Autocrítica de arte

Iván de la Nuez
ELPAIS.com

Disparar contra el arte contemporáneo: he aquí un deporte de práctica creciente en los últimos años. Como se da por sentado que ese arte puede soportarlo todo, se le supone bien guarecido en sus fortines, desde el otro lado de la muralla entonces el asedio es aún más recio y amenazante. Los portavoces de estas críticas son tan diversos como sus conocimientos sobre el tema que abordan. Pueden llamarse Jean Baudrillard o Robert Hughes; Mario Vargas Llosa o Donald Kuspit; James Gardner o Julio Llamazares.

Todos ellos, y muchos otros, han coincidido en denostar del arte contemporáneo su frivolidad, su posición marginal en el discurso intelectual, su adicción a las subvenciones públicas, su confusión entre estética y política o su estatus fantasmagórico (algo lógico, pues de un arte que se proclama muerto ya sólo pueden quedar espectros). Las definiciones empleadas son, asimismo, tan variopintas como curiosas: desde ‘cultura de la queja’ hasta ‘cultura basura’, desde ‘complot’ hasta ‘mafia’, desde ‘feria de las vanidades’ hasta «caca de elefante».

Nada de esto puede considerarse una novedad. Pablo Picasso o Marcel Duchamp, considerados por Octavio Paz como los dos artistas más importantes del siglo XX (uno por su exceso de obra, otro por su limitada cantidad), ya recibían críticas incluso más contundentes. Al punto de que, todavía hoy, el filósofo José Antonio Marina concibe al artista francés como un tipo ‘ingenioso’, aunque con una envergadura estética de dudoso calado. Continue reading →

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Crisis del arte

Iván de la Nuez  
Babelia, El País

El fin de la historia proclamado por Francis Fukuyama tuvo un antecedente muy notable y tal vez algo olvidado. Aún no se habían demolido el Muro ni las Torres Gemelas. Tampoco el terror era percibido como el enemigo de la modernidad. Un «honor» que, además de al comunismo que amenazaba desde el otro lado del telón de acero, le correspondía al arte, que era apuntado como lo más nocivo para la estabilidad de la sociedad occidental. Ésa fue la idea que lanzó Daniel Bell en Las contradicciones culturales del capitalismo, un clásico desde el cual culpó a la expansión perniciosa del modo de vida cultural como el verdadero causante de la crisis moderna. Eran los tiempos del arte en un campo expandido, pero también de una red posterior de respuestas que bascularon desde las censuras de , hasta la crítica de Robert Hughes. Desde la mordacidad conservadora de Hilton Kramer hasta el desconsuelo de Harold Bloom ante la fractura del canon occidental. Continue reading →

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Otra vez, el mundo en bloques

La Virreina exposicions
abcd 756

Anna María Guash.

El «proyecto multimedia» concebido por Carlos Garaicoa, Daniel García Andújar e Iván de la Nuez denominado Postcapital es algo más que una exposición al uso. Es un «ensayo visual» en el que tanto los conceptos y las ideas formuladas por el ensayista Iván de la Nuez necesitan de las imágenes, los objetos y las obras (esculturas, videoinstalaciones, maquetas, fotografías), como a la inversa. Creemos así que los tres comisarios han logrado lo tantas veces buscado, pero pocas conseguido: este encaje de fuerzas, este diálogo vis a vis entre el discurso curatorial y los componentes materiales y virtuales de la exposición. Todo empieza con una reflexión de hondo calado histórico: la transformación del mundo en 1989 a raíz de la caída del muro de Berlín con la adaptación de los antiguos países del Este y del bloque comunista a los nuevos programas del capitalismo y la economía del mercado y la consiguiente aparición de una nueva ciudad global contemporánea, una ciudad, se nos dice, casi «abstracta» como ámbito de atomización y de ocio (o desocupación). Continue reading →

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Iván de la Nuez presenta su último libro

Iván de la Nuez presenta su último libro, sobre los intelectuales de izquierda y la revolución cubana

‘Ha habido momentos, el caso Padilla o el caso Rivero, que han llevado a algunos a desmarcarse, pero siempre ha habido alguien dispuesto a recoger la antorcha’, dijo De la Nuez.

Redacción EER

El escritor Iván de la Nuez presentó este lunes en Barcelona su libro Fantasía Roja. Los intelectuales de izquierda y la Revolución cubana, publicado por la editorial Debate, informó el diario español El Mundo.

Durante la presentación, el periodista español Vicente Verdú calificó la obra de «atractiva», que aporta «ideas nuevas» acerca del progresismo actual que «pone en cuestión las condiciones de vida de Cuba, pero no su utopía».

De la Nuez, por su parte, dijo que su intención no ha sido ofrecer recetas y soluciones de futuro a los cubanos, que se movió simplemente por el afán de recorrer Cuba de la mano de los intelectuales y creadores de izquierdas, desde Sartre a Oliver Stone, analizando esa energía y pasión que los ha llevado a la Isla sin interrupción desde hace 47 años..

«Ha habido momentos, el caso Padilla o el caso Rivero, que han llevado a algunos a desmarcarse, pero siempre ha habido alguien dispuesto a recoger la antorcha», dijo.

El autor de Fantasía Roja justificó ese encandilamiento por el hecho de que Cuba ha servido siempre para criticar el capitalismo y la sociedad de consumo, pero «ahora representa la supervivencia, la resistencia a la globalización y una especie de asidero para todos aquellos que buscan expresar su antiamericanismo».

