” o “gigante” o incluso “mago” (el de las teclas se solía llamar a Antonio María Romeu).

Lo que sí resulta interesante es  la apuesta por lo contrario: esos músicos que han renombrado la etiqueta. Así, por ejemplo, Benny Moré era “El Bárbaro”. Arsenio Rodríguez se llamó “Primitivo”. José Luis Cortés siempre será “El Tosco”. Y Pedro Luis Ferrer, otro gigante con el que ayer me reencontré, no ha dudado en titular un disco suyo de esta guisa: “Rústico”.

Como diciéndonos que la civilización, para serlo a plenitud, tiene que pasar por la barbarie. Sobre todo en una cultura donde lo “bárbaro” es, precisamente, la plenitud.

 

El súper cumple 35 años

Iván de la Nuez

 

El súper cumple 35 años y el blog se apunta al homenaje invitando a sus lectores a ver (o revisitar) esta película que no defrauda. Dirigida por León Ichaso y Orlando Jiménez Leal, con Manuel Arce en la producción y el guión, está basada en la pieza teatral de Iván Acosta y es el primer largometraje realizado por exiliados cubanos en Estados Unidos.

Su estreno tuvo lugar en 1978 y, casi cuatro décadas más tarde, se mantiene intacta (acaso ha ganado con el tiempo). El súper se anticipa a Crossover Dreams (1985), del propio León Ichaso con Rubén Blades como actor y coguionista. Su impronta es perceptible, asimismo, en el El portero, novela neoyorquina de Reinaldo Arenas. Desde su aparente sencillez, se trata de una película hipnótica sin artilugios, de una fábula sin moraleja; un cine pobre sin retórica.