Y mencionó la complicidad con los gobiernos latinoamericanos, como el de Hugo Chávez o Evo Morales.

Los discursos sobre la Cuba comunista de intelectuales tan diversos como los filósofos Jean-Paul Sartre o Régis Debray; los cineastas Oliver Stone, Sydney Pollack o Win Wenders; los escritores Graham Greene o Maxs Aub, o los músicos Ry Cooder y David Byrne, son recogidos en esta obra con un espíritu «a medio camino entre la crítica y la laudatoria», señaló el autor.

De la Nuez dijo que la visión de Cuba de la izquierda occidental, fundamentalmente europea y norteamericana, sitúa a los cubanos en un segundo plano, como «objeto», y en Cuba encuentran la utopía del «lugar lejano donde existe la reforma que no se logró hacer en su primer mundo», al que, sin embargo, pueden volver con seguridad, reportó EFE.

Fantasía Roja no es «un libro sobre Cuba, sino una road movie por el ‘cubanismo’ de una zona de la izquierda occidental, por sus fantasías sobre la revolución cubana que han dado brillo, y nublado al mismo tiempo, un proceso más laberíntico y profundo que lo descrito por estos intelectuales», añadió.

La batalla antiglobalización, el gusto por lo local, el sentimiento de renovación que supuso la resistencia del comunismo tras la caída del Muro de Berlín o la idea de «capitalidad de la América latina en la izquierda actual», son otras de las causas que el autor menciona como explicación de esta «exaltación cubana».
Ensayista y crítico de arte, De la Nuez es autor de obras como La balsa perpetua. Soledad y conexiones de la cultura cubana (1998) y El mapa de sal. Un postcomunista en el paisaje global (2001), además de artículos para El País, La Vanguardia, Postmodern Notes, La Gaceta de Cuba y Nouvelle Revue

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Para el sosiego de otros

Iván de la Nuez

 

El Premio Anagrama de Ensayo concedido a Rafael Rojas es la noticia más importante que ha recibido el ensayo cubano en el panorama editorial de la lengua española. No sólo cabe apuntar, aquí, la envergadura del evento, ni la independencia probada del editor Jorge Herralde, ni la impresionante cabecera de autores que tiene la editorial, ni los pensadores que han prestigiado con anterioridad el Anagrama. Es necesario precisar el calado del libro premiado, la complejidad de su armazón, la demanda que esta obra hace de una lectura sofisticada, culta e intensa.

Además de una buena noticia para el pensamiento cubano, se trata de un reconocimiento sin paliativos a la labor que, por casi veinte años, ha realizado Rafael Rojas cada día de su vida; a esa obsesión por pulsar la cultura y la historia, la política y la palabra. Este premio es un puerto de llegada, merecido y lógico, al viaje intelectual de alguien al que ya resulta imposible negarle un lugar notable dentro de la actual y la futura cultura de Cuba.

Acaso Tumbas sin sosiego sea una síntesis de la ensayística de Rojas, el compendio de sus muy diversas capacidades, la concreción de una devoción ecuménica en la que caben, y conviven, el Calibán, de Roberto Fernández Retamar, y El Ingenio, de Manuel Moreno Fraginals; Lo cubano en la poesía, de Cintio Vitier, y La prole de Celestina, de Roberto González Echevarría; Mea Cuba, de Guillermo Cabrera Infante, o las Vidas en vilo, de Gustavo Pérez Firmat.

Nada cubano le ha sido ajeno, y ese apetito omnívoro puede que sea el causante de sus escasos pecados literarios, si así pudiéramos nombrar a esa pulsión irrefrenable por los demasiados libros y los demasiados nombres.

El mayor polemista

De todo el nuevo pensamiento cubano, Rafael Rojas es quien ha suscitado la mayor cantidad de polémicas y alcanzado la mayor cantidad de registros, que van desde el ensayo literario al académico, pasando por la divulgación y la crítica política. En todos estos ámbitos, Rojas ha sabido marcar más de un rumbo en la incertidumbre que afronta la nación cubana y ha exhibido un ejemplar respeto por sus rivales intelectuales, algo poco abundante dentro de una cultura acostumbrada a la exclusión y descalificación del contendiente.

La suya es, más que sobre la democracia, una obra que abre por sí misma un campo democrático con una solvencia fuera de lo común.

Rafael Rojas ha asimilado aquella frase de Nietzsche sobre los fundamentos: no se trata de renegar de ellos, pero es preciso, ante ellos, ponerse los guantes. Nuestro escritor, como su abuelo, ha escogido los guantes del cirujano (dispuesto a meter el escalpelo con limpieza en el malestar de la cultura), antes que los del boxeador, presto siempre a tumbar al contendiente que no piensa como él.

Si el ensayo puede ser comprendido en su aserción teatral —como una aproximación previa e imperfecta a una realidad que no está constituida (no es todavía la función real)—, el de Rojas cumple esa definición y, al mismo tiempo, es capaz de transportarnos, casi siempre, a distintas zonas del porvenir.

Rojas sabe que entre las primeras condiciones del intelectual están, precisamente, la incertidumbre y la duda; el desasosiego. Y ese es un valor añadido a toda su obra. Ese gesto intelectual capaz de proponer, desde su misma incertidumbre y duda, el alojamiento necesario para el sosiego de otros.

